Un terremoto de gran intensidad vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que aparece cada vez que la tierra tiembla con fuerza: ¿hasta qué punto está España preparada para afrontar un gran seísmo? La magnitud de estos fenómenos, especialmente cuando superan el nivel 7, hace que la preocupación se traslade rápidamente a otros países situados en zonas de actividad tectónica.
En el caso español, el escenario es diferente al de las regiones del planeta donde los grandes terremotos son relativamente frecuentes. Según explica el Instituto Geográfico Nacional (IGN), la Península Ibérica se encuentra en el extremo suroccidental de la placa Euroasiática, precisamente en una zona de interacción con la placa Africana. Esta dinámica tectónica está relacionada con la denominada zona Azores-Gibraltar-Túnez, un amplio sistema que condiciona buena parte de la actividad sísmica registrada en el entorno de la Península.
Los geólogos coinciden en que España no puede descartar un gran terremoto: estas son las tres zonas con mayor riesgo sísmico
Pero que España se encuentre en contacto con placas tectónicas no significa que esté expuesta de manera habitual a terremotos de magnitudes extremas. El propio IGN señala que España no constituye un área donde sean habituales los grandes terremotos, aunque sí registra una actividad sísmica apreciable. La mayoría de los movimientos son de menor magnitud, pero algunos pueden provocar daños importantes dependiendo de su profundidad, localización y proximidad a núcleos urbanos.
Dentro del territorio español existen varias áreas en las que la actividad sísmica merece especial atención. Las Cordilleras Béticas constituyen uno de los principales focos, especialmente en el sureste peninsular. Allí confluyen estructuras tectónicas relacionadas con la microplaca Ibérica, la placa Africana y la microplaca de Alborán.
Esta situación afecta especialmente a territorios como Granada, Almería, Málaga y Murcia, además de determinadas zonas de la provincia de Alicante, entre ellas la Vega Baja del Segura. Es precisamente en este entorno donde se han registrado algunos de los terremotos más relevantes de la historia reciente de España.
Otro de los sectores que presenta una actividad sísmica significativa se encuentra en el entorno de los Pirineos. La configuración tectónica de esta cordillera está vinculada a la interacción entre la microplaca Ibérica y la placa Euroasiática, lo que explica que también se produzcan movimientos sísmicos en la zona.
La historia demuestra, en cualquier caso, que España no está completamente al margen de los grandes seísmos. Entre los terremotos históricos de mayor magnitud se encuentran el registrado en Dúrcal (Granada) en 1954 y el ocurrido frente al Cabo de San Vicente en 1969. Este último estuvo relacionado con la misma área tectónica que protagonizó uno de los episodios sísmicos más devastadores de la historia de la Península: el terremoto de Lisboa de 1755.
En tiempos mucho más recientes, uno de los episodios que mejor recuerda la población española es el terremoto de Lorca de 2011. Aunque su magnitud fue de 5,1, sus consecuencias fueron especialmente graves debido a la proximidad del epicentro a la localidad murciana. El seísmo provocó víctimas mortales, cientos de heridos y numerosos daños en edificios e infraestructuras. El mapa sísmico español no termina en el sur y el noreste. Galicia también cuenta con fallas geológicas activas y registra movimientos sísmicos de manera ocasional. No obstante, el nivel de peligrosidad no es comparable, en términos generales, con el de las principales áreas sísmicas del sureste peninsular.
El IGN recuerda además que los terremotos no se producen exclusivamente en los límites entre placas tectónicas. También pueden originarse en el interior de las propias placas, lejos de las grandes zonas de contacto. Es el motivo por el que pueden registrarse seísmos en áreas como el norte de España aunque se encuentren alejadas de los principales límites tectónicos.
La conclusión, por tanto, no es que España esté libre del riesgo sísmico. La Península se encuentra en una zona tectónicamente activa y los terremotos forman parte de su historia geológica, pero las características de esta actividad hacen que los grandes terremotos sean mucho menos habituales que en otras regiones del planeta. El riesgo existe, aunque su comportamiento es muy diferente al de países situados sobre algunas de las grandes fallas sísmicas del mundo.