En la viñeta, de Juan Gamba, es una función que transmite toda la magia del cómic

Hemos visitado este espectáculo en vivo de un solo orador que se representa en Madrid, y esto es lo que nos ha parecido

Cinco cómics contados oralmente en el transcurso total de una hora. Piezas de variada procedencia geográfica, de Renato Moricci, de Jiro Taniguchi, de Bastien Vives, de Paco Roca y de Neil Gaiman, expuestas en un escenario por un narrador que no necesita más que su voz, su lenguaje corporal y la iluminación para transmitirnos no solo la sinopsis y diálogos de cada relato, sino también sus ritmos, matices, y todo lo que hace mágico a cada una de las historias elegidas.

La apuesta de Juan Gamba era arriesgada por varios factores, y podría haber salido mal por cualquiera de ellos. Para empezar, traducir a lo oral, hacer una especie de cuentacuentos, de algo sacado de un medio tan fundamentalmente visual como el cómic, tiene la obvia desventaja de faