En lo alto de la región montañosa de las Tres Gargantas, China llevó a cabo una obra de ingeniería sin precedentes: en lugar de buscar un valle para la pista, optó por nivelar un pico rocoso, creando una pista de 2,6 kilómetros a casi 1700 metros de altitud. El objetivo era romper el aislamiento de la región y conectar ciudades que antes dependían de largas y tortuosas rutas terrestres.
China derrumba montañas, construye un aeropuerto en las nubes e inaugura una pista de 3 kilómetros para unir zonas aisladas
El proyecto, que comenzó en 2015 y se inauguró en 2019, requirió seis años de explosiones controladas, movimientos masivos de tierra, rellenos estratégicos y compactaciones precisas. Más de 2000 trabajadores y cerca de 800 máquinas trabajaron en turnos continuos durante semanas, enfrentando lluvias torrenciales y sus consiguientes lodazales, pendientes extremas y un clima, como decimos, realmente impredecible. Cada detonación y cada camión circulando por los bordes peligrosos de la zona, seguía un plan meticuloso, ya que en un aeropuerto de montaña casi cualquier error puede ser crítico y suponer un accidente o un retraso indefinido en el plan original.
La estrategia de las autoridades chinas, aunque sencilla, era arriesgada: extraer material de las cumbres para rellenar las depresiones cercanas, creando una gran meseta estable. En lugar de adaptarse al terreno, que era lo habitual en este tipo de geografías, se reconfiguró por completo. La compactación dinámica aseguró que la masa actuara como base firme, mientras que los equipos de topografía controlaban meticulosamente cada capa y elevación.
El pavimento, cuidadosamente diseñado con subbase de piedra triturada y asfalto caliente, soporta aeronaves de hasta 70 toneladas, garantizando la seguridad en despegues y aproximaciones incluso bajo condiciones extremas de altitud y temperatura.
La infraestructura de apoyo para tamaña obra fue igualmente rigurosa. Luces, los intrincados sistemas de navegación, las necesarias estaciones meteorológicas y los obligatorios protocolos contra objetos extraños garantizan que las operaciones de despegues y aterrizajes incluso con niebla o viento variable, sean seguras. La terminal de 3500 m² combina funcionalidad y estética, integrando energía, comunicaciones y logística de carga para manejar cargas de hasta 1200 toneladas, en lo que supone una respuesta directa a la dependencia histórica de la región de rutas lentas y complejas por carreteras.
Más allá del asfalto y el hormigón, que lógicamente son importantes en estos casos, el aeropuerto redefine la relación entre la población y el territorio. Lo que antes era un pico intransitable, aislado, se ha transformado en un punto de entrada y salida, acortando los tiempos de viaje de la región, impulsando la economía local y convirtiendo el aislamiento en conectividad real.
Con un coste reportado de 123 millones de dólares, esta obra no solo destaca por su magnitud técnica, sino también por la planificación disciplinada que requirió. China demuestra una vez más que, con precisión y visión, incluso los obstáculos geográficos más extremos pueden convertirse en infraestructura vital, dejando atrás la roca y la soledad de la montaña para abrir un corredor aéreo que hoy late con vuelos regulares.