Palabra de Editor 09 – ¿Se puede vivir de los royalties?

Pa qué quieres saber eso jaja saludos

Palabra de Editor es la columna de opinión de Pedro F. Medina (@Studio_Kat), Editor Jefe, responsable de licencias y redes sociales de Fandogamia (@Fandogamia) y periodista con una faceta nada oculta de showman en los eventos de cómic y manga.

Hace pocos días me saltó en Twitter una interesante conversación, en la que participaron dibujantes noveles y veteranos, sobre las posibilidades de subsistir durante la producción de un tebeo con los adelantos que se ofrecen a día de hoy. Aunque de este tema ya se ha hablado largo y tendido desde hace años, permitid que me enfrente a LA PREGUNTA: ¿los adelantos de derechos y porcentajes que reciben los autores y autoras en España por la producción de un cómic compensan el tiempo de producción que hay que dedicarle? Dicho de otra forma: ¿vale la pena publicar aquí con la miseria que se paga?

La respuesta corta es que no.

La respuesta larga es que nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo (Nota: podría ser todavía más larga)… con algunos matices.

A primera vista parece que no sale a cuenta dedicarse en exclusiva a los cómics, y la mayoría de artistas compaginan las viñetas con otros trabajos: tan solo los autores de El Jueves, que cobran por página a tanto alzado, y aquellos veteranos con carreras consolidadas que siguen en activo pueden hablar de una profesión decentemente remunerada. Un poco de contexto con datos que a estas alturas ya ha mencionado todo el mundo: el informe Racine publicado por el Ministerio de Cultura francés en 2019 ya revelaba que por allí el 53% de creadores/as tienen ingresos por debajo del salario mínimo interprofesional, lo que ya tiene delito en un país en el que se vende… no pondría la mano en el fuego diciendo que diez veces más que en el nuestro, pero vamos, MÁS EN GENERAL (partimos de que tienen el doble de población y una cultura lectora de BD más extendida).

Aquí, que también tenemos un 77,2% de autores y autoras que cobran menos de 1000€ al año por la cesión de sus derechos según el Informe profesional de la situación de los Escritores y Escritoras, miramos al mercado francés con envidia y cierta lujuria, aunque al final su ecosistema adolece del mismo problema endémico que tenemos aquí y al que me referiré más adelante. Y salvo honrosas excepciones esta situación es la misma ya te dediques a un cómic original presentado a la editorial o si te ofrecen un trabajo mercenario, un encargo de “hazme estas páginas con este guion” (o “hazme un guion para un álbum de tantas páginas”).

La solución que siempre leo en todas partes parece bastante obvia, de estas que surgen cuando alguien de pronto se lleva una mano a la cabeza con una idea feliz: subamos el porcentaje que cobran los artistas, que habitualmente ronda el 10%, restando un poco del resto de trozos del pastel, editorial, distribuidor, librería… con la lógica de procurar su supervivencia, porque si desaparecieran no habría literalmente NADA que vender. Recordemos que, en el sistema tradicional, la distribuidora y punto de venta se llevan en torno al 50%-60% del precio de portada, mientras que el editor se llevaría entre un 30 y un 40% (asumiendo en esa parte los costes de la imprenta, que no hay que obviar porque se come un trozo importante) dejando el 10% restante para el autor. El editor suele pagar otras nóminas, maquetador/rotulador, departamento de comunicación en su caso y otra serie de gastos de carácter publicitario que también salen de su porcentaje.

Defiendo el suplicado aumento de cuota para los autores y autoras a muerte, pero aunque dignifica la profesión no es más que un parche, porque el problema real al que aludía antes no es que les quede poco a los autores: es que se vende poco. O, mejor dicho, se vende mucho del conjunto y poco de cada título en particular. Y lo digo yo, que le pago un 20% a quienes firman con nosotros, y aun así siento en el alma que se queda corto, muy corto.

¿Qué está pasando? Por un lado, que editamos más autores patrios que nunca (en consonancia con el resto de obras de otras procedencias: se edita más de todo), y el mercado sigue siendo el que es, escasito de lectores. Ojo, en general se venden más cómics y podríamos por ese dato inferir que hay más público (alguien tiene que comprar si se está vendiendo más), pero también es cierto que el cómic español suele ir dirigido a un sector demográfico adulto, lo que no ayuda a la renovación de los lectores. Históricamente el cómic español se sostuvo indudablemente en las historietas infantiles, y a día de hoy no existe ni un Pequeño País que mueva a una nueva generación de lectores que se interesen luego por las cosas de aquí. Solo los webcomiqueros, que logran conectar con un público más joven y acostumbrado al consumo a través de la pantalla, mantienen la esperanza y la conexión. Esos y los autores de mangañol, por su vinculación ni que sea en espíritu con las producciones japonesas que siguen siendo un grandísimo reclamo para infancia, adolescencia y cool young adults. Pero para el tema que nos ocupa recurramos al socorrido Informe anual de la historieta en España de Tebeosfera (2019): el año pasado se publicaron 3771 títulos, en contraste con los 2562 títulos de seis años atrás. Incluso yo, que soy de letras, puedo hacer un cálculo rápido: a más variedad de catálogo (más obras disponibles) pero sin un público consumidor que crezca a la misma velocidad (porque para más inri los jóvenes, los nuevos lectores, APENAS NOS LEEN), el resultado es que se vende menos de cada novedad y que tenemos autores con premios a Mejor Autor Revelación que han vendido menos de 400 ejemplares de la obra galardonada.

