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Ya es oficial: El Ártico entra en 'modo extremo', 70 años de registros apuntan a una era nueva y no es nada amigable

Si el Ártico entra en una era de extremos bioclimáticos, la planificación científica y política necesita afinar dónde mirar (y cuándo).

El Ártico terrestre está entrando en una fase distinta de la que solemos describir con una simple línea ascendente de temperatura. Un análisis que reconstruye 73 años de clima (1950–2022) concluye que el norte no solo se calienta: se está llenando de episodios extremos —olas de calor, sequías atmosféricas, lluvia sobre nieve y "inviernos templados" en pleno manto nival— que amplían su alcance espacial y, en algunos lugares, aparecen como fenómenos prácticamente nuevos. El trabajo, liderado por Jouni Aalto, se publica en Science Advances y propone que el cambio relevante ya no está únicamente en los promedios, sino en la irrupción de eventos capaces de golpear ecosistemas con respuestas bruscas.

Un Ártico que cambia "a golpes"

La metodología apunta justo a lo que suele escaparse en los resúmenes mensuales: extremos de corta duración con consecuencias biológicas desproporcionadas. El equipo trabaja con datos de reanálisis y un conjunto de variables bioclimáticas pensadas para capturar estrés real sobre la vida terrestre —desde condiciones de crecimiento y nieve hasta índices ligados a calor, sequedad y anomalías invernales— para cartografiar dónde y cuándo se intensifican esos picos.

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La señal se vuelve especialmente clara en las últimas décadas. Según la síntesis divulgada por la World Meteorological Organization y por el Finnish Meteorological Institute, una parte sustancial del Ártico terrestre ha empezado a registrar al menos un tipo de extremo que antes no figuraba en el "historial" local, algo coherente con la idea de un umbral: cuando el tablero incorpora casillas nuevas, la resiliencia ya no puede darse por sentada.

Los mapas de "puntos calientes" no se reparten al azar. Los informes que acompañan al estudio destacan focos en Escandinavia, el Archipiélago Ártico Canadiense y Siberia, regiones donde el aumento de extremos se agrupa y puede empujar dinámicas no lineales: pérdidas rápidas de productividad, estrés hídrico inesperado o cambios en la estabilidad del manto nival.

Por qué lluvia sobre nieve y "winter warming" son malas noticias

Dos de los fenómenos que más preocupan a ecólogos y gestores son la lluvia sobre nieve y los episodios de calentamiento invernal durante la temporada nival. Son eventos que pueden convertir la nieve en una costra de hielo al recongelarse, con efectos en cascada: dificultan el acceso de herbívoros a alimento, dañan vegetación baja y alteran la "protección" térmica que la nieve ofrece al suelo. No es el tipo de extremo que se mide solo por grados; se mide por lo que rompe.

Este marco encaja con la advertencia más amplia que hace el Intergovernmental Panel on Climate Change: en sus informes, el IPCC subraya que el Ártico se sitúa entre las regiones donde los cambios térmicos asociados a extremos (por ejemplo, los días más fríos) pueden amplificarse de forma marcada respecto al calentamiento global medio, lo que ayuda a entender por qué la estadística de "eventos raros" empieza a moverse.