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Un hombre estuvo 438 días perdido en el océano y recorrió 10.800 km sin ayuda: el método que le mantuvo con vida

Sobrevivió 438 días en mitad del Pacífico alimentándose de peces y aves y aprovechando hasta el agua de lluvia: una odisea real que todavía genera dudas.

Las historias de supervivencia en alta mar tienen algo que las convierte en relatos especialmente difíciles de olvidar. Cuando una persona queda aislada en mitad del océano, sin alimentos suficientes, sin agua potable y sin posibilidad de pedir ayuda, la lucha deja de ser únicamente contra la naturaleza y se convierte también en una batalla contra el agotamiento físico y mental.

El cine y la literatura llevan siglos explorando este tipo de aventuras. El reciente estreno de la nueva versión de La Odisea dirigida por Christopher Nolan vuelve a poner el foco en los grandes relatos de viajes, naufragios y supervivencia. Pero a veces, la realidad supera a la ficción. Un hombre sobrevivió 438 días perdido en el océano, recorriendo 10.800 km sin asistencia. Y se salvó gracias a un elemento esencial.

Un hombre sobrevivió 438 días perdido en el océano, recorriendo 10.800 km sin asistencia: sobrevivió sin asistencia y gracias a

La diferencia es que, en ocasiones, la realidad ofrece historias que parecen escritas para una película. Es el caso de José Salvador Alvarenga, un pescador salvadoreño cuya odisea en el océano Pacífico se prolongó durante 438 días, una verdadera pasada. Más de un año completamente expuesto a los elementos y sin apenas recursos para mantenerse con vida.

Alvarenga había salido a pescar desde la costa de Chiapas, en México, acompañado por Ezequiel Córdoba. La embarcación en la que viajaban apenas alcanzaba los siete metros de longitud y no estaba preparada para afrontar una travesía semejante. Una tormenta terminó provocando que ambos quedaran a la deriva en el Pacífico.

El problema era todavía mayor: las provisiones que llevaban a bordo estaban calculadas para aproximadamente un día. Sin combustible, con una embarcación cada vez más deteriorada y a cientos de kilómetros de cualquier lugar habitado, sus posibilidades de regresar parecían prácticamente inexistentes.

La situación empeoró cuando Córdoba murió durante la travesía después de consumir carne de ave en mal estado. A partir de ese momento, Alvarenga tuvo que afrontar en solitario una situación que ya era extrema. Durante meses permaneció en una pequeña embarcación, expuesto a tormentas, temperaturas elevadas, hambre y una sed constante.

Tuvo que sobrevivir con lo que ofrecía el océano

La clave para mantenerse con vida fue aprovechar prácticamente cualquier recurso disponible. El agua de lluvia se convirtió en su principal fuente de hidratación cuando las condiciones lo permitían. En momentos todavía más desesperados, llegó a recurrir a su propia orina y a la sangre de algunos animales.

La alimentación tampoco tenía nada que ver con una dieta convencional. Alvarenga capturaba peces y aves y, ante la imposibilidad de cocinar, tenía que consumirlos crudos. Cada captura podía marcar la diferencia entre continuar con vida o no superar otro día en el océano. Finalmente, después de 438 días a la deriva, el pescador alcanzó una pequeña isla de las Islas Marshall el 30 de enero de 2014. Había recorrido aproximadamente 10.800 kilómetros y sobrevivido durante casi 14 meses en unas condiciones que parecían incompatibles con la vida.

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Su historia se convirtió rápidamente en uno de los casos de supervivencia en el mar más extraordinarios conocidos. Sin embargo, también estuvo rodeada de controversia. Algunos cuestionaron posteriormente su relato y señalaron que su estado físico al ser encontrado parecía demasiado bueno para alguien que acababa de pasar más de un año perdido en el Pacífico. Pese a las dudas y al debate posterior, el caso de Alvarenga permanece como un ejemplo extremo de hasta dónde puede llegar la capacidad humana para adaptarse cuando sobrevivir se convierte en la única prioridad.