Diez Cómics USA que deberían publicarse en España #07: Ice Cream Man

Querido Melchor... Una de las mejores series de los dos últimos años en Image Comics tiene que llegar sí o sí a nuestro país.

El cómic independiente americano siempre ha tenido público en España y son pocas las veces en las que los lanzamientos que se publican en nuestro país no llaman la atención de nuestros lectores. De todas formas, y aún y a pesar del esfuerzo que hacen nuestras editoriales, hay que tener en cuenta la dimensión que tiene el mercado americano y la cantidad de nuevos títulos que se publican cada año. En muchas ocasiones, algunos pasan desapercibidos o quedan aparcados y aunque la calidad de muchos es indudable, no encuentran su oportunidad para ser publicados en nuestro país. Por eso, en Sala de Peligro hemos pensado que sería interesante destacar diez títulos que creemos podrían gustar mucho a los aficionados españoles y que todavía no han encontrado un hogar en España. Hoy…

ICE CREAM MAN

(Primera fecha de publicación: Enero de 2.018-Image Comics)

“Nunca he leído algo como este desafío al género que es como una especie de antología, pero es jodidamente asombroso. La escritura es rara y profundamente inquietante y el dibujo es precioso.”

Brian K. Vaughan

En este artículo se mencionan títulos que no han sido un éxito de ventas, pero esta serie podría ser un tebeo con muy buena aceptación en el mercado español. Si tuviese que apostar por el éxito en España de una de las diez series que se mencionan en este artículo, esa sería Ice Cream Man.

En Ice Cream Man, las antologías de terror han encontrado el título que redefine el género e introduce a W. Maxwell Prince, uno de los escritores con más relevancia en los últimos años. En el que es ya su trabajo más importante hasta la fecha, Prince ha conseguido escribir una serie que rompe con los formatos más tradicionales y que le va a permitir codearse con los mejores artistas de la industria del cómic actual. Su propia visión del sufrimiento humano y del concepto del bien y del mal, es un homenaje a los tebeos, a sus artistas y practica la deconstrucción de un medio que, aunque suene a cliché,  en manos de este escritor parece reinventarse.

La serie de Ice Cream Man (ICM) empieza en un área suburbana cualquiera de los Estados Unidos y facilita adoptar una cierta tranquilidad en referencia a la seguridad de sus habitantes, ya que son áreas habitualmente libres de crimen y en las que los niños pueden jugar en la calle sin miedo alguno. De todas formas, la elección de este escenario no es casualidad, ya que lo que Prince busca con esta serie es, que el lector comprenda que el terror está dentro de uno mismo, independientemente del entorno en el que se encuentre.

ICM está dividida en arcos de cinco números, pero su estilo recuerda más a un compendio de historias de terror que pueden ser leídas en cualquier momento y en orden aleatorio. Sí es cierto que existen un número determinado de personajes que hacen la función de protagonistas y llevan el hilo conductor de la historia hacia delante, pero esta serie agradece que queramos degustar cada sabor por separado. Y es que de sabores va la cosa. Sabores, estilos, formatos, da igual, Prince lo mezcla todo y aporta su peculiar visión en cada uno de los primeros veinte números que se han publicado hasta la fecha, de una forma brutal y tremendamente adictiva.

Si eres aficionado a los cómics de terror, es difícil no caer en el embrujo de una serie que es capaz de provocar la satisfacción que te da el trabajo de Prince al leer cada número. Satisfacción por entender que el tebeo que tienes entre tus manos es único y que la autenticidad de la propuesta, unida a esa obsesión por el detalle y esa precisión suiza con la que el equipo artístico trabaja en cada número, te permite acercar a un mundo absolutamente irrepetible y del que te sientes espectador privilegiado. Satisfacción porque al leer la última página de cada número, eres consciente de que no es una serie más, sino que es un privilegio que los lectores aficionados no teníamos desde hace muchos años, y el equipo que forman Prince/Morazzo/O’Halloran, una lotería que hemos tenido la suerte de ganar.

¿Qué es lo que hace que ICM sea tan diferente si simplemente parece recopilar historias de terror? Su falta de simplicidad. Esta es una serie en la que cada uno de los números que Prince escribe se convierte en una obra de orfebrería y donde su peculiar estilo encuentra su mejor forma de expresión en el dibujo de Martín Morazzo y los colores de Chris O’Halloran.

