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Miles de millones de langostas devoran África: una nueva crisis agrícola, hambruna y una 'plaga bíblica' fuera de control

En la África más oriental, cientos de enjambres gigantes recorren kilómetros diarios, tapan el cielo y devoraron cosechas enteras. Están obligando a comunidades a adaptarse al desastre.

En África Oriental, los saltamontes dejaron de ser una curiosidad ocasional para convertirse en una fuerza biológica capaz de arrasar paisajes enteros en cuestión de horas. Lo que antes eran cultivos, pastos y árboles frutales ahora se transforma en campos yermos, ramas desnudas y tierra expuesta. Los enjambres avanzan como nubes vivientes: oscurecen el cielo, consumen todo a su paso y alteran radicalmente la vida de quienes dependen de la tierra.

La región ya enfrentaba inseguridad alimentaria crónica, conflictos y sistemas agrícolas frágiles, así como evidentes problemas con la malaria y otras enfermedades. Cuando los pesticidas y el control químico demostraron ser insuficientes, muchas comunidades se vieron obligadas a reconsiderar la plaga. Si no podían erradicarla, ¿por qué no convertirla en alimento, ingresos y supervivencia? Así nació un enfoque inesperado: la coexistencia estratégica con un desastre que cruza fronteras y desprecia límites humanos.

Miles de millones de langostas transforman el este africano: desastre agrícola, hambre masiva y adaptación para sobrevivir

Los enjambres pueden recorrer más de 90 kilómetros al día, movidos por el viento y la necesidad de vegetación fresca. Primero aparecen como un punto en el horizonte; minutos después, el cielo se oscurece, el zumbido de millones de alas retumba y el paisaje desaparece ante los ojos. En apenas 24 horas, un solo enjambre puede consumir comida suficiente para decenas de miles de personas. En zonas de subsistencia, esto significa hambre inmediata, mercados vacíos y la pérdida total de los ciclos de producción agrícola.

La proliferación de estos seres no fue azarosa: durante semanas, se vieron lluvias extraordinarias en suelos áridos que crearon las condiciones perfectas para la reproducción. Cada hembra pone cientos de huevos, y las generaciones sucesivas se superponen con rapidez. Cuando la densidad alcanza un límite crítico, los saltamontes dejan de comportarse como individuos y se agrupan en masas coordinadas, transformándose en un fenómeno ecológico capaz de convertir tierras productivas en zonas estériles en días.

Cuando la densidad alcanza un límite crítico, los saltamontes dejan de comportarse como individuos y se agrupan en masas coordinadas

Frente a la insuficiencia de los pesticidas y los riesgos colaterales que generan -como las temidas contaminaciones y la destrucción del suelo y los cultivos-, algunas comunidades adoptaron un enfoque pragmático. Capturaron los insectos durante las horas frías de la noche, los procesaron, secaron y convirtieron en polvo nutritivo, apto para consumo humano y animal. Este "recurso emergente" permitió alimentar familias, mantener rebaños y generar ingresos, mitigando parcialmente el desastre.

La estrategia no es una solución definitiva, ni mucho menos. Los enjambres siguen siendo inmanejables a gran escala y los riesgos químicos persisten. Pero la experiencia evidencia una lección clara: frente al colapso inminente, la adaptabilidad y la creatividad local pueden transformar la destrucción en supervivencia. La invasión de África Oriental expone, sobre todo, la fragilidad de nuestros sistemas humanos y plantea una pregunta inquietante para estas situaciones extremas: ¿exterminio total o convivencia controlada para salvar vidas en la primera línea de la crisis?