Eternals, Kieron Gillen y Esad Ribic reescriben los mitos de Jack Kirby para Marvel

Los dioses imaginados por El Rey vuelven a la vida a pocos meses del estreno de la película que los llevará al cine.

Aunque ahora mismo sean unos desconocidos, a finales de año Los Eternos estará en boca de todos. La película que dirige y firma la interesantísima Chloé Zhao (una directora que, a priori, en absoluto sería sospechosa de tener la menor voluntad de hacer un blockbuster) es otra apuesta de Marvel Studios por una de esas franquicias que son muy queridas por los más cafeteros, pero que, desgraciadamente, nunca han tenido una gran aceptación popular.

No hay más que atender a la accidentada carrera editorial de estos personajes. Aun así, la creación más personal de Jack Kirby para Marvel ha tenido una serie de continuaciones de desigual resultado (siendo la más destacable la aproximación realizada por Neil Gaiman junto con John Romita Jr.). Y esta semana ha llegado la nueva intentona (y, con suerte, definitiva) de resucitar la franquicia.

Los Eternos son unos personajes cuya mitología quedó tan establecida por parte de Jack Kirby, con lo que hay poco espacio para traer cosas nuevas sobre la mesa. Sin embargo, Kieron Gillen ha conseguido impregnar con su indistinguible sensibilidad a esta parte del universo. Y eso se siente como el soplo de aire fresco que esta franquicia necesitaba.

La espectacular portada del primer número.

El guion mantiene aquellos elementos clásicos de Kirby, que logra sintetizar en tres frases en la introducción. Pero trata de hacer algo más subversivo. Aspira a ello, mientras integra algunos cambios provenientes de la adaptación cinematográfica. Pero la implementación ha sido establecida con mucho sentido y funciona en todos los casos.

El escritor inglés consigue dar un gran ritmo a esta historia. El protagonista, es Ikaris (aunque hay un narrador que rompe la cuarta pared), y este pasa a tener un par objetivos y a cumplirlos todos en pocas páginas. Gracias a eso,  le sobra tiempo para plantar unos misterios cerca del final. Son estrategias muy clásicas, pero que se consiguen trasladar con acierto a este mundo sin olvidarse del componente filosófico que debe ir unido a este título.

La premisa parte con un Ikaris que vuelve a la vida en  una determinada ubicación. A partir de ese momento se establece un objetivo a largo plazo que cambia de forma drástica al final. Por tanto, como suele ser habitual con este escritor, es muy difícil de prever qué decisiones argumentales tomará, porque siempre emplea cierto factor de aleatoriedad controlada que conduce al despiste del lector.

Este número destaca por emplear un afilado y sutil humor, algo que que uno no esperaría encontrar en este cómic. Siempre lo hace con cierto espíritu metalingüístico y ácido. Aunque eso supone que hay dejes revisionistas, se producen desde unas claras intenciones conciliadoras. Estos Eternos son más viscerales y erráticos de lo habitual y eso pude tirar para detrás a más de uno. Pero es más que evidente que el público actual busca superhéroes (y mitos) más ambiguos y crepusculares, cosa que este cómic da. Si se comparan los números originales con estos, es muy esclarecedor del avance (¿o retroceso?) del medio y de los lectores.

El tono es difícil de clasificar, puesto que logra combinar elementos que juntos no deberían funcionar. Pero, contra todo pronóstico, hace que esta propuesta tenga un estilo que es muy diferente a lo que se puede encontrar en un cómic de superhéroes. En cierto modo, Gillen vuelve a probar técnicas con las que experimentó en títulos como Journey Into Mistery, pero transportándolas a un entorno más grandilocuente (si cabe).

Este primer número, por contradictorio que suene, es tan clásico como transgresor. Se trata de una pieza en la que, por el momento, todo funciona. Que respeta el camino recorrido, mientras que intenta desviarse a otros lugares. Se toman una serie de decisiones arriesgadas, pero no demasiado como para perder la esencia. Es la unión de una de las mejores y más personales voces del cómic contemporáneo con el concepto más intransferible del Rey de este medio. Con todo lo que ello supone.

El renacer de un dios.

Para el arte se ha contado con el reputado dibujante croata Esad Ribic. Es alguien que pega un cambio de tercio a su carrera, puesto que este es el primer cómic mainstream que hace de ciencia ficción más pura. Toma alguna de sus características propias, destacando los paisajes de una y unas escenas de acción de las que solo se pueden decir cosas buenas. Además, es capaz de desarrollar una identidad visual apabullante que nada tiene que envidiar a la épica medieval fantasiosa de Thor. El artista escoge muy bien sus proyectos y tiende a alejarse de los títulos más comerciales, debido a lo que le interesa implicarse en los proyectos. Esta era una oportunidad de dar cierta veracidad a este mundo y de transformar los luminosos y apolíneos personajes de Kirby en algo más polvoriento. Y, evidentemente, la ha sabido aprovechar.  

La Casa de las Ideas ha lanzado este primer número junto con Never Die, Never Win, un complemento con entrevistas a los autores y las páginas sin entintar de Ribic, en la que el lector tiene una idea más certera de lo que se ha buscado hacer.

Eternals es un primer número con los suficientes alicientes como para querer seguir leyendo. Quien sea más conocedor de la mitología de Marvel, no le pillará de nuevas (a pesar de que encontrará ideas que le atraerán). Pero se nota que se ha lanzado en el mismo año que la película con la finalidad de que consiga un nuevo público. Y, si es el caso, es un cómic que asombrará a más de uno.