La imagen de los tiankengs de China parece sacada de una película de ciencia ficción. Los "agujeros del cielo", estas vastas cavidades naturales, albergan ecosistemas aislados del exterior, convirtiéndose en refugios para algunas de las especies vegetales más raras del mundo. Sin embargo, un nuevo estudio revela un importante inconveniente de esta aparente protección: el aislamiento genético.
Estas impresionantes depresiones se forman en terrenos de piedra caliza cuando el techo de una cueva subterránea se derrumba, creando enormes sumideros con paredes casi verticales. El más notable se encuentra en Chongqing y es considerado el mayor del mundo, con 626 metros de longitud y más de 600 metros de profundidad.
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Principalmente ubicados en el suroeste de China, los tiankengs generan un microclima significativamente más fresco y húmedo que las zonas circundantes. Esta diferencia de temperatura y humedad proporciona un refugio para numerosas plantas amenazadas frente al calor extremo y las sequías cada vez más frecuentes. Sin embargo, este mismo aislamiento geográfico limita el intercambio genético entre las poblaciones que residen en su interior.
Esta es la principal conclusión de un estudio publicado en la revista Current Biology, realizado por investigadores de la Academia China de Ciencias y del Instituto de Botánica de Guangxi. El equipo centró su investigación en Magnolia aromatica, un árbol perenne en peligro de extinción que crece de forma natural en los bosques kársticos de Guangxi, Guizhou y Yunnan.
Los científicos analizaron el genoma de 112 ejemplares repartidos entre el interior y el exterior de estos gigantescos sumideros. Los resultados mostraron que los árboles que permanecían dentro de los tiankengs presentaban una menor diversidad genética y acumulaban un mayor número de mutaciones potencialmente perjudiciales.
Los tiankengs, aunque ofrecen condiciones ideales para la supervivencia, también aíslan a las plantas durante generaciones, reduciendo el flujo genético y limitando su capacidad de adaptación a futuros cambios ambientales, según explica Kang Ming, uno de los autores del estudio.
El estudio también reveló la marcada dependencia de la sombra de Magnolia aromatica. Los investigadores identificaron adaptaciones genéticas relacionadas con la fotosíntesis y comprobaron que las plántulas sufrían una alta mortalidad bajo luz intensa, mientras que prosperaban en sombra profunda.
Zhu Xian-Liang, autor principal del estudio, explica que este comportamiento explica por qué la especie encuentra en el fondo de los tiankengs el entorno perfecto para sus primeras etapas de vida. La combinación de humedad, temperaturas suaves y luz reducida favorece especialmente el establecimiento de las nuevas plantas.
Sin embargo, los investigadores advierten que el cambio climático podría romper este equilibrio. Si las condiciones ambientales siguen cambiando y las poblaciones permanecen aisladas, las mutaciones dañinas podrían acumularse, reduciendo las posibilidades de supervivencia de la especie. Por ello, proteger estos refugios naturales no será suficiente: también será necesario mantener el intercambio genético entre poblaciones para garantizar el futuro de Magnolia aromatica.