Los cinco números que componen cada uno de los 5 primeros volúmenes de esta serie, aprovechan historias cortas para que el equipo artístico juegue con distintos estilos. Aunque en ocasiones prueben nuevas versiones de formatos que ya se han explorado, no hay arco argumental que no incluya una historia que se atreva a cambiar las normas y consiga gustar. Por eso, no extraña que el escritor pruebe con un episodio sin diálogo, pero tampoco es de extrañar que este venga a dar su propia versión de un tebeo de estas características y acabe presentando tres posibles versiones de la historia que pretende contar. Prince lo prueba todo, desde los números en los que el diálogo es bilingüe hasta los que se acompañan de poesía, y los ejemplos son varios y muy singulares. Entre los muchos que podemos encontrar destacan el episodio escrito a modo de palíndromo y que puede leerse desde el primer hasta el último panel o desde el último hasta el primer panel, el episodio en el que nos presentan a un “hit wonder” y dan paso a su número más psicodélico, o el episodio en el que Prince consigue que para pasar de página tengamos que encontrar la solución a un crucigrama.

Pero no todo son ejercicios de estilo. ICM también nos cuenta una historia que sirve como excusa para entender mejor esas historias cortas. Y al revés. Una historia que tiene como protagonista a Rick, un vendedor de helados con poderes mágicos y que a lo largo de la serie usa su poder para influenciar maliciosamente a esas personas que necesitan entender el peligro que suponen para ellas mismas y para las personas que las rodean. No es hasta el final del primer arco cuando conocemos a Caleb, personaje que resulta ser la versión opuesta del vendedor de helados y que en su intento de poner fin a las acciones de Rick, ayuda a convertir esta serie en mucho más que una antología.

Esta es una serie con un desarrollo muy lento y que prefiere mostrar ejemplos que ayudan a entender mejor a los personajes principales antes que pasar directamente a la exposición de los hechos. Es por ese motivo por lo que la figura de Caleb hace aparición en apenas cinco episodios, los cuales ayudan a entender mejor el origen de los dos protagonistas y sirven para dar una noción del propósito de los mismos. Es posible que otro escritor hubiese contado la misma historia en cinco episodios en vez de veinte, pero Prince gusta de explorar a esos actores secundarios que también la forman. Es su manera de decirnos que todos los detalles han de ser tenidos en cuenta, incluso los de esas personas que forman un segundo plano y nunca tienen voz. Es su manera de hacernos entender que Rick y Caleb no son solo los protagonistas de la historia, sino que también son un concepto que se encuentra en el interior de todos y cada uno de nosotros.

Siempre vestido de blanco, Rick (o Riccardus) representa la pura maldad y se convierte en la pesadilla de Caleb quien, siempre vestido de negro, representa la bondad. El conflicto y el desafío de Rick y Caleb, nos permiten conocer el mundo del que provienen e introducen el multiverso, concepto que posteriormente le sirve al equipo artístico como excusa para situar otras historias en el mismo tono, pero “fuera de continuidad”. Gracias a este recurso, el equipo artístico puede permitirse el lujo de inventarse situaciones que en el mundo más “real” de ICM no tendrían cabida, dando lugar a números como el que hacen en su dedicatoria al primer número de Action Comics, donde nos cuentan una aventura de Superman en la que Rick hace las funciones de un perverso hombre de acero y Caleb las de un Lex Luthor lleno de buenas intenciones.

Es esa constante lucha del bien contra el mal la que define la relación entre Rick y Caleb y que a lo largo de los episodios nos introduce  “el final de la carretera”, posible destino final de los dos personajes y lugar al que Rick no parece tener muchas ganas de llegar. Este destino del cual apenas conocemos detalles, es también un guiño de Prince, quien hace un claro homenaje a la típica respuesta que se le suele dar a alguien que pregunta dónde está el carrito de helados y define perfectamente el respeto y la atención por el detalle que el autor tiene por esta obra.

ICM es el mejor ejemplo de la extraordinaria forma de pensar de W. Maxwell Prince, pero Morazzo y O’Hallloran forman el complemento perfecto para poder transmitir sus ideas.

El nivel de compenetración del equipo artístico se hace muy visible en episodios como los comentados anteriormente y permiten que los tres artistas puedan lucirse en cada número que se ha publicado. Ninguno de los tres parece tener presión por las entregas y la serie ha mantenido un ritmo de publicación más centrado en los arcos que en su periodicidad. Por ese motivo, se nota la dedicación que Morazzo le ha prestado a este título, con un dibujo que no tiene fisuras y en el que no existe ni un solo panel en el que el dibujante no haya dado lo mejor de sí mismo. Recuerda mucho en estilo a Quitely y Burnham. De hecho, me atrevería a decir que con este serie, Morazzo se pone a la altura de ambos dibujantes e invita a que tengamos muy en cuenta todos sus próximos trabajos (si tenéis curiosidad por ver el estilo, os recomiendo que le echéis un vistazo a las portadas de la serie). Por otro lado, es igual de importante mencionar el coloreado de Chris O’Halloran, artista que ha encontrado en ICM, la serie perfecta para probar todo tipo de combinaciones y que alcanza sus mejores momentos en algunos de los números más especiales de la serie del vendedor de helados (aunque cualquier número de esta serie podría servir como muestra de su trabajo, es tal vez el sexto número  el que mejor refleja hasta donde es capaz de llegar).

