Cada verano se repite la misma situación: el termómetro supera los 35 grados, las olas de calor disparan las temperaturas y el aire acondicionado permanece encendido durante horas. Sin embargo, bajar el termostato al mínimo no siempre consigue que una vivienda se enfríe más rápido. Los especialistas en climatización recomiendan aplicar una sencilla referencia que puede ayudar a mejorar el confort y, al mismo tiempo, controlar el consumo energético: la conocida como regla de los 12 ºC.
Esta recomendación parte de una idea muy sencilla: evitar que exista una diferencia superior a unos 12 grados entre la temperatura exterior y la interior. Así, si en la calle se alcanzan los 38 ºC, mantener la vivienda alrededor de los 26 ºC permitiría evitar un contraste térmico excesivo. Además, este nivel se encuentra dentro del intervalo que suelen recomendar los expertos para utilizar el aire acondicionado durante el verano.
La cuestión no tiene que ver únicamente con el ahorro. Un salto térmico demasiado elevado también obliga al equipo a realizar un mayor esfuerzo para alcanzar la temperatura seleccionada. El compresor puede permanecer funcionando durante más tiempo y aumentar el consumo eléctrico, además de someter a determinados componentes a unas condiciones de trabajo más exigentes.
También existe un componente relacionado con el confort. Pasar constantemente de un ambiente exterior con temperaturas muy elevadas a una estancia excesivamente fría genera cambios bruscos que pueden resultar incómodos para el organismo. Por eso, mantener una temperatura interior moderada puede ser una opción más razonable durante los episodios de calor intenso.
Cuando el calor exterior dificulta el trabajo del aire acondicionado
La temperatura exterior tiene una importancia especial en el funcionamiento del aparato. Desde Daikin, uno de los grandes fabricantes de máquinas del mercado, explican que, cuando el ambiente supera los 35 ºC, la unidad exterior debe trabajar en condiciones más exigentes para expulsar el calor que previamente ha extraído de la vivienda.
A medida que aumentan las temperaturas, el sistema puede necesitar más tiempo para alcanzar el nivel indicado en el termostato. En situaciones especialmente extremas, con registros de entre 40 y 45 ºC, algunos equipos pueden activar mecanismos de protección para evitar un sobrecalentamiento. Que el aparato se detenga en estas circunstancias no implica necesariamente que exista una avería.
Por eso, colocar el termostato a temperaturas muy bajas durante una ola de calor tampoco es una solución mágica. El aire acondicionado no va a enfriar la vivienda más deprisa por seleccionar una temperatura extremadamente baja y, en cambio, puede aumentar considerablemente el gasto eléctrico.
Los especialistas sitúan entre 24 ºC y 26 ºC un rango adecuado para el verano, buscando un equilibrio entre confort, eficiencia y rendimiento. Además, la compañía señala que cada grado que se reduce por debajo de los 24 ºC puede incrementar el consumo hasta un 8 %. En definitiva, mantener una diferencia razonable con el exterior puede ayudar a utilizar el aire acondicionado de una forma más eficiente durante los días de calor extremo.