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Un artista demanda al Gobierno de EE.UU. tras negarle los derechos de autor de una obra hecha con IA

Si el juez falla a favor de Allen, podría obligar a revisar las leyes de copyright en todo el mundo; si lo hace en contra, confirmará que, por ahora, la inteligencia artificial puede crear belleza, pero no arte en sentido legal.

Tres años después de que una imagen generada con inteligencia artificial ganara un concurso de arte en Colorado, su autor, Jason M. Allen, sigue inmerso en una batalla legal que podría marcar un antes y un después en la definición jurídica de lo que entendemos por arte.

La obra en cuestión, Théâtre D’opéra Spatial, fue creada en 2022 con la ayuda de Midjourney, una de las primeras plataformas de generación visual basada en IA, y se llevó el primer premio en la categoría de "arte digital" en la Feria Estatal de Colorado. Lo que entonces parecía una anécdota tecnológica se ha convertido hoy en un caso judicial histórico sobre autoría y derechos de propiedad intelectual en la era algorítmica.

La controversia comenzó cuando Allen trató de registrar la imagen en la Oficina de Copyright de Estados Unidos, alegando ser su creador. La institución denegó la solicitud argumentando que la obra "contiene más que una cantidad mínima de contenido generado por inteligencia artificial", lo que, según la legislación vigente, impide otorgar protección de autoría a material no creado directamente por un ser humano. El artista, lejos de rendirse, interpuso una demanda que ahora examina un tribunal federal en Washington, defendiendo que la concepción, redacción y refinamiento del "prompt" —las instrucciones textuales dadas a la IA— constituyen en sí mismas un proceso artístico.

Autoría humana vs. algoritmo

En su alegato, los abogados de Allen insisten en que el creador "proporcionó cientos de indicaciones iterativas hasta lograr plasmar su visión intelectual", un proceso que equiparan al trabajo de un fotógrafo o un director que coordina una maquinaria técnica para expresar una idea. El argumento va más allá del caso concreto: si el tribunal da la razón a Allen, la jurisprudencia podría abrir la puerta al reconocimiento de la IA como herramienta artística legítima, y no como mero generador automático.

El debate no es nuevo, pero se ha recrudecido con la llegada de la inteligencia artificial generativa. Artistas, juristas y tecnólogos están divididos entre quienes sostienen que la ausencia de intencionalidad humana directa invalida la categoría de "arte", y quienes defienden que la IA no es más que una extensión del proceso creativo, como lo fueron en su día la cámara fotográfica o la tableta digital. Las comparaciones con el siglo XIX abundan: cuando nació la fotografía, también fue tildada de amenaza y "mecanismo sin alma"; hoy es una disciplina artística plenamente reconocida.

La caja de herramientas del siglo XXI

El caso de Théâtre D’opéra Spatial ha reabierto viejas heridas dentro del mundo del arte. Muchos creadores denuncian que los modelos de IA se entrenaron con millones de imágenes sin consentimiento ni compensación, lo que consideran una forma de apropiación masiva de propiedad intelectual. En respuesta, algunos colectivos han desarrollado herramientas para "envenenar" sus obras, alterando los metadatos y dificultando su uso en entrenamientos futuros.

Mientras tanto, el tribunal estudia un dilema que va mucho más allá de una sola imagen: ¿quién es el autor cuando la creatividad se comparte con una máquina? "El arte no depende de la herramienta, sino de la intención", declaraba Allen en una entrevista reciente.