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La tragedia que Disney quiso ocultar: cinco cachorros murieron durante el rodaje de una comedia familiar y nadie hizo nada

Detrás de una película que muchos recuerdan con cariño, disponible en Disney+, se esconde una historia que pone en cuestión los estándares de protección animal en Hollywood.

Bajo la imagen entrañable de cinco cachorros jugando en la nieve, Snow Buddies (2008) esconde una de las historias más trágicas de la historia reciente del cine familiar. Lo que prometía ser una comedia para toda la familia acabó convirtiéndose en un escándalo por negligencia animal: cinco cachorros de golden retriever murieron durante la producción, y decenas más enfermaron tras ser transportados ilegalmente y expuestos a un brote de parvovirus.

Lejos de paralizar el rodaje, los responsables continuaron adelante, priorizando la agenda de estrenos por encima del bienestar de los animales.

Se saltaron las normativas

La normativa estadounidense prohíbe expresamente trasladar perros de menos de ocho semanas, pero los entrenadores llevaron cachorros de apenas seis al set de rodaje en Vancouver. Procedían de criadores estadounidenses y canadienses y, según múltiples fuentes, llegaron ya infectados con parvovirus, una enfermedad extremadamente contagiosa y letal en perros jóvenes. Cuando la American Humane Association (AHA) se presentó en el primer día de grabación, el brote ya estaba en marcha. Tres cachorros fueron sacrificados por complicaciones intestinales y dos más murieron días después.

PETA exigió públicamente la cancelación del estreno e inició una campaña de presión contra Disney, a la que acusó de "ignorar por completo el sufrimiento de los animales". En una carta dirigida a Bob Iger, CEO de la compañía, la organización alertaba: "Nos han confirmado que casi todos los cachorros están enfermos y muchos morirán". Disney no respondió, y la película siguió adelante. Lo que sí hizo la AHA fue retirar su clásico sello de "ningún animal fue dañado", algo casi inédito en producciones de este tipo.

El escándalo salpicó también a la productora Keystone Entertainment, que intentó culpar a los criadores por presuntas irregularidades en los papeles de los perros. Sin embargo, los criadores negaron cualquier mala práctica y demandaron a Keystone por no devolverles los cachorros y por los daños sufridos tras el escándalo. La batalla legal se prolongó durante años, dejando al descubierto una cadena de responsabilidades compartidas en la que nadie parecía dispuesto a asumir culpas.