The Mandalorian Temporada 2, la serie de Star Wars convertida en el corazón de Disney+ vuelve sobrepasando nuestras expectativas

This is the Way!

Cualquier primer episodio de temporada tiene un plus de exigencia. Debe lanzar las tramas horizontales,  tiene que funcionar la episódica, mientras que se reclama un cliffhanger potente y, por último, hay que recompensar al público por la espera de un año (o más). Y si uno se imagina esto con una serie que no solo es la joya de la plataforma de Disney si no que es algo que ha conseguido conectar con los fans desencantados de Star Wars y traer nuevos a la franquicia, la presión que han soportado Dave Filoni y Jon Favreau debe de haber sido extraordinaria.

Afortunadamente, ninguno de los dos es un novato y han sabido mantener una coherencia férrea. Parece que nada de lo antes mencionado ha afectado en absoluto a su visión de la serie. Al ver este primer episodio de la temporada, da la sensación de que tienen ya controlados tanto el tono como el ritmo y que no van a emponzoñar eso por favorecer a los nadie.

La estructura y lo que está en juego esta temporada lo dejan claro en el impresionante e imaginativo teaser del episodio. En él se presentan los objetivos del protagonista y los conflictos a los que  va a hacer frente. Todo ello en una unidad dramática que funciona por sí misma. Es una entrada in media res muy efectiva y absorbente. Además de moverse en una clave de género inédita hasta el momento en la serie (se abraza un negro urbano criminal que recuerda a algunas grandes películas) y que le sienta de perlas.

¡PUM! ¡Estás muerto!

A partir de ahí, ya arranca la trama episódica. Y es cuando la serie ya vuelve a tocar sus teclas habituales. El western impregna todo de nuevo y se explicita todavía más que en episodios anteriores. Esta vez, los creadores parecen haber querido homenajear a La Trilogía del Dólar puesto que mantiene una estructura y un pretexto narrativo sumamente similar.  

Por no hablar de que el trabajo de planificación de Favreau (que es quien dirige este episodio) también invita a rememorar algunas de las ideas de Sergio Leone. Pero va más allá y también se hace referencia a otros ejemplos que harán delicias a los amantes del polvoriento género.

En cualquier caso, es muy meritorio como esta serie experimenta en ese sentido. Va trasladándose entre géneros (y entre movimientos del mismo género, incluso) sin perder su identidad. Todo fluye de forma orgánica y no se siente como si fuese una mezcla de cosas que no encajan. Es algo que Star Wars permite, pero que no se ha tendido a explorar demasiado. Siempre parece que esta saga debe transcurrir en las mismas cuatro cosas, pero ahí está The Mandalorian recordando que es más un lienzo en blanco que puede integrar absolutamente todo. Solo se debe hacer bien lo que se proponga. Y más en este caso, que busca subrayar el matrimonio entre el género estadounidense por excelencia y una de sus mitologías más importantes y populares.

El episodio guarda muchas sorpresas placenteras en forma de cameos, que ya se ha convertido en una de las señas de identidad de la serie. Pero lo que se ha ofrecido en este episodio es un ejercicio de metatextualidad la mar de enriquecedor y curioso. Al fin y al cabo, ¿Qué actor de Hollywood no querría formar parte de Star Wars?

¡Cuando se pidió un cíclope, se exigió que tenía que ser Scott Summers!

También cabe destacar que el éxito de la primera temporada se ha visto reflejada en más medios para esta segunda. Es un episodio absolutamente espectacular que no ha reparado en gastos a la hora de recrearlo todo a la perfección. Y los efectos especiales lucen a años luz respecto otras series. La factura técnica de esta serie no tiene competidor. Y tal vez sea gracias a que el progreso tecnológico de renderizado les ha permitido redistribuir el presupuesto.  

Favreau muestra un cuidado y un ritmo inexistente en sus últimos trabajos cinematográficos. Aunque sea una trama episódica y que las horizontales pasen a un segundo plano, consigue atraparte. Con poco, logras empatizar con los conflictos de los personajes, lo cual demuestra su dilatada experiencia en el mercado de contar historias.

Y una vez ha conseguido tu atención, no la suelta. Tiene un pulso muy férreo y entiende bien todas y cada una de las escenas. Como buen artesano, sabe darle todo lo que tiene que dar a la historia sin tener que quedar por encima de ella. Busca contar las cosas de forma clara y las posiciones de cámara y el montaje están dirigidos hacia esa meta. Normal que sea el chico de oro de Disney ahora mismo…

Y sí, Baby Yoda sigue robando todas las escenas en las que aparece.

También se nota una depuración respecto a los guiones de la primera temporada. En un primer vistazo no se han encontrado errores narrativos ni ex machinas exagerados, como sí que los había en los anteriores episodios. El guion de este primer episodio es muy sólido y, seguramente, sea de los más celebrados.

Mando y los suyos han vuelto siendo continuistas con los aciertos y puliendo los defectos de la primera temporada. La serie se aprecia mucho más consistente. Ya no cuentan con el factor sorpresa, pero no les hace falta. Y es que sigue funcionando como un tiro. Y no de los stormtroopers precisamente…

La primera temporada llegó a un pico imprevisto todo el mundo. Las películas estaban totalmente estancadas y parecía que este universo ya no iba a dar para mucho más de sí. The Mandalorian por el contrario logró que el espectador volviese a experimentar el gran poder de la imaginación y a recordar todo lo que hace que Star Wars sea disfutable. Las expectativas eran muy altas con este regreso. Y las han vuelto a superar.

I have spoken!