¿Qué secretos esconde un mosquito tras su picadura? La respuesta resulta tan inquietante como fascinante. Un estudio reciente en Florida revela que estos diminutos insectos no se limitan a alimentarse de sangre: funcionan como auténticos archivadores biológicos, conservando fragmentos de ADN de casi toda la fauna vertebrada que les rodea. Como ya adelantó Jurassic Park, cada mosquito se convierte así en una cápsula microscópica de biodiversidad.
La ciencia confirma lo que soñó ‘Jurassic Park’: los mosquitos guardan auténticas bibliotecas de ADN
La investigación, publicada en Scientific Reports, analizó más de 2000 comidas de sangre de mosquitos recolectados en la reserva DeLuca. El hallazgo fue sorprendente: se identificaron rastros genéticos de 86 especies de vertebrados, que incluían mamíferos, aves, reptiles y anfibios. Lo realmente impactante no era solo la variedad, sino la capacidad de detectar animales difíciles de observar directamente en la naturaleza.
Aunque pueda sonar a ciencia ficción, la idea no está tan lejos de la premisa de Parque Jurásico: recuperar ADN de un mosquito atrapado en ámbar para conocer especies desaparecidas. En este caso, los mosquitos recolectan fragmentos de ADN que permiten reconstruir el ecosistema en el que viven.
Para llegar a esta conclusión, el equipo de Hannah Atsma y Lawrence Reeves capturó más de 50.000 mosquitos de 21 especies distintas durante ocho meses. De ellos, se seleccionaron más de 2000 hembras con sangre reciente para su análisis, detectando desde ranas arborícolas hasta ciervos y pavos salvajes, incluyendo especies invasoras, migratorias o en peligro de extinción.
Los métodos tradicionales de censado de fauna -cámaras trampa, observación directa o seguimiento de huellas- requieren tiempo, recursos y suelen limitarse a grandes mamíferos. Los mosquitos, en cambio, actúan como sensores genéticos discretos, no invasivos, capaces de ofrecer un panorama más amplio y detallado del ecosistema, especialmente durante la temporada húmeda.
No todas las especies de mosquitos son igual de eficaces. Culiseta melanura, Culex erraticus y Culex nigripalpus destacan por su capacidad para detectar múltiples especies, mientras que otras muestran dietas más especializadas. Gracias a ellos, se lograron identificar animales raros o en peligro, como el búho barrado o la serpiente de cascabel, e incluso especies invasoras, anticipando su posible expansión.
Cada mosquito funciona como una minilibrería de ADN portátil: sus fragmentos genéticos permanecen detectables unas 48 horas, tiempo suficiente para ofrecer información precisa sobre presencia, salud o variabilidad genética de los animales estudiados.
Aunque requiere experiencia y recursos de laboratorio, esta técnica promete revolucionar el monitoreo de la biodiversidad, complementando los métodos tradicionales y aportando una radiografía del ecosistema al alcance de un solo insecto. Como concluyen los investigadores: los mosquitos son más que simples molestos picadores; son testigos invisibles que nos permiten leer la vida que habita a nuestro alrededor.