Esta es una obra en la que las yuxtaposiciones se muestran constantemente. Donde muchos otros títulos de terror oscurecen el color y prefieren tonos más sombríos, ICM busca dar vida, haciendo uso de colores más joviales y  mostrando esa artificial sensación de seguridad que también se encuentra en la figura de un vendedor de helados. La suavidad del dibujo se convierte también en herramienta de engaño y crea una sensación de confort que nos aleja del género, pero es en los rostros de los personajes donde el dibujante argentino es capaz de comunicar el verdadero propósito una serie que insiste en hacernos entender que el  terror está en nuestro interior.

Ice Cream Man es como un carrito de helados con todos los sabores, incluso con esos que ni sabías que existían. Lo tiene todo. Todo excepto un premio Eisner y una edición española. Con el Eisner poco podemos hacer, esperemos que tengamos más suerte con la edición.

Equipo artístico

Maxwell Prince es el creador de Ice Cream Man, pero es imposible disociar a Martin Morazzo y Chris O’Halloran del éxito de esta serie.

Prince es un escritor con experiencia en edición al que le gusta resolver problemas y que emplea esa obsesión como motor para escribir historias ajenas a la estructura más tradicional. Sus primeros trabajos tienen apenas cinco años de edad y entre los más destacados están: el primer número de Marvel Zombi en 2.018 o One Week in the Library, la novela gráfica con la que se estrenaba en Image y que le abrió las puertas de IDW para publicar The Electric Sublime también junto a Morazzo y más recientemente, King of Nowhere para Boom! Studios. Mientras sigue publicando Ice Cream Man, Prince prepara una serie sobre payasos titulada Haha con la colaboración de varios artistas y que será publicada por Image en Enero de 2021.

El dibujante argentino Martín Morazzo debutó en la industria en el año 2.008 dibujando The Network para la editorial Arcana Comics, pero fue la publicación de Great Pacific, en la que figura como coautor junto a Joe Harris y que publicó a través de Image, la obra que le abrió las puertas a varios proyectos en Marvel (Nighthawk, Elektra o Generación X). Aunque su paso por la casa de las ideas parece más bien testimonial, Morazzo siguó trabajando en proyectos “creator-owned” como Snowfall o este Ice Cream Man para Image, The Electric Sublime para IDW y She Could Fly para Dark Horse.  

Uno de los talentos más respetados en la escena independiente actual es Chris O’Halloran, antiguo estudiante de Jordi Bellaire y encargado del color de la serie. Chris es un artista irlandés que en los últimos años ha tenido la suerte de encargarse del color de algunas de las series más relevantes de la escena independiente. Ha trabajado para editoriales como Marvel, Boom!, Image, Dynamite, Alterna, Dark Horse o DC y podemos ver su fantástico trabajo en series como Generation Gone (Image), Empyre: X-Men, Marvels Snapshots:X-Men, Star o Black Panther (Marvel), y Scarenthood, publicada por IDW justo este mismo mes.

Además del interior, Morazzo y O’Halloran se encargan también de las portadas y la rotulación y el diseño de la serie están realizados por el equipo del estudio Good Old Neon.

Formato

¿Habéis visto como Planeta ha publicado Paper Girls? Ese es justamente el trato que esta serie debería recibir.

Todavía se desconoce la fecha final de esta serie y, aunque en un principio se dijo que su longitud sería de veinticinco números, todo parece indicar que el equipo creativo va a continuar una vez superada esa cifra. De todas formas, sus números auto conclusivos hacen que sea la única serie de esta lista que merecería que el lector español pudiese disfrutar en formato de grapa mes a mes. Además, el coloreado de O’Halloran y el dibujo de Morazzo casi obligan a que también se publique una edición de lujo en tomos de tapa dura una vez haya finalizado.

Otros títulos parecidos que podrían publicarse

No hay ninguna obra que se parezca a Ice Cream Man, pero su publicación podría ayudar a conocer otros trabajos del equipo artístico. Por este motivo, sería muy buena idea rescatar ese The Electric Sublime que significa el primer trabajo en conjunto de Prince y Morazzo, y también podría dar lugar a la publicación de She Could Fly, la serie que Christopher Cantwell (Iron Man, Doctor Doom) realizó junto a Martin Morazzo en 2.019, y de King of Nowhere, publicada por Boom! Studios este mismo año y que está escrita por W. Maxwell Prince y dibujada por Tyler Jenkins.