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Estados Unidos libera miles de caimanes en sus lagos: devoran cientos de especies invasoras y ahorran millones en medio ambiente

Tras años de polémica, los caimanes vuelven a Florida y Luisiana en EE.UU: ahora depredan tortugas invasoras, limpian humedales y alteran su reproducción con su sola presencia.

Los pantanos y ciénagas de Estados Unidos han vuelto a tener a sus antiguos guardianes: los caimanes. Su regreso, fruto de décadas de protección tras años de caza y drenaje de humedales por parte de cazadores furtivos, ha traído consigo un efecto inesperado: el desplome de una de las especies invasoras más problemáticas para los ecosistemas urbanos y rurales, la tortuga de orejas rojas.

EE.UU libera miles de caimanes en sus lagos: depredadores clave combaten especies invasoras y protegen los ecosistemas frente al cambio climático

Lo que podría parecer un giro de guion improbable, típico de una película de terror de bajo presupuesto se traduce en impactos muy concretos. Menos tortugas significa, en la práctica, mucha menos presión sobre las plantas acuáticas, traduciéndose en unas aguas más claras, resultando de forma directa en una proliferación controlada de algas y el consiguiente freno a la propagación de enfermedades que estos reptiles pueden portar.

La presencia de los caimanes no solo actúa como la figura de un depredador; incluso en Estados Unidos se han distribuido varios modelos de caimanes falsos, colocados estratégicamente, confirmando una alteración directa en el comportamiento de estas tortugas, reduciendo su exposición al sol, su apareamiento y su puesta de huevos. Son un elemento disuasorio enorme.

El origen del problema es sencillo: la tortuga de orejas rojas se convirtió en una mascota barata y transportable, fácil de mantener al principio, pero que rápidamente supera la capacidad de acuarios domésticos. Muchos dueños terminan liberándolas en lagos urbanos y parques, aumentando su población y creando ecosistemas dominados por especies invasoras, con una enorme capacidad de destrucción.

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Esta especie combina longevidad, alta fecundidad y agresividad territorial. Una hembra puede poner hasta 30 huevos varias veces al año durante décadas, y en entornos urbanos, el calor del agua favorece nacimientos femeninos, generando verdaderas fábricas de expansión.

El origen del problema de los lagos en EE.UU es claro: la tortuga de orejas rojas se convirtió en una mascota barata y ha acabado por destrozar ecosistemas enteros

El daño que causan es amplio: desplazan tortugas nativas de los bancos de sol, consumen plantas, peces y huevos, y degradan la calidad del agua al destruir a la vegetación y alterar la cadena trófica. Además, actúan como vectores de patógenos, quizás el peligro menos evidente, transformando lagos enteros en focos de enfermedad.

Aquí es donde el regreso de los caimanes marca la diferencia. Su depredación directa reduce la población invasora entre un 35 y un 60%, mientras que su sola presencia altera el comportamiento de las tortugas. En pruebas con los citados caimanes artificiales, el efecto se observa en semanas: la especie invasora abandona los mejores puntos de sol y disminuye su reproducción, lo que permite que las plantas se regeneren y que la fauna nativa recupere su espacio.

La lección es clara: la restauración de un depredador clave puede reorganizar un ecosistema sin recurrir a métodos químicos o campañas de captura masiva.