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He vuelto a leer los cómics clásicos de Star Wars de Marvel y entiendo por qué siguen siendo tan especiales casi 50 años después

Antes del canon existía este Star Wars con especial cariño y carisma. Volvemos a los cómics de Marvel que imaginaron una galaxia completamente distinta.

Hay que intentar olvidar todos los extraños experimentos actuales. Hay una razón por la que los primeros cómics de Star Wars publicados por Marvel siguen teniendo interés casi cincuenta años después de su aparición. No es únicamente nostalgia, aunque sería absurdo negar que existe un componente importante de ella. Lo verdaderamente interesante es que estas historias pertenecen a un momento irrepetible de la saga.

Hablamos de una época en la que Star Wars todavía no había construido el enorme entramado de películas, series, novelas, videojuegos y cómics que terminaría convirtiéndola en una de las mitologías más reconocibles de la cultura popular. Era, literalmente, un lienzo en blanco en el que contar historias con el estilo pulp que originó todo el universo de George Lucas.

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He vuelto a leer los cómics clásicos de Star Wars de Marvel y ahora entiendo por qué siguen siendo tan especiales casi cinco décadas después

En 1977, Marvel se enfrentó a una situación bastante particular: tenía que convertir en una serie de cómics una película que acababa de revolucionar el cine, pero no disponía del universo perfectamente definido que hoy damos por sentado. George Lucas había creado una galaxia fascinante, pero todavía quedaba muchísimo espacio por rellenar. De aquella necesidad nació una etapa que, vista desde 2026, resulta tan irregular como fascinante, y que ahora podemos recuperar en una edición de lujo de 880 páginas y 80 euros publicada por Planeta Cómic.

El volumen recopila buena parte de aquella primera etapa, desde la adaptación de Una nueva esperanza hasta las aventuras posteriores y el material que conduce hacia El Imperio Contraataca. Y precisamente ahí reside su principal atractivo: estos cómics no intentan ser el Star Wars que conocemos actualmente. Son el Star Wars que todavía estaba descubriendo qué podía llegar a ser.

Una galaxia sin mapa: los cómics clásicos de Star Wars de Marvel son un auténtica pasada y una manera de recuperar el espíritu pulp

Leer hoy los primeros números de Marvel implica realizar un pequeño ejercicio de arqueología. El lector contemporáneo conoce perfectamente a Luke Skywalker, Leia Organa, Han Solo o Darth Vader, pero cuando Roy Thomas, Howard Chaykin y el resto de autores comenzaron a trabajar con ellos, muchos de los elementos que consideramos fundamentales todavía no estaban asentados.

La propia adaptación de Una nueva esperanza resulta reveladora porque permite comprobar cómo Marvel trasladó al papel una película que, en aquel momento, era prácticamente un fenómeno recién nacido. Sin embargo, lo realmente interesante comienza cuando la editorial deja de adaptar el filme y tiene que inventar historias nuevas. Ahí desaparece cualquier red de seguridad.

Marvel empieza a imaginar planetas, criaturas, piratas espaciales, cazarrecompensas y conflictos que no estaban en las películas. Aparece Crimson Jack -que aparecería más tarde-, surge Beilert Valance -otro mítico personaje que sería rescatado- y Luke vuelve a Tatooine, mientras Leia se enfrenta a situaciones que permiten explorar al personaje con una libertad considerable. Incluso Jabba el Hutt aparece representado de una manera que hoy resulta extrañísima para cualquier seguidor de Star Wars, hasta el punto de que el propio material editorial señala el peculiar "Jabba el Hut" de esta primera época.

Es fácil observar estas diferencias y pensar que Marvel estaba equivocándose. En realidad, estaba haciendo algo mucho más interesante: estaba experimentando. El valor de lo que hoy llamaríamos historias alejadas de la cronología oficial, sin las reglas de un conjunto editorial. En otras palabras: el "no canon".

Durante años, el principal problema para acercarse a estos cómics fue precisamente su relación con la continuidad. El antiguo Universo Expandido acabaría construyendo una cantidad gigantesca de historias alrededor de Star Wars y, posteriormente, Disney establecería el canon actual tras la adquisición de Lucasfilm. Buena parte de estas aventuras quedaron fuera de esa continuidad. Pero reducir su valor por ese motivo sería un error. El interés de Star Wars Clásicos Marvel USA nº 01 no depende de que sus historias encajen con The Clone Wars, Rebels, las producciones de Disney+ o las actuales publicaciones de Marvel. Su importancia está en mostrar cómo una generación de autores interpretó un universo que todavía estaba en plena formación.

De hecho, algunas de las decisiones que hoy pueden parecer absurdas son precisamente las que convierten la lectura en una experiencia tan estimulante. Los autores no estaban pendientes de que una idea creada en 1978 pudiera entrar en contradicción con una serie estrenada cuatro décadas después. Tenían que contar una aventura y hacerlo con los recursos disponibles. Eso produce un Star Wars mucho más imprevisible, diferente y, a la postre, disfrutable.

También hay que entender el contexto editorial, pues adentrarse de golpe en este tipo de proyectos sin conocimiento puede ser un tanto absurdo. El cómic estadounidense de finales de los setenta tenía unas reglas narrativas muy diferentes de las actuales, y Marvel venía de una tradición en la que la aventura, la acción y la imaginación visual eran elementos fundamentales. Por eso estos tebeos tienen una personalidad propia. No buscan reproducir exactamente el lenguaje cinematográfico de George Lucas, sino traducirlo a las herramientas del cómic.

Las batallas pueden adquirir una dimensión más exagerada, los enemigos aparecen con diseños extravagantes muy setenteros y las historias pueden desviarse hacia territorios que una película de dos horas jamás habría podido explorar. Es, además, un cómic mucho más episódico que el Star Wars contemporáneo. Los personajes viajan, se meten en problemas y salen de ellos para volver a embarcarse en la siguiente aventura. Esa estructura puede resultar algo anticuada para quien esté acostumbrado a las grandes sagas actuales, pero también proporciona una libertad que resulta difícil de encontrar en las historias modernas. Luke no necesita salvar la galaxia en cada número. A veces simplemente necesita sobrevivir para estar listo para el próximo número. Y esa diferencia es importante.

La parte gráfica también merece una lectura contextualizada. Autores como Howard Chaykin, Carmine Infantino, Walter Simonson o Herb Trimpe aportaron aproximaciones diferentes a la galaxia de Lucas, pero todos comparten una característica: entendieron Star Wars como un cómic de aventuras antes que como una incipiente saga que debía reproducir fotograma a fotograma su universo cinematográfico.

Star Wars Clásicos Marvel USA nº 01 no es un cómic perfecto, ni pretende serlo, aunque su valor histórico es innegable. Algunas historias han envejecido mejor que otras, determinadas decisiones resultan inevitablemente extrañas y el ritmo narrativo puede chocar con los estándares actuales, sobre todo teniendo en cuenta las estructuras actuales. Sin embargo, juzgarlo únicamente con los criterios del Star Wars de 2026 sería perderse precisamente aquello que lo hace especial.

Lo que tenemos aquí es una fotografía de una saga en plena construcción. Un momento en el que Marvel recibió una galaxia muy, muy lejana y tuvo que descubrir por sí misma qué había al otro lado de Tatooine. El resultado es irregular, sí, pero también sorprendentemente imaginativo. Y, sobre todo, conserva algo que Star Wars ha ido perdiendo a medida que su universo se hacía más grande: la sensación de que cualquier cosa podía ocurrir. Casi cincuenta años después, esa libertad sigue siendo probablemente su mayor encanto.