Y entonces aparece la otra gran solución, o más bien la gran queja: la ausencia de promoción. Que si no se publicitan bastante los tebeos, que si la gente no se entera de que existen, que si tienen que llegar al gran público para normalizar la lectura de cómic. Y llegados a esta altura me vais a conceder tres pensamientos:

  1. Que en estos momentos de globalización y productos culturales transmedia es MUY FÁCIL que la gente llegue al cómic desde otros medios (eh, que aquí el boom del manga arrancó con el Bola de Drac en la TV3, que vamos de guays pero protagonizamos ese trasvase de un medio a otro en su momento). Ahora bien, lo jodido es que sigan leyendo después si no les ofrecemos más cosas que les interesen en la línea por la que entraron, pero esto es lo mismo que cuando Harry Potter generó muchísima afición (a sus libros, claro) y luego los menos muggles de entre ellos se aficionaron a leer otras cosas. Decía en una entrevista Jose Luis Córdoba (Panini) hace semanas que no notaban que la gente joven consumiera más Marvel por las películas… pero me lo creo un poco a medias. ¿Toda esa publicidad gratis a todo trapo (un trapo hecho de billetes de 500) y no suben las ventas? En realidad lo que creo más posible es que hayan ayudado a MANTENER las ventas en un mercado en el que cada título va vendiendo menos, y menos, y menos, y además compite con todo el ocio digital y mil formas diferentes de entretenimiento. Cuando publicamos JOHN WICK, basado en la saga de acción de Keanu Reeves, agotamos la primera tirada en cinco semanas. Algo tuvo que ver que el lanzamiento coincidiera con el estreno de la tercera entrega cinematográfica (algo que ocurrió por pura chiripa, en realidad, pero hasta un reloj parado da bien la hora dos veces al día). Y cuando veo la serie EL VECINO, pienso: este es el camino, joder. Sigamos así, no pares, desarrollemos universos en historieta que luego exploren todos los formatos posibles y abran vías de regreso al papel.

  2. Que a una editorial que publique menos de 150 títulos al año (en España, todas salvo una manita) le es absurdo planificar promociones más allá de las redes sociales, los influencers o enviar copias de prensa al lobby de los Divulgadores. Porque, a ver, ¿de verdad alguien espera que yo pague una columna en el catálogo de la Fnac para promocionar un cómic (1200€ de gasto publicitario), que ponga una torre con lonas a cuatro caras en la Plaza Universo del Comic Barcelona (1600€), un cuadro destacado en un reportaje para un diario autonómico cuando hay Feria del Cómic o similar (de 600€ para arriba) o que ponga carteles en los escaparates de la Casa del Libro (mejor ni os asusto con el precio de esto último)? ¡PERO SI LAS TIRADAS QUE HACEMOS SON DE 1000-2000 EJEMPLARES! No compensa en absoluto. Y no te sabría decir si a las grandes también: la PLANETA MANGA #1 parece haber funcionado bien, pero el stand que contrataron en el Manga Barcelona para promocionarla no bajaba de 10000€ de coste, por lo que se comía cualquier posible beneficio de las ventas en el propio evento. El asunto de la publicidad generalista es peliagudo porque no hay un término medio que sea útil: o pagas una burrada o no vale la pena meterse. Una editorial planetaria, con puntos de venta en todas las librerías del país, el Cortinglés, el Carrefour y hasta los pocos quioscos que quedan abiertos, esa se puede permitir una promo en condiciones. Y sufragar un premio literario de 600000€, también. Lo que le echen. Por eso las pequeñas y medianas editoriales se refugian en su nicho, donde encuentran y fidelizan lectores… pero que también da a muchísimas obras un espacio chiquitín para vivir en lugar de desplegar todo su potencial. /sad

  3. Que para llegar al mercado de consumo en 2020 lo que tenemos que hacer es convencer a unos cuantos Instagramers de estilo de vida para que promocionen la lectura de tebeos de aquí (si usamos la etiqueta de “novela gráfica” les persuadiremos mejor), y ya estaría.

Como no quiero acabar con nota pesimista, os dejo mi receta para que no extingamos esto y, sobre todo, los autores y autoras no claudiquen en su empeño de publicar en Spain: desarrollar planes de lectura de cómic en colegios y bibliotecas, fomentar el mecenazgo privado con las ventas anticipadas o reservas, y subir el PVP de los cómics de autores patrios (y su % de derechos también, también). Lo llamo EL NADA OBVIO PLAN DE PEDRITO, lo digo por si lo queréis replicar por ahí. Reivindiquemos de una vez que ofrecer un íberomanga a 8€ es denigrar todo ese trabajo, esa barbaridad de páginas. Que no tiene sentido seguir supeditando la publicación de tebeos de aquí al éxito de las licencias extranjeras que la rodeen y sufraguen sus pérdidas. ¿Que venderemos menos? Tendremos que arriesgarnos, aunque mi sentido arácnido me dice que el precio “que han de tener los tebeos” es un apartado en el que se puede reeducar, igual que hemos aprendido a pagar por ver series en Internet o el manga va a seguir subiendo de precio hasta ajustarse a la realidad de las ventas. Como editores se nos encomienda procurar el máximo beneficio para nuestros autores: como lectores también deberíamos tener esa consideración.