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Científicos perforan un glaciar de los Alpes y encuentran un 'archivo intacto' con 2000 años de historia europea

El hielo de los Alpes ha conservado durante dos milenios las huellas de epidemias, incendios, erupciones volcánicas y la actividad humana, revelando un archivo natural único.

Los glaciares son mucho más que enormes reservas de agua helada. Bajo sus capas se conserva un auténtico archivo natural capaz de reconstruir cómo ha cambiado el clima, qué incendios arrasaron Europa, cuándo se intensificó la minería o incluso qué grandes erupciones volcánicas alteraron la atmósfera siglos antes de que existieran estaciones meteorológicas. Cada nevada atrapa diminutas partículas suspendidas en el aire y las sella durante generaciones, creando un registro cronológico de un valor científico excepcional.

Uno de los mejores ejemplos se encuentra en Colle Gnifetti, una zona del macizo del Monte Rosa situada entre Suiza e Italia. A unos 4450 metros de altitud, las particulares condiciones de acumulación del hielo han permitido conservar un testigo prácticamente inalterado que abarca cerca de dos milenios. Gracias a él, los investigadores pueden reconstruir acontecimientos naturales y humanos con una precisión extraordinaria.

Científicos han perforado un glaciar de los Alpes y han descubierto un ‘archivo intacto’ que contiene 2000 años de historia europea

El mecanismo es tan simple como eficaz. Cada nueva capa de nieve incorpora restos de polvo, polen, cenizas, carbón o metales transportados por el viento. Con el paso de los años, la presión transforma esa nieve en hielo y cada depósito queda sellado como una página de un inmenso libro. Al perforar el glaciar y extraer un núcleo de hielo, los científicos pueden leer ese registro y averiguar qué estaba ocurriendo en Europa cuando se formó cada estrato.

Entre las señales más reveladoras destacan los metales pesados. Las concentraciones de plomo conservadas en el hielo reflejan la intensidad de la minería y de la fundición de plata y plomo desarrolladas durante siglos en Europa. Estas partículas, liberadas durante los procesos metalúrgicos, viajaban por la atmósfera hasta terminar depositadas sobre los Alpes.

Este archivo natural ha permitido reconstruir episodios económicos que apenas aparecen reflejados en los documentos históricos. Uno de ellos es la recuperación de la actividad minera en Europa occidental durante el siglo VII, cuya huella quedó registrada en el hielo mucho antes de que existieran mediciones ambientales.

Uno de los momentos más llamativos aparece durante la gran peste del siglo XIV. Entre 1349 y 1353, la concentración de plomo cayó hasta niveles excepcionalmente bajos. La explicación está en el desplome de la actividad económica provocado por la epidemia, que redujo drásticamente la extracción y el procesamiento de metales.

El glaciar también conserva información sobre la evolución de la vegetación y los grandes incendios forestales. Las partículas de carbón atrapadas entre sus capas permiten identificar periodos especialmente secos o con una elevada actividad del fuego.

Uno de los más extremos fue el de 1540. Europa sufrió entonces una sequía histórica que secó ríos, arruinó cosechas y favoreció incendios de enorme magnitud desde la península ibérica hasta Polonia, pasando por las islas británicas y el sur de Italia.

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Ese episodio quedó grabado en Colle Gnifetti. Los análisis han identificado uno de los mayores picos de carbón de toda la época preindustrial, con concentraciones superiores a las 4800 partículas por litro, una prueba directa de la intensidad de aquellos incendios.

El hielo alpino no solo conserva rastros de acontecimientos ocurridos en Europa. Las grandes erupciones volcánicas son capaces de lanzar cenizas y aerosoles a la estratosfera, donde pueden recorrer miles de kilómetros antes de volver a caer sobre la superficie terrestre.

Entre las referencias empleadas para fechar con precisión este registro destaca la gigantesca erupción del volcán islandés Eldgjá, ocurrida entre los años 934 y 939. Los investigadores también han identificado partículas asociadas a otra gran erupción producida alrededor del año 536, cuyos restos coinciden con los hallados en núcleos de hielo extraídos en Groenlandia. Todo ello convierte a Colle Gnifetti en uno de los archivos climáticos e históricos más completos del planeta. Un glaciar que no solo guarda dos mil años de nieve, sino también la memoria de epidemias, incendios, volcanes y de la propia evolución de la civilización europea.