El embalse de Rules, situado en la provincia de Granada y a tan solo 14 kilómetros del mar Mediterráneo, ha estado desembalsando agua de forma continua desde febrero a un caudal aproximado de 30.000 litros por segundo. Este excedente se canaliza a través de la vega baja del río Guadalfeo hasta su desembocadura directa en el mar.
Esta situación resulta especialmente llamativa en un entorno marcado por la escasez de agua. A escasos kilómetros del cauce, en el margen derecho del río, se extienden miles de hectáreas de cultivos tropicales, como árboles frutales que apenas sobreviven, regados con agua salobre extraída de acuíferos profundamente sobreexplotados.
En medio de una grave sequía, una presa española está liberando la asombrosa cantidad de 30.000 litros de agua al mar cada segundo
El origen de este fenómeno reside en la imposibilidad de almacenar todo el caudal que llega al embalse. El deshielo de las acumulaciones de nieve registradas este invierno en las zonas altas de Sierra Nevada, que alcanzaron cerca de cuatro metros en algunas cotas, ha incrementado notablemente las aportaciones hídricas, alimentando tanto los acuíferos de la provincia como el propio nivel del pantano de Rules.
Desde febrero, el embalse ha estado recibiendo volúmenes que superan ampliamente su capacidad operativa. Con el aliviadero completamente saturado, la única alternativa ha sido evacuar el agua excedente hacia el mar. Cabe destacar que esta es la segunda ocasión en la que el embalse se ve obligado a gestionar una situación de estas características.
Paradójicamente, más de dos décadas después de su puesta en marcha y con un sobrecoste que ronda los 200 millones de euros, el sistema del Rules todavía no garantiza el riego de unas 9.000 hectáreas de cultivos subtropicales en la Costa Tropical.
Esta franja litoral, que abarca municipios granadinos como Almuñécar, Motril y Salobreña, y se prolonga hacia la Axarquía malagueña, disfruta de un microclima singular en el contexto europeo. En ella se cultivan productos de alto valor como chirimoyas, aguacates, mangos, nísperos o pitayas. La elevada dependencia hídrica de estos cultivos genera preocupación entre los agricultores de la zona. La imagen de un embalse vertiendo grandes cantidades de agua al mar, mientras el campo carece de recursos, alimenta la sensación de que, incluso en los años más favorables, el sistema no logra satisfacer las necesidades agrícolas de la región.