Tras el cierre de Stranger Things, lo lógico sería imaginar que Netflix explotaría su "corazón oscuro": el laboratorio, los experimentos, los pasillos fluorescentes donde empezó todo. Pero, hoy por hoy, lo oficial va por otros caminos (incluido un spin-off animado ya anunciado), y ese "Hawkins en modo expediente secreto" no está sobre la mesa como serie propia.
Ahí es donde entra El Instituto, la adaptación televisiva de la novela de Stephen King que funciona como sustituto no oficial para quien eche de menos esa mezcla de adolescencia, poderes raros y adultos con demasiada impunidad. La premisa es directa y da mal rollo sin necesidad de monstruos cósmicos: un chico despierta en una habitación que replica su dormitorio… salvo por un detalle decisivo: está secuestrado en una instalación donde encierran a menores con capacidades especiales.
Encierro, calle y doble punto de vista
La serie juega a dos bandas: por un lado, el encierro y la convivencia forzada entre niños que intentan entender qué les están haciendo (y por qué); por otro, la mirada exterior —a través de un personaje adulto— que permite que el misterio tenga calle, pueblo, consecuencias. Ese contraste mantiene el suspense y evita que la historia se quede "solo" en el laboratorio: hay un mundo alrededor que también empieza a oler que algo no cuadra.
Donde El Instituto se separa de Stranger Things es en la textura: menos aventura luminosa y más terror administrativo. King siempre ha sido muy bueno contando el miedo cuando viene con uniforme, formularios y una sonrisa profesional. Y aquí, además, el reparto se apoya en nombres con presencia para vender esa dualidad entre "esto es un procedimiento" y "esto es una pesadilla" (Ben Barnes y Mary-Louise Parker encabezan el reparto).
Nostalgia pop y amenaza a la vuelta de la esquina
Si este tipo de historias enganchan no es solo por el misterio: también por cómo activan esa nostalgia pop de la pandilla y la amenaza que crece a la vuelta de la esquina. La psicología lleva años estudiando la nostalgia como emoción compleja (agridulce, pero funcional) y cómo puede reforzar sentido, vínculo y continuidad personal; en ficción, eso se traduce en que lo reconocible te baja la guardia… y lo inquietante entra mejor.
En España, El Instituto figura como disponible a través de MGM+ dentro de Prime Video (con fecha de arranque de temporada en 2025), así que es de esas series que pueden pasarte desapercibidas si no miras la "letra pequeña" de los canales. Si te apetece volver a un "laboratorio de niños" sin copiar a Hawkins plano por plano —y con el colmillo de King—, esta es la opción más cercana que tienes ahora mismo.