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Albañiles y arquitectos tienen un truco infalible antes de picar o pintar una pared: papel de aluminio

El procedimiento también tiene su miga: hay que limpiar y secar bien la zona, cortar un cuadrado de aluminio algo mayor que la mancha y sellar los bordes.

A veces las humedades se vuelven un juego de adivinanzas: ves una mancha, notas olor a "cerrado", la pintura se abomba… pero no sabes si el problema nace dentro del muro (filtración, capilaridad, fuga) o si es "solo" condensación por vapor de agua acumulado en casa. El truco del papel de aluminio que se ha popularizado estos días va justo a ese punto: crear una mini "barrera" temporal que te diga de qué lado está llegando el agua.

La lógica es sencilla y bastante razonable desde la física del edificio: si sellas un trozo de pared con aluminio, estás bloqueando el intercambio normal de vapor entre el aire de la habitación y el paramento. Si el agua aparece por detrás del aluminio (entre pared y aluminio), la pared está aportando humedad; si lo que se humedece es la cara visible del aluminio (la que da a la habitación), suele ser el aire interior el que está condensando por exceso de humedad y/o una superficie fría. Es el mismo criterio que describen guías divulgativas de "foil test" para diferenciar condensación de "damp" por entrada de agua.

Cómo hacerlo sin engañarte

Hecho en casa, el procedimiento también tiene su miga: hay que limpiar y secar bien la zona (si empiezas con la pared mojada, te engañas tú sola), cortar un cuadrado de aluminio algo mayor que la mancha y sellar los bordes con cinta para que quede tensado y lo más hermético posible. Luego, paciencia: 24–48 horas, como recomienda la versión que ha circulado en medios. Y aquí el detalle útil: haz foto al "antes" y al "después", porque a veces no hay gotas gordas, sino un velo, una aureola o una eflorescencia que solo "salta" cuando comparas.

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Lo importante es no venderlo como detector infalible. En envolventes y muros, la humedad puede venir de lluvia, de terreno, de fugas interiores o de condensación "oculta" dentro de capas (lo que en construcción se llama condensación intersticial), y eso depende de temperatura, ventilación, puentes térmicos y hasta del tipo de acabados. Documentos de ciencia de la edificación recuerdan que la condensación en cerramientos puede ocurrir por difusión de vapor, pero sobre todo por movimientos de aire húmedo que se cuela por juntas y grietas, y que el origen real no siempre se ve a simple vista.

Qué hacer según el resultado

Aun así, como primera pista casera funciona porque te obliga a hacerte la pregunta correcta: "¿sale humedad del muro o se me pega humedad del ambiente?". Si el test apunta a humedad procedente de la pared —o si ves moho activo, papel pintado despegándose u olores fuertes— ya no estás ante un tema estético: conviene buscar la fuente (fuga, filtración exterior, capilaridad, mal sellado de ventana, etc.) y corregirla, porque lo que enferma una vivienda no es el moho "en abstracto", sino la humedad sostenida que lo alimenta. Organismos como Centers for Disease Control and Prevention y su instituto NIOSH insisten en esa idea: primero localizar y cortar el aporte de agua; después limpiar/remediar.

Y si lo que aparece es condensación en la cara exterior del aluminio, el enfoque cambia: ahí suele ayudar ventilar mejor, usar extracción en cocina y baño, controlar la humedad relativa (muchas guías recomiendan mantenerla por debajo del 50% cuando sea posible) y vigilar puentes térmicos donde el muro se enfría y "llama" a la condensación. La recomendación práctica es la de siempre: menos vapor acumulado y superficies menos frías. En el día a día, eso se traduce en hábitos (campana/extractor, ventilar tras cocinar, no secar ropa dentro sin ventilación) y, si toca, soluciones de obra (mejor sellado, aislamiento, tratamiento de puntos fríos), como recogen guías públicas como las de Health Canada.