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Quentin Tarantino, sobre un clásico del cine de los 80: 'No tengo ningún deseo de ver esa película. Simplemente no me gusta'

El director de 'Pulp Fiction' admite que ni siquiera ha visto una de las películas de culto más influyentes de los años 80: 'Prefiero comer alambre de púas'.

Quentin Tarantino ha construido buena parte de su identidad como cineasta alrededor de su extraordinario conocimiento de la historia del cine. Desde Pulp Fiction hasta Malditos bastardos, pasando por Kill Bill o Jackie Brown, sus películas están repletas de referencias, homenajes y ecos de obras que ha descubierto a lo largo de décadas como espectador. Su cinefilia es, de hecho, una de las características que más se asocian a su figura.

Precisamente por eso resulta llamativo que exista una película de culto estrenada en 1982 que el director no solo no haya visto, sino que tampoco tenga el menor interés en ver. Y lo más curioso es que su rechazo no procede de una mala experiencia con la cinta ni de una opinión negativa formada después de verla. Simplemente, no le interesa.

El director de ‘Pulp Fiction’ confiesa que no ha visto una de las películas de culto más influyentes de los años 80

La película en cuestión es Pink Floyd: El muro, dirigida por Alan Parker y concebida a partir del célebre álbum The Wall, publicado por Pink Floyd en 1979. La cinta trasladó al lenguaje cinematográfico buena parte del universo conceptual creado por Roger Waters y terminó convirtiéndose en una obra especialmente singular dentro del cine musical.

Tarantino ha sido muy claro cuando le han preguntado por ella. En una entrevista recogida por Far Out Magazine, el cineasta explicó que su rechazo llega hasta el propio disco en el que se inspira la película. "Prefiero comer alambre de púas antes que ver El muro", afirmó Tarantino. "No tengo ningún deseo de escuchar el álbum. No tengo ningún deseo de ver la película. Simplemente no me gusta", concluye.

El director fue todavía más explícito al explicar que no pretende convertir esa postura en una crítica cinematográfica. "Es una de esas cosas que me dan igual", continuó. "Ni siquiera estoy hablando mal de la película, porque no la he visto. Simplemente no tengo ganas de verla", concluía.

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La peculiaridad de sus declaraciones, y hablamos de un hombre especialmente único en este ámbito, reside precisamente en esto. Tarantino no está cuestionando la calidad de una película que haya analizado o estudiado. Más bien, está reconociendo que existe una obra hacia la que no siente ninguna curiosidad, lo cual es bastante llamativo en alguien cuya pasión por descubrir y reivindicar películas es parte fundamental de su personalidad pública.

En cualquier caso, no está mal recordar que la película, protagonizada por Bob Geldof, se convirtió con el tiempo en una obra de culto y encontró una audiencia especialmente fiel entre los seguidores del grupo británico. Pero ni siquiera esa condición parece suficiente para despertar la curiosidad de Tarantino, que prefiere dejarla fuera de su particular mapa cinematográfico.