Durante años, la idea ha sido clara: moverse más es sinónimo de vivir mejor. No es tan fácil. Una nueva investigación de Harvard introduce un matiz que cambia ligeramente el enfoque habitual. No basta con acumular actividad física, pues la forma en la que se practica también parece influir en la longevidad. En concreto, la variedad de ejercicios podría reducir el riesgo de muerte prematura en un 19%.
El estudio, publicado en BMJ Medicine y liderado por investigadores de la Harvard T.H. Chan School of Public Health, analizó la relación entre distintos tipos de actividad física, su combinación a lo largo del tiempo y la mortalidad en dos grandes cohortes estadounidenses. Los resultados muestran que quienes incorporan más diversidad de ejercicio presentan una menor tasa de mortalidad por cualquier causa, incluso cuando se considera el volumen total de actividad.
Yang Hu, experto de Harvard, afirma que cambiar el tipo de ejercicio puede reducir el riesgo de mortalidad prematura en un 19%
La cifra más destacada del estudio es ese 19% menos de riesgo en las personas que practicaban una mayor variedad de actividades en comparación con quienes repetían patrones más limitados. No se trata solo de la cantidad de movimiento, sino de cómo se distribuye entre diferentes disciplinas.
Yang Hu, investigador del Departamento de Nutrición de Harvard y autor principal del estudio, resume la idea de forma sencilla: alternar modalidades de ejercicio puede aportar beneficios adicionales para la salud.
La investigación siguió a más de 111.000 personas durante más de tres décadas, a partir de dos grandes estudios epidemiológicos: el Nurses’ Health Study y el Health Professionals Follow-Up Study. A lo largo del tiempo, los participantes informaron de sus hábitos de actividad física en su vida diaria, incluyendo tanto ejercicio estructurado como actividades recreativas.
El estudio analizó diversas actividades físicas, como caminar, correr, montar en bicicleta, nadar, subir escaleras, remar, practicar deportes de raqueta y entrenamiento de fuerza. El objetivo no era solo medir el ejercicio intenso, sino comprender cómo los hábitos cotidianos influyen en la salud a largo plazo.
Los resultados revelan una idea clave: dos personas pueden dedicar el mismo tiempo al ejercicio, pero obtener efectos diferentes según cómo lo distribuyan. La variedad parece activar sistemas corporales complementarios y ampliar el impacto positivo en el organismo. Concretamente, el grupo con mayor diversidad de actividad física presentó entre un 13% y un 41% menos de mortalidad por causas cardiovasculares, cáncer, enfermedades respiratorias y otras patologías, en comparación con quienes realizaban menos tipos de ejercicio.
La explicación fisiológica es lógica. Caminar mejora la capacidad aeróbica, la fuerza preserva la masa muscular, subir escaleras exige potencia, y los deportes de raqueta añaden coordinación, reflejos y equilibrio. Cada modalidad estimula capacidades distintas.
Además, el estudio encontró asociaciones positivas con ejercicios específicos: caminar se relacionó con una reducción del 17% en la mortalidad en niveles altos de práctica; correr con un 13%; subir escaleras con un 10%; y el entrenamiento de resistencia con otro 13%. La lectura práctica del estudio no sugiere complicar la vida con rutinas imposibles, sino ampliar el abanico de movimiento. Caminar sigue siendo una base sólida, pero combinarlo con fuerza, bicicleta, natación, movilidad o actividades como el yoga o el baile puede reforzar el beneficio global.
En última instancia, el mensaje coincide con las recomendaciones generales de salud pública: acumular al menos 150 minutos semanales de actividad moderada o 75 de intensidad vigorosa, junto con trabajo de fuerza al menos dos veces por semana. Eso sí, conviene destacar que el estudio tiene limitaciones. La actividad física se basó en cuestionarios, lo que puede introducir sesgos.
Además, no se incluyeron todas las actividades físicas posibles, como el baile o los deportes de equipo, lo que limita la generalización de los resultados.tionarios autodeclarados, la mayoría de participantes eran profesionales sanitarios y el diseño es observacional, lo que permite detectar asociaciones, pero no establecer una relación causal definitiva. Aun así, la conclusión práctica es relativamente sencilla: mantener un nivel adecuado de ejercicio sigue siendo fundamental, pero introducir variedad puede sumar un beneficio adicional.