The Mandalorian. Temporada 2, Disney+ dice this is the way con una temporada explosiva

La plataforma despide la temporada de Baby Yoda, Mando y los suyos.

Cuando se habló por aquí del primer episodio de la segunda temporada de The Mandalorian, no se llegaba a sospechar de la ambición y el alcance que terminaría consiguiendo.  Mando y Baby Yoda han vuelto tras un año de espera y lo han hecho potenciando todos sus puntos fuertes, pero también evidenciando algunos de los defectos que lleva arrastrando la serie.

La serie se retoma justo en el momento en el que terminó la anterior temporada: con Mando buscando qué hacer con Baby Yoda y con un antagonista dispuesto a impedirlo: ese Moff Gideon, interpretado gustosamente por Giancarlo Esposito. Aunque esa trama de fondo termina siendo una excusa argumental para lanzar al protagonista a vivir aventuras semanales. 

La mayor pega que se le podría señalar a esta serie es que su falta de ganas de buscar ser más que un entretenimiento en un contexto en el que las series son (o han sido) un reducto para las ficciones más sesudas, de marcado carácter adulto. Representan la respuesta ante la infantilización progresiva del cine, más en busca de las superproducciones. Pero eso ha cambiado en el momento en el que las grandes empresas audiovisuales han descubierto que ese hueco del mercado también es aprovechable. Se está asistiendo a un nuevo cambio de paradigma, mejor o peor, y esta segunda temporada de The Mandalorian es claro ejemplo de ello.

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Aquí el que se espere arcos profundos, tramas horizontales complejas y desarrollo minucioso de personajes, se está equivocando de serie. The Mandalorian durante toda la segunda temporada ha hecho esfuerzos para subrayar el aspecto de serial pulp/western episódico. Es sumamente referencial a  grandes ejemplos del cine y busca una legitimidad de ese modo. Mientras aspira a ello, no deja de ser  también una metralleta de referencias a las películas de Star Wars clásicas y de integraciones de elementos del universo expandido que hace delicias los mejores deseos de los fans de la franquicia.

Habiendo dejado expuestas todas estas reticencias, esta segunda temporada es muy destacable como apuesta por ser casi un procedimental, luchando contra la corriente habitual usada en las series de canales pago. Es un punto diferencial que sabe explorarse bastante bien, ya que no podría ser más diferente cada episodio. Sin embargo, la estructura termina conduciendo a un final de temporada bombástico que otorga sentido a los pasos dados.  Las decisiones tomadas no son aleatorias y, a pesar de que dé señales de lo contrario, la serie es muy coherente consigo misma. 

Esta temporada ha contado con directores invitados como Robert Rodríguez y Peyton Reed, quienes  han terminado dirigiendo los episodios más frenéticos de la temporada, con diferencia.  Es en estos episodios,en los que se nota una mayor experiencia a la hora de dirigir acción, puesto que se aprecian unas coreografías y unos tiros de cámara más vistosos. También han vuelto directores provenientes de la primera temporada como Rick Famuyiwa, Dave Filoni, Bryce Dallas Howard o Jon Favreau. También se ha lanzado a la dirección el legendario Carl Weathers, quien también retoma su papel.

Formalmente es espectacular, aunque se echa de menos un mayor pulido del guion. Muchas veces  se opta por las opciones más sencillas, si no directamente de ex machinas como el de este último episodio, sin ir más lejos. Es en ese aspecto donde más cojea, pero no es lo suficientemente grave como para que se desprestigie del todo. De hecho, Star Wars nunca se ha caracterizado por tener un guion a prueba de blásters.

En el terreno interpretativo, se nota que Pedro Pascal disfruta cada vez más de este personaje y logra demostrar tener una capacidad de interpretación física soberbia. Gina Carano interpreta con solvencia y carisma su personaje y Ming-Na Wen ha tenido un mayor protagonismo en esta ocasión. Giancarlo Esposito ha vuelto lucirse y a probar por qué es el actor que interpreta a los villanos más apabullantes de la pantalla ahora mismo. Por último.  se producen una serie de apariciones estelares y cameos, con actores estrella, que también están a la altura.

Para la banda sonora se ha vuelto a contar con Ludwig Göransson y si bien ha perdido parte del factor sorpresa, lo cierto es que este compositor ha logrado diferenciar la música de las dos temporadas. Sigue arriesgando y lanzando temas experimentales para las melodías que suelen acompañar a Star Wars. Es uno de los talentos musicales del cine mainstream contemporáneo y en esta serie está en estado de gracia y siempre logra engrandecer las imágenes. La música siempre ha sido algo importante en esta franquicia, y aquí, distanciándose de los temas manidos, sigue esa tradición a su manera. 

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Se nota que hay un mayor nivel de inversión y que Disney se ha jugado la consolidación de la plataforma. Y ha salido fortalecida gracias a lanzar un producto de un empaque visual innegable con el que ha logrado contentar a amplios sectores. La frase this is the way se ha convertido en un icono contemporáneo de la cultura popular (al igual que Baby Yoda. ¿O debería llamarse de la forma oficial?), pero puede ir más allá y tener un significado más trascendental. Parece que esta serie quiere ser esta la antorcha que ilumine el camino a seguir de las producciones de Disney+.

Prueba de ello es es el último episodio: uno de los espectáculos televisivos más grandilocuentes jamás filmados. Un evento que se nota que está hecho desde el cariño y el respeto, pero que logra conectar públicos intergeneracionales. Un ejercicio de equilibrismo que no deja de ir a más y de sobrepasar expectativas.

Disney+ está muy necesitada de estrenos. Quienes mandan lo saben perfectamente y, tal y como se ha anunciado en el Investor’s Day, 2021 va a ser su primer año verdaderamente potente. Si el anticipo del futuro es esta segunda temporada de The Mandalorian, la plataforma va a dar de qué hablar.