El calentamiento global afronta una nueva etapa marcada no solo por el aumento de las temperaturas, sino también por la velocidad a la que se está produciendo. El meteorólogo Mario Picazo alerta sobre una tendencia que puede tener importantes consecuencias durante las próximas décadas: el planeta se está calentando mucho más deprisa que hace medio siglo.
Los registros internacionales muestran una diferencia significativa entre el ritmo observado durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX y el de los últimos años. Entre 1970 y 2015, la temperatura media global aumentó alrededor de 0,18 grados centígrados por década. Durante la última década, en cambio, ese incremento habría alcanzado aproximadamente los 0,35 grados por década, prácticamente el doble.
El meteorólogo Mario Picazo ha expresado su preocupación por un fenómeno que amenaza a todo el planeta y que ha entrado en una nueva fase de aceleración
Picazo considera que este cambio supone la primera evidencia estadísticamente sólida de una modificación en la velocidad del calentamiento desde que existen registros instrumentales. No se trata, por tanto, únicamente de que el planeta continúe registrando temperaturas cada vez más elevadas, sino de que el ritmo de ese calentamiento también parece estar acelerándose.
Para estudiar esta evolución, los investigadores han comparado diferentes bases de datos internacionales de temperaturas y han descontado la influencia de factores naturales que pueden provocar variaciones puntuales. Entre ellos se encuentran El Niño, las erupciones volcánicas o los cambios en la actividad solar. Una vez eliminados estos elementos, la tendencia continúa siendo clara. El principal responsable es el incremento de gases de efecto invernadero, especialmente dióxido de carbono y metano, procedentes de la quema de combustibles fósiles y de procesos como la deforestación.
Existe además otro factor que puede estar contribuyendo al calentamiento reciente. La reducción de aerosoles con azufre emitidos por el transporte marítimo y determinadas industrias ha disminuido un efecto de enfriamiento que se producía cuando estas partículas reflejaban parte de la radiación solar hacia el espacio.
A ello se suma el intenso episodio de El Niño registrado recientemente, que elevó temporalmente las temperaturas globales. Sin embargo, este fenómeno natural no explica por sí solo la tendencia a largo plazo. La Tierra está acumulando más energía de la que consigue liberar al espacio. Más del 90% de ese exceso de calor termina siendo absorbido por los océanos, mientras que el resto contribuye al calentamiento de la atmósfera y los continentes.
Las consecuencias son cada vez más evidentes: retroceso de glaciares y capas de hielo, aumento del nivel del mar y unas condiciones que favorecen determinados fenómenos meteorológicos extremos. España se encuentra especialmente expuesta. La cuenca mediterránea es una de las regiones europeas que está experimentando un calentamiento más rápido, con efectos como olas de calor más intensas, aumento de las noches tropicales y tórridas, sequías, incendios y episodios de lluvias torrenciales. El Mediterráneo más cálido también puede aportar mayor humedad a la atmósfera, aumentando el potencial de precipitaciones extremas cuando coinciden determinadas condiciones meteorológicas.
La aceleración del calentamiento reduce además el margen para cumplir los objetivos establecidos en el Acuerdo de París. Si las emisiones continúan al ritmo actual, diferentes estudios apuntan a que el planeta podría alcanzar o superar los 1,5 grados respecto a la era preindustrial entre finales de esta década y comienzos de la siguiente.
Aunque ese umbral se calcula mediante promedios prolongados y no a partir de un único año, la trayectoria actual deja cada vez menos margen de maniobra. El calentamiento global no solo continúa: todo apunta a que lo está haciendo a una velocidad que empieza a resultar especialmente preocupante.