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Irlanda aprueba una renta básica permanente para 2.000 artistas frente a la IA: pagos semanales y a sorteo

El país quiere colocarse como referencia internacional en apoyo sostenido al trabajo cultural, y lo hace con una herramienta muy directa: un ingreso periódico, sencillo de entender y de gestionar.

Irlanda va a convertir en permanente su renta básica para las artes, un programa que paga 325 euros a la semana a 2.000 artistas y profesionales creativos residentes en el país. La medida llega después de varios años de piloto —arrancó en 2022— y del debate público sobre si debía mantenerse más allá de la etapa "postpandemia".

El anuncio lo enmarca el Gobierno como un cambio de filosofía: no se trata solo de "ayuda" puntual, sino de poner una red estable para que parte del sector pueda sostener su práctica sin depender tanto de picos de encargos, bolos o temporadas. El ministro irlandés de Cultura, Comunicaciones y Deporte, Patrick O’Donovan, ya había defendido públicamente que la consulta sobre el programa mostraba un respaldo amplio a hacerlo permanente.

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Un diseño por ciclos y sorteo

La letra pequeña, según lo que se ha ido publicando sobre el diseño del plan, mantiene la lógica de "ciclos": los beneficiarios se eligen por un proceso aleatorio (tipo sorteo) entre solicitantes que cumplan requisitos, y cobran durante un periodo plurianual. En las informaciones disponibles también se apunta a una transición de salida (un "aterrizaje" gradual) para evitar el corte en seco cuando termina el ciclo.

El Gobierno justifica el paso a permanente por los resultados del piloto: la tesis es que, al reducir la precariedad inmediata, los seleccionados dedican más tiempo a crear y producir, y reportan mejoras en bienestar y calidad de vida. Es el argumento que ha repetido el ministerio en comunicados y piezas informativas: si el objetivo es que exista un tejido cultural profesional —no solo vocacional—, la estabilidad importa tanto como la subvención por proyecto.

El argumento del retorno social

Hay, además, un ángulo económico que Dublín está usando como munición política: se ha citado un análisis de retorno social en el que, por cada euro invertido, la sociedad obtendría un retorno superior a un euro (la cifra que ha circulado es 1,89). Ese tipo de evaluación no prueba "causalidad perfecta" (en cultura es difícil), pero sí sugiere que el gasto público aquí no se limita a "pagar artistas": puede traducirse en actividad, consumo cultural y trabajo indirecto.

En el fondo, Irlanda está poniendo en práctica una idea que la evidencia en políticas públicas lleva años señalando: cuando introduces seguridad material, cambian conductas y decisiones. En investigación sobre transferencias y renta básica (y también sobre estrés financiero), el patrón que suele repetirse es que baja la carga mental asociada a la inseguridad, y eso mejora la capacidad de planificar, sostener rutinas y mantener el rendimiento. No es magia, ni convierte automáticamente una escena cultural en un "boom", pero sí modifica el suelo sobre el que se construye una carrera creativa.