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Japón tiene una isla que llegó a albergar 5259 personas autosuficiente y quedó completamente deshabitada en solo 3 meses

Hashima, conocida como la ‘isla del acorazado’, llegó a ser un hervidero de actividad gracias al carbón, hasta que Japón cambió el mineral por el petróleo y condenó su futuro.

Hay lugares en el mundo que parecen sacados directamente de una película. Hashima, una pequeña isla situada frente a la costa de Nagasaki, es uno de ellos. Hoy sus edificios abandonados, sus estructuras devoradas por el tiempo y sus bloques de hormigón ofrecen una imagen casi apocalíptica. Sin embargo, durante buena parte del siglo XX fue todo lo contrario: un lugar abarrotado de trabajadores, familias, colegios, hospitales, comercios y hasta salas de cine.

Japón tiene una isla que, en su día, albergó a 5259 personas autosuficientes, pero quedó completamente deshabitada en tan solo tres meses

La historia de Hashima comenzó a principios del siglo XIX, cuando se descubrió una importante reserva de carbón bajo el fondo marino. El yacimiento se encontraba a gran profundidad, pero eso no frenó su explotación. En 1890, Mitsubishi tomó el control de las instalaciones y comenzó a desarrollar una compleja red de galerías subterráneas a la que se accedía mediante enormes pozos verticales.

La mina necesitaba trabajadores y estos, a su vez, necesitaban un lugar donde vivir. Así fue creciendo una auténtica ciudad sobre una superficie de apenas seis hectáreas. En 1916 se levantó allí uno de los primeros grandes edificios de hormigón armado de Japón. Después llegarían muchos más: viviendas, escuelas, restaurantes, hospitales, bares, tiendas y espacios de ocio.

Hashima estaba además rodeada de enormes diques para protegerla de los tifones y del violento oleaje. Vista desde el mar, aquella acumulación de edificios y muros defensivos recordaba a un gigantesco buque de guerra. De ahí nació su famoso sobrenombre: Gunkanjima, la isla del acorazado. Tenía que ser, de cualquier forma, autosuficiente.

Durante su época de mayor actividad, el pequeño territorio llegó a concentrar 5.259 habitantes, una cifra extraordinaria para una superficie tan reducida. La densidad alcanzó aproximadamente los 83.000 habitantes por kilómetro cuadrado, convirtiendo a Hashima en uno de los lugares más densamente poblados del planeta.

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Pero el carbón dejó de ser imprescindible. Japón comenzó a apostar cada vez más por el petróleo y las minas fueron perdiendo importancia. Mitsubishi anunció finalmente el cierre de Hashima en enero de 1974. El proceso fue fulminante: en apenas unos meses, sus miles de habitantes desaparecieron. El último residente abandonó la isla el 20 de abril de 1974. A partir de ese momento, los edificios quedaron expuestos al viento, la humedad y la sal del mar. Sin mantenimiento, el deterioro avanzó rápidamente y Hashima terminó convertida en una gigantesca ciudad fantasma.

Durante 35 años permaneció cerrada al público. En 2009 volvió a recibir visitantes y, en 2015, la UNESCO la incorporó a su lista de Patrimonio de la Humanidad dentro de los lugares relacionados con la Revolución Industrial de la era Meiji. Actualmente pueden realizarse visitas organizadas desde Nagasaki, aunque solo una pequeña zona resulta accesible debido al peligro de derrumbes. Su aspecto decadente también ha convertido a Hashima en un escenario cinematográfico reconocible: la isla sirvió de inspiración y localización para varias producciones, entre ellas Skyfall.

Lo más inquietante de Hashima, sin embargo, no está en el cine. Está en comprobar cómo un lugar que llegó a funcionar como una ciudad completa pudo quedarse completamente vacío en cuestión de semanas.