China y la NASA tienen la mirada puesta en Marte. El objetivo es relativamente sencillo de explicar, aunque tremendamente complicado de ejecutar, pues para llegar hasta el planeta rojo, recoger muestras de su superficie y traerlas de vuelta a la Tierra para estudiarlas con todo detalle. Para la mayoría, es otro paso lógico en nuestra particular carrera por conquistar el espacio. Para algunos científicos, sin embargo, hay un problema enorme en todo esto que convendría resolver antes.
¿Y si encontramos alienígenas? Los expertos estudian crear un centro de cuarentena en la Luna
Porque quizá no deberíamos esperar a tener las muestras marcianas en nuestro planeta para empezar a preguntarnos qué contienen. La propuesta de varios expertos va bastante más lejos: construir primero un centro de cuarentena en la Luna capaz de recibir, aislar y analizar cualquier material procedente de Marte antes de que tenga la oportunidad de acercarse a la Tierra.
La idea suena, de primeras, como el argumento de una película de ciencia ficción en la que la humanidad descubre demasiado tarde que ha traído algo peligroso del espacio. Pero detrás hay una preocupación científica bastante más razonable. Si algún día conseguimos traer microorganismos completamente desconocidos, no sabemos cómo podrían comportarse al entrar en contacto con nuestro ecosistema. Así que, puestos a analizarlos, quizá sea mucho más sensato hacerlo a unos 384.000 kilómetros de distancia de casa.
Esa es precisamente la propuesta de Frederick I. Moxley y Anthony Ricciardi, publicada en la revista científica Ambio. Ambos plantean que la industria aeroespacial empiece a trabajar en una instalación lunar diseñada específicamente para recibir y estudiar muestras extraterrestres. Y hay un detalle especialmente importante: debería funcionar de manera autónoma, utilizando robots en lugar de astronautas.
El funcionamiento sería relativamente sencillo sobre el papel. Las muestras llegarían primero a esta instalación, donde serían recogidas, aisladas y analizadas antes de decidir si resulta seguro continuar su viaje hacia la Tierra. De esta manera se añadiría una barrera de seguridad entre Marte y nuestro planeta y, sobre todo, se reduciría al mínimo el riesgo de que un posible organismo desconocido pudiera escapar.
La Luna ofrece además una ventaja evidente. Allí no existe una atmósfera como la terrestre que pueda contaminarse de la misma manera. Si algo saliera mal dentro de las instalaciones, los procedimientos de contención y descontaminación serían mucho más sencillos y el problema quedaría, al menos en teoría, confinado lejos de nuestro planeta.
Por supuesto, construir semejante instalación no sería precisamente barato. Estamos hablando de levantar un laboratorio autónomo en la Luna, capaz de trabajar con materiales potencialmente peligrosos y sin intervención humana directa. Pero Moxley y Ricciardi consideran que el coste podría ser perfectamente asumible si se compara con las consecuencias de introducir accidentalmente un agente biológico extraterrestre en la Tierra.
El argumento que hace que la propuesta sea menos descabellada reside en los sistemas de control estrictos que ya tenemos para evitar que ciertas especies animales, plantas, semillas o microorganismos viajen libremente entre países. No implementamos estas medidas por capricho; somos plenamente conscientes de los problemas que pueden causar las especies invasoras cuando se introducen en ecosistemas no preparados para recibirlas. Extrapolando esta lógica al espacio, surge la pregunta: ¿por qué deberíamos ser menos cautelosos con algo que proviene de otro planeta?
No sabemos si Marte alberga o albergó alguna vez vida. Tampoco sabemos qué tipo de microorganismos podríamos encontrar allí, si es que existe alguno. Precisamente por eso, la propuesta de crear una especie de aduana biológica en la Luna antes de traer muestras a la Tierra puede sonar exagerada, pero responde a una idea bastante sencilla: si todavía no conocemos el riesgo, quizá lo más inteligente sea asegurarnos de que el primer experimento no se realiza directamente en nuestro planeta.