En TikTok, Instagram y compañía está corriendo una estética que, a primera vista, parece "solo" cosplay, pero no siempre: máscaras de zorro, lobo o gato, guantes con garras, nombres nuevos y vídeos andando a cuatro patas ("quadrobics"). Pero quienes se identifican como therians suelen pedir que no se lea como un disfraz de temporada: hablan de una vivencia identitaria (a veces descrita como mental y/o espiritual) en la que parte de su "yo" se siente vinculado a un animal concreto, y lo expresan con gestos, rutinas y comunidad digital.
En las últimas semanas el fenómeno se ha vuelto especialmente visible en el Cono Sur, con Argentina (y también Uruguay) como uno de los focos mediáticos: ahí se han multiplicado los clips virales y las quedadas en parques que luego saltan a TikTok, Instagram o X y alimentan el efecto "bola de nieve" global.
La gracia —y el malentendido— es que la conversación mezcla tres capas distintas en la conversación. Una es performance en redes: coreografías, quedadas y contenido "trending", donde los algoritmos premian lo visual y lo raro. Otra es subcultura: la "therianthropy" moderna se documenta desde foros y grupos online de finales del siglo XX y principios del XXI, con lenguaje propio y categorías internas. Y la tercera es clínica, que no conviene confundir con lo anterior: existe literatura psiquiátrica sobre clinical lycanthropy (delirios de transformarse en animal), pero es un fenómeno raro y se estudia como cuadro psicopatológico, no como fandom ni como identidad performativa.
Entre tendencia, subcultura y clínica
Lo interesante, si lo miras con lupa de cultura pop, es cómo la etiqueta therian se ha convertido en paraguas para gente muy distinta: desde adolescentes que encuentran un "personaje" para ensayar quiénes son, hasta adultos que llevan años articulando su identidad "other-than-human" en espacios comunitarios online. La investigación cualitativa sobre identidades other-than-human suele insistir en esa idea: más que una única explicación, hay relatos personales que se sostienen en experiencias subjetivas (pertenencia, alivio, sentido, límites) y en dinámicas de grupo (normas, validación, jerga).
También ayuda a entender por qué ahora "explota" en redes. El formato vídeo favorece lo corporal —andar, saltar, correr— y el contenido de quadrobics es perfecto para el scroll rápido; de hecho, medios generalistas lo han tratado como tendencia independiente del propio marco therian. A eso súmale el calendario (carnavales, eventos escolares, quedadas), la facilidad de fabricar máscara y "patas" con materiales baratos, y la lógica de comunidad: cuando aparece una etiqueta compartida, el salto de "yo lo hago en mi cuarto" a "somos muchos" ocurre rápido.
[AHORA] "Me gusta mucho hacer vocales": una therian de 18 años reveló que le gusta "caminar en 4 patas" y "cavar", aunque al ser "un zorro" no le salen bien "los ladridos".
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— ElCanciller.com (@elcancillercom) February 9, 2026
Por qué el vídeo lo dispara
La comparación con los furries vuelve siempre porque, visualmente, se pisan: animal + accesorios + performance. Pero suelen partir de lugares distintos. En el furry fandom el centro es el hobby y la creatividad alrededor de personajes antropomorfos; en el discurso therian, el centro suele ser la identificación y el significado personal (aunque, en la práctica, haya zonas grises y gente que participe en ambas escenas). Esa fricción —"¿es juego o es identidad?"— alimenta la viralidad, porque convierte cada vídeo en debate instantáneo.