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El exitoso 'Ace of Spades' demuestra que no hacen falta reglas complejas para crear un gran juego de mesa

El nuevo juego de cartas de Devir convierte cada partida en un duelo en el Salvaje Oeste de nervios y decisiones donde cualquier error puede costar la victoria.

Hay juegos que necesitan una explicación de media hora antes de empezar y otros que, en apenas cinco minutos, ya han conseguido que el jugador esté dentro de la historia compitiendo por ganar la partida. No, no es algo fácil. Y si nos preguntan, se trata de algo realmente puntual en la avalancha de títulos en lo referente a los juegos de mesa. Aquí destacta Ace of Spades, el primer juego del gran Benjamín Amorin, publicado por Devir, pertenece claramente al segundo grupo. Es uno de esos títulos que se entienden enseguida, se juegan en poco tiempo y, casi sin darte cuenta, llevan de forma irremediable a decir el clásico "¿echamos otra?".

El aclamado ‘Ace of Spades’ demuestra, con elementos del Salvaje Oeste y criaturas sobrenaturales, que un juego de mesa excepcional no requiere reglas intrincadas

Es inevitable destacar que uno de los aspectos que más llaman la atención de Ace of Spades es su ambientación. Lejos de limitarse a ser un juego de cartas basado en el póker, Benjamín Amorín construye un peculiar weird west en el que el Lejano Oeste se mezcla con la magia y el terror sobrenatural. El jugador emprende un viaje de venganza hasta Sweet Haven, un pueblo de Arizona dominado por el nigromante Lord Overkill. A lo largo de la partida habrá que derrotar a doce enemigos de dificultad creciente antes de descender al mismísimo infierno para enfrentarse al villano final.

La gran idea del diseño consiste en convertir las clásicas manos de póker en el sistema de combate. Cada combinación de cartas se traduce en daño, de forma que una simple pareja apenas arañará a los enemigos, mientras que una escalera de color puede desencadenar un ataque devastador. Sobre esa base tan intuitiva se construye un puzle de gestión de mano en el que cada decisión importa, porque el número de jugadas para derrotar a cada enemigo es limitado. Además, algunos adversarios derrotados conceden habilidades permanentes que modifican la estrategia y permiten afrontar los siguientes duelos con nuevas herramientas.

Esa mezcla entre construcción de manos, gestión de recursos y progresión convierte a Ace of Spades en una experiencia mucho más táctica de lo que parece a simple vista. Funciona perfectamente en solitario, su formato principal, pero también incluye un modo cooperativo para dos jugadores que mantiene intacta la tensión. Todo ello acompañado por las espectaculares ilustraciones de David Rubín y una producción especialmente cuidada, con una caja de cierre magnético y un apartado artístico que refuerza la personalidad del juego de principio a fin. Es, a todas luces, un producto premium.

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Durante la partida hay una sensación constante de incertidumbre. Nunca tienes la seguridad de que llevas el control y eso obliga a adaptarse sobre la marcha. Esa mezcla de planificación y capacidad de improvisación es, probablemente, lo que hace que funcione tan bien con grupos muy distintos. Los jugadores más experimentados encontrarán espacio para exprimir sus decisiones, mientras que quienes no están acostumbrados a los juegos de mesa podrán disfrutar desde la primera ronda sin sentirse perdidos.

También ayuda mucho el ritmo. Ace of Spades prácticamente elimina los tiempos muertos. Los turnos se suceden con rapidez y siempre merece la pena prestar atención a lo que hacen los demás, porque cualquier movimiento puede cambiar el rumbo de la partida. Es un detalle que parece menor, pero que marca la diferencia cuando un juego está pensado para salir a mesa una y otra vez.

Devir acompaña todo esto con una edición muy cuidada. Las ilustraciones tienen personalidad, el diseño de las cartas resulta limpio y los componentes cumplen sobradamente con lo que se espera de un juego que seguramente va a pasar por muchas manos. Además, el formato compacto hace que sea fácil llevarlo a cualquier reunión, una característica que encaja perfectamente con su filosofía de juego rápido y accesible.

Eso no significa que vaya a conquistar a todo el mundo. Quienes prefieran los juegos de estrategia más sesudos o las experiencias donde cada movimiento pueda planificarse con varios turnos de antelación probablemente lo encontrarán demasiado ligero. Aquí la interacción y el azar forman parte del espectáculo, y aceptar esa imprevisibilidad es casi un requisito para disfrutarlo.

Pero tampoco pretende ser otra cosa. Ace of Spades sabe perfectamente cuál es su objetivo: ofrecer partidas ágiles, entretenidas y con ese punto de tensión que hace que nadie desconecte de la mesa. Y lo consigue con una naturalidad admirable.