Guionista de barrio #21 – La serie de consejos no definitiva (I)

Hoy Fernando Llor reflexiona sobre ese 1% final de un guión que, a veces, lleva un 99% del tiempo necesario

Guionista de Barrio es la columna de opinión semanal de Fernando Llor (@FernandoLlor). Llor, que cuenta con el poder de la omnipresencia, es autor de obras como El espíritu del escorpión, Teluria 108, Ojos Grises o más recientemente Subnormal, entre otras muchas, así como miembro en activo de la Asociación Profesional de Guionistas de Cómic (ARGH!).

 

Hace tan solo unos días, el escritor David B. Gil lanzaba a través de Twitter uno de esos consejos que se dan a veces para abordar la escritura que me parece fundamental. Era este:  

«La clave no está en que te publiquen o no te publiquen, en que tengas más talento o menos. Lo verdaderamente diferencial para un escritor es que termine de escribir sus historias. Llegad hasta el final por más inseguridades que tengáis. Es lo único que depende de vosotros».

Siempre que se habla con profesionales, sean escritores, guionistas, dramaturgas, poetas o cualquier otra rama del juntaletrismo, es muy probable que todas incidan en lo mismo: la importancia capital de saber llevar la historias hasta ese maravilloso punto en que puedes poner FIN.

El ver el tuit de David y además estar pensando sobre cómo volver a la columna después de las vacaciones, me ha llevado a idear una mini serie de consejos que pueden venir muy bien si te estas planteando escribir historietas, tanto si vas a dibujarlas tú como si vas a necesitar encontrar dibujante.

Ninguno de estos primeros consejos de la serie es mío, es decir, no es que un día me levantase de la cama y exclamase muy alto asustando a mi perro: «tengo una clave infalible para eso del escribir».

No, no es eso, es más bien lo que he extraído de asistir al máster, de los cursos online, de los manuales, pero sobre todo de la experiencia propia y ajena, de compartir y debatir con compañeras y de escuchar a alumnos durante años. Vamos que no es un simple «porque yo lo digo».

Y por supuesto, para todos los que odian las publicaciones del tipo «consejos de escritura» porque piensan que son algo así como reglas que hay que cumplir porque si no baja el Dios del guionismo de los cielos y te clava un tridente entre el vientre y la pelvis, pues… no, tampoco tiene nada que ver con eso… son consejos, exactamente igual que si tu madre te dice en Nochebuena «Paco, no te bebas ese sexto cubata si luego vas a conducir», está claro que al final decides tú.  

Venga, al turrón.

Termina lo que empiezas

Este consejo, que es el mismo que comentaba el otro día David B. Gil, es algo que lleva circulando años entre juntaletras y artistas de todo tipo. Hace tan solo unos meses se podía escuchar algo muy similar en boca de Isaac Sánchez y si haces una búsqueda por google poniendo «consejos escritura Neil Gaiman» también lo encontrarás.

¿Por qué es tan importante? Acabar un texto, ya sea un guion o una novela (o cualquier otra variante  que se te ocurra), implica varios factores positivos y de refuerzo. En primer lugar has sido capaz de dar forma completa a lo que en un primer momento no era más que una idea peregrina que atravesó tu mente. Ya sea de forma ordenada o caótica el hecho es que has podido desarrollar lo que era puro pensamiento y lo has llevado a algo muy diferente, algo más orgánico y, sobre todo, completo. Eso demuestra que has estado pensando sobre la mejor manera de resolver cada una de las situaciones que la historia iba demandando.

Aquí voy a detenerme un instante porque creo que es importante. Habitualmente escucharás la famosa frase de «escribir es reescribir» y yo creo que siempre ha sido un mantra un tanto cojo. Es cierto que la reescritura es la repanocha y blablabla, pero me temo que una formulación más completa y menos encorsetada podría ser «escribir es tomar decisiones».

Y con eso retomo, cuando llegas a tu primer borrador completo de un guion ya has tenido que tomar una cantidad ingente de decisiones: has decidido quién protagoniza la historia, cuál es su conflicto, por dónde va a transitar, en qué contexto ocurre todo, cada uno de sus aciertos y sus errores, todos los obstáculos que enfrentará e incluso cada línea de diálogo. Son multitud de elecciones. Algunas más conscientes que otras. Habrás errado (que diría Groo) y habrás acertado. Más allá de la técnica, de la calidad o de la profundidad del texto, habrás llevado a cabo un proceso que incluye responder un montón de preguntas y la experiencia que eso aporta con cada historia es espectacular.

