The Drama arranca con la apariencia de una comedia romántica sofisticada: una pareja prometida, una boda cercana y esa calma de escaparate que el cine lleva décadas usando antes de romperlo todo. Kristoffer Borgli, director de Dream Scenario, vuelve a mirar a sus personajes desde la incomodidad, pero aquí cambia la sátira social por una crisis íntima que se va contaminando de culpa, sospecha y rencor. A24 resume la premisa como una pareja feliz que ve cómo su semana de boda descarrila por un giro inesperado.
La película funciona mejor cuando deja respirar a Zendaya y Robert Pattinson. Ella sostiene a Emma con una mezcla de fragilidad, control y cansancio moral; él convierte a Charlie en un hombre herido que no siempre sabe si quiere entender o castigar. La química entre ambos es uno de los grandes motores del filme, aunque no todos ven que esa intensidad desemboque en una exploración plenamente convincente de la relación.
Zendaya y Pattinson sostienen el derrumbe
Borgli juega con un terreno peligroso: quiere que el espectador se ría, se tense y se sienta culpable por haber reído. Es una provocación con el filo incómodo de sus trabajos anteriores, algo así como una comedia negra a medio camino entre la audacia y la incredulidad. Ahí está el problema y también su atractivo: The Drama busca incomodar, pero a veces se nota demasiado el mecanismo, se le atisban las costuras.
Lo más interesante de la película es que no trata el compromiso como una promesa romántica, sino como una prueba de resistencia. ¿Cuánto se puede aceptar del pasado de la persona amada? ¿Dónde termina la empatía y empieza la humillación? En sus mejores escenas, The Drama parece una disección de pareja rodada como si cada conversación fuera una trampa. No hay grandes estallidos melodramáticos al principio, sino pequeñas frases que van cambiando de peso conforme la historia avanza.
Una boda convertida en prueba de resistencia
Pero la película también tropieza con sus propias ambiciones. El tramo final fuerza una cadena de calamidades demasiado evidente, y otras critican que Borgli no profundiza lo suficiente en las zonas más oscuras que pone sobre la mesa. Hay mucho talento entre sus protagonistas, pero puede rechinar el mantener el toque cómico hasta el final y las últimas consecuencias.
Aun así, The Drama no es una película fácil de borrar. Su mayor virtud es que no busca caer bien: prefiere ser áspera, incómoda, incluso antipática, antes que convertirse en otro drama de pareja impecablemente empaquetado. No todas sus ideas llegan igual de lejos y no todos sus golpes duelen con la misma fuerza, pero Zendaya y Pattinson consiguen que el derrumbe tenga pulso humano. Es una película imperfecta, sí, pero también una de esas propuestas que dejan conversación al salir de la sala.