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Científicos descubren que el ser humano emite una luz que desaparece cuando muere: 'Entre 200 y 1000 nanómetros de longitud'

La magnitud es tan baja que necesitas instrumentación especializada, tiempos de integración largos y un control obsesivo de fuentes de ruido.

Lo de "emitimos luz visible y desaparece al morir" suena a titular de ciencia ficción, pero lo que hay debajo es más prosaico (y más interesante): emisión ultradébil de fotones (ultraweak photon emission, UPE), una señal extremadamente tenue —tan baja que no la verías a simple vista— que algunos equipos intentan medir con cámaras muy sensibles en condiciones de oscuridad controlada. La idea no es nueva: desde hace décadas se han descrito emisiones espontáneas de fotones en tejidos y cultivos celulares, a menudo vinculadas a procesos de estrés oxidativo y reacciones químicas que "liberan" fotones cuando ciertas moléculas vuelven a su estado estable.

El trabajo que ha disparado el debate (el que resume ScienceAlert) montó el experimento como si fuera un "observatorio" para fotones sueltos: ratones completos se registraron durante un periodo en una caja oscura con cámaras del tipo EMCCD/CCD (capaces de detectar señales muy débiles). Después, tras la eutanasia, se volvió a medir otro intervalo, controlando variables como la temperatura corporal para que el calor no explicara la diferencia. El resultado que reportan es una caída clara de la UPE tras la muerte.

Daño, estrés y por qué algunas zonas "brillan" más

Para reforzar que no era un artefacto exclusivo de animales, repitieron el enfoque con hojas de plantas (incluida Arabidopsis thaliana), comparando zonas intactas con partes lesionadas o sometidas a estrés químico. Ahí la lectura encaja con una explicación bioquímica: las áreas dañadas brillan más (siempre en el sentido ultradébil) porque el estrés incrementa la producción de especies reactivas de oxígeno (ROS), que favorecen reacciones capaces de emitir fotones.

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La hipótesis de trabajo más aceptada para la UPE en biología no invoca nada "místico": cuando el metabolismo (o el daño) dispara ROS, se promueven procesos como la peroxidación lipídica y otras reacciones de oxidación; en algunos pasos intermedios se generan estados excitados que, al relajarse, pueden emitir fotones en rangos amplios del visible y el cercano al ultravioleta/infrarrojo. Esto se ha discutido en revisiones científicas y meta-análisis como un fenómeno real pero difícil de medir bien, precisamente por lo fácil que es contaminar la señal con luz ambiental, fluorescencia del material o ruido del detector.

El "visible" que no ves y el salto a aplicaciones reales

Visible en este estudio significa longitudes de onda del visible, no "lo puedes ver". La magnitud es tan baja que necesitas instrumentación especializada, tiempos de integración largos y un control obsesivo de fuentes de ruido. Y aun así, el campo sigue siendo delicado: hay consenso en que existe UPE en sistemas biológicos, pero la robustez de cada resultado depende muchísimo de la metodología (calibración, controles, estadística, reproducibilidad).

La parte potente, si se confirma y estandariza, es la promesa aplicada: medir UPE podría convertirse en un biomarcador no invasivo de estrés tisular (por ejemplo, inflamación, daño oxidativo, respuestas a tóxicos o patógenos), tanto en biomedicina como en agricultura. La parte incómoda es que traducirlo a "escáner de salud" en humanos está lejos: falta validar señales en condiciones reales (luz ambiente, movimiento, diversidad biológica), correlacionarlas con marcadores clínicos y demostrar que aporta información útil frente a técnicas ya asentadas.