Otro factor positivo que se se refuerza con el hecho de llevar un guion hasta el final es el de demostrarte que has podido dedicar la disciplina y la carga de trabajo necesarias para abordar el trabajo completo. El hecho de iniciar un proyecto lleva consigo una ilusión inicial que supone un gran impulso. Tanto si te hacen una propuesta como si es algo que nace de una idea que tuviste en la ducha, los primeros pasos casi siempre van acompañados de una gran energía. Es más, conozco varios casos de gente «enganchada» a esa sensación de arrancar una historia nueva, pero que luego se desinflan cuando toca terminarla.

Acabar te demuestra a ti mismo que puedes hacerlo. Algo que de primeras parece sencillo no lo es en absoluto. Todos tenemos proyectos que se han quedado a medias. Aquella novela que arrancamos con veinte años, aquel cómic que siempre quisimos hacer y nunca encontramos el momento, esa historia para la que tengo siete gigas de documentación almacenados en el disco duro pero nunca soy capaz de ponerme… Romper con esas dinámicas, ir más allá de la euforia inicial y afrontar la escritura en los momentos en los que ese súper impulso ya no es tal o incluso se ha convertido en una súper bajona, aporta la determinación necesaria que te lleve a decir: «puedo hacerlo». 

Pero además de todo esto hay un factor externo que también se ve beneficiado cuando terminas lo que empiezas: ganas puntos de confianza de cara a los demás. Te conviertes en una de esas personas con la capacidad de afrontar un trabajo de principio a fin. Ya no se trata solo de demostrarte a ti misma que eres capaz, sino que se lo transmitirás al mundo entero (y ya si cumples fechas de entrega es probable que te nombren faraona de algún estado).  

No escribas pensando en tus expectativas

Este es uno de esos consejos que aprendí de boca de mi sensei cuando estudiaba en el barrio de las letras. Se trata de comprender por qué abordas la escritura de cada proyecto por si estás enfocando tu motivación de forma errónea.

A lo largo de estos últimos años me he lanzado a escribir alrededor de medio centenar de propuestas editoriales. Muchas de ellas estaban creadas desde el chip del «escribir para», es decir, estaban pensadas para lograr objetivos concretos como autores de tebeos. Esos objetivos podrían ser entrar en el mercado francobelga, entrar en el mercado americano o alguna vaina similar.

Cuando se crea desde ese estado mental en el que se priorizan las expectativas por encima de las obras, es posible que todo lo que se haga se convierta en una especie de pequeño monstruo de Frankenstein creado a base de diferentes ideas preconcebidas con las que se pretende encajar.

Por ejemplo, imagina por un momento que quieres hacer un cómic destinado a la línea ado-adulte de Dupuis. Rápidamente pensarás en una historia de aventuras que podría tener algún componente de tipo fantástico o sobrenatural que se componga de tomos autoconclusivos, pero que podría convertirse en una serie y que se desarrolle en algún contexto urbano o en alguno antiguo pero actualizado para que encaje más con la chavalada pandémica.

 ¿Si haces esto estás abocado al fracaso? Pues ni sí ni no. Quizás tengas suerte porque el azar es muy relevante en todo este mundillo. Sin embargo sí que tienes muchas papeletas de estar creando algo que no termine de funcionar, algo que circula con el piloto automático.

Al «escribir para», sobre todo cuando se hace de forma muy descarada, hay una conexión con la historia que nunca llega a realizarse y todo puede parecer impostado.

Por mi parte reconozco haber caído en ese estado creativo unas cuantas veces y estoy convencido de que en el noventa por ciento de las veces ha sido por ponerme a pensar antes en para qué que en por qué quería escribir eso.

Y creo que ahí está la clave. En «escribir por» en vez de «escribir para». En buscar otra clase de motivos para abordar una historia dentro de la propia historia y no fuera. Escribir porque se quiere contar eso y no otra cosa cualquiera dejando en un segundo plano si irá destinado a la línea infantil a la de terror gótico o a la de porno hardcore. La historia como motivo en sí misma. 

Hasta aquí el primer capítulo de esta serie de consejos para juntaletras, en próximas ediciones de Guionista de Barrio habrá más. Eso sí, advierto de que no voy a hacer una columna entera sobre el que me parece más obvio de todos los consejos que se pueden dar pues porque… eso… me parece muy de perogrullo: escribe, escribe y escribe.