Hace tiempo que Logan Paul entendió una de las claves de la economía emocional de nuestro tiempo: si mezclas nostalgia con una pizca de exclusividad, el resultado puede ser explosivo.
El youtuber y showman lo dejó claro con su jugada maestra: recuperar un icono de la infancia —como las cartas de Pokémon coleccionables, sobre todo tras su polémico combate de boxeo— y convertirlo en objeto de culto e inversión. Negocio redondo. Nintendo lo sabe desde hace décadas, pero ahora quienes han hecho fortuna a golpe de startup o criptomoneda también lo están comprendiendo. Hasta el Papa León XIV ha caído.
Nostalgia, millones y Pikachu: cómo las cartas de Pokémon han destronado a la bolsa entre los inversores jóvenes
Ya no hablamos solo de coleccionismo. Cada vez más jóvenes millonarios están apostando por las cartas de Pokémon como un refugio más fiable (y emocionalmente estimulante) que el S&P 500. Lo que en su día fue un pasatiempo de patio de colegio es hoy un activo financiero codiciado, a la altura de los bolsos de Hermès o los relojes suizos. Según Fortune, esta tendencia no para de crecer y está generando beneficios que dejan en ridículo a muchos índices bursátiles tradicionales.
La clave, como siempre, está en la memoria. El valor de estas cartas no reside únicamente en su rareza, sino en lo que representan: tardes de recreo, combates imaginarios y ese aroma a infancia encapsulado en un cromo de cartón. Pero hay más: según datos de Card Ladder citados por Fortune, el rendimiento anual medio de las cartas Pokémon se dispara hasta casi un 46%, una cifra que deja atrás la rentabilidad de gigantes como NVIDIA o la media histórica del S&P500 (un modesto 12%).
Hablamos, por tanto, de un mercado en plena madurez. Desde 1999, se han impreso más de 75.000 millones de cartas de Pokémon. Pero no fue hasta bien entrada la década de 2010 cuando el mercado empezó a tratarlas como verdaderos activos de colección, al nivel de los cómics clásicos o los vinilos de primera edición. En los últimos 20 años, su valor ha crecido un 3.261%, y solo durante los meses más grises de la pandemia —cuando el aburrimiento se convirtió en un catalizador económico— su rentabilidad subió un 500%, según datos de Business Insider. Aunque ojo, también hay estafas y el propio Logan Paul ha caído en ellas.
El efecto bola de nieve ha sido tal que incluso ha desplazado a los deportes. The Athletic informa que las cartas de Pokémon y Magic han canibalizado parte del negocio de las tarjetas deportivas, que durante décadas dominaron el mercado del coleccionismo. Hoy, las cartas del universo creado por Game Freak y Nintendo generan unos 1000 millones de dólares al año.
Pero tanta demanda también genera tensiones. Cadenas como Walmart o Target se han visto obligadas a restringir la venta de sobres por cliente ante los altercados en tiendas. Y lo que parecía propio de películas de acción ya ha ocurrido en la vida real: robos a gran escala. El último episodio, este mismo 12 de julio, en Massachusetts, donde un ladrón se llevó un botín de cartas valorado en 100.000 dólares. Como si fueran obras de arte, pero con Pikachu en la portada.
El fenómeno se ha amplificado gracias a las celebridades. Justin Bieber, ElRubius o el propio Logan Paul han desembolsado cifras escandalosas por cartas raras. En 2022, Paul rompió todos los récords al pagar 5,27 millones de dólares por una carta, ganándose un hueco en el Guinness. "Esta carta me costó más que mi rancho. Mi rancho de 84 acres", confesó.
¿Exagerado? Quizás. ¿Irracional? No tanto. Las cartas de Pokémon han dejado de ser un juego de niños. Ahora son un símbolo de estatus, una inversión estratégica y, en algunos casos, una puerta a actividades mucho más turbias. Pero para muchos, siguen siendo lo mismo que eran en 1999: magia en miniatura.