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Hoy en Netflix la miniserie más oscura y profunda: 4 episodios para una versión de un clásico que marcó a millones de personas

La historia de Richard Adams convirtió a unos aparentemente inocentes conejos en protagonistas de una de las aventuras más oscuras y traumáticas de la animación.

Hay películas, series y libros que evocan en nosotros una mezcla singular de nostalgia y trauma. Con el tiempo, hemos aprendido a reevaluar muchas de las historias que consumimos en nuestra infancia, que quizá no eran tan inocentes como creíamos. La ficción infantil, a través de sustos, muertes y pesadillas, nos enseñó que el mundo podía ser mucho más cruel de lo que estábamos preparados para afrontar.

Pocas obras representan mejor esa idea que La colina de Watership. La novela de Richard Adams, publicada en 1972, convirtió a una comunidad de conejos en protagonistas de una historia sobre la supervivencia, la libertad, el poder y la pérdida. Y si el libro ya tenía una considerable carga adulta, la película de animación de 1978 se encargó de dejar una huella imborrable en varias generaciones de espectadores.

Netflix estrena una miniserie oscura y profunda en cuatro episodios, una versión de un clásico que dejó huella en millones de personas

En 2018, BBC y Netflix recuperaron la historia con una miniserie de cuatro episodios. La nueva adaptación presenta una animación que puede resultar algo irregular, especialmente si se compara con la personalidad visual de la película original, pero conserva buena parte de la esencia de Adams y demuestra que sus ideas siguen teniendo vigencia.

Todo comienza en la madriguera de Sandleford, donde Fiver, un joven conejo capaz de tener visiones, descubre que algo terrible está a punto de suceder. Está convencido de que su hogar será destruido, pero nadie quiere escuchar sus advertencias. Junto a su hermano Hazel y otros conejos, decide escapar antes de que sea demasiado tarde.

Los once fugitivos comienzan entonces un peligroso viaje para encontrar un nuevo hogar. Hazel, que no ocupaba precisamente una posición privilegiada en su comunidad de origen, termina convirtiéndose en el líder del grupo y debe enfrentarse a depredadores, enemigos y otras sociedades de conejos con sus propias reglas.

Ahí reside precisamente la grandeza de La colina de Watership. Bajo la apariencia de una aventura protagonizada por animales existe una historia sorprendentemente adulta sobre el autoritarismo, el miedo, la organización social, la libertad y la necesidad de encontrar un lugar al que pertenecer.

La producción de 2018 suaviza algunos de los momentos más brutales de la película de 1978, pero no elimina por completo la oscuridad del material original. Y es importante que así sea: estos personajes viven en un mundo donde existe la posibilidad real de morir, algo que Adams nunca utilizó como simple recurso para provocar al público.

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También destaca su reparto de voces original, con James McAvoy como Hazel, Nicholas Hoult como Fiver, John Boyega como Bigwig y Ben Kingsley como el General Woundwort. Todos ellos aportan personalidad a unos personajes cuya animación no siempre consigue transmitir la misma intensidad. No es una adaptación perfecta, pero tampoco necesita serlo. Su mayor virtud consiste en recordar que una historia infantil no tiene por qué tratar a los niños como si fueran tontos. La colina de Watership sigue funcionando porque habla de temas universales y porque, detrás de sus conejos y madrigueras, esconde una historia profundamente humana sobre sobrevivir, resistir y encontrar un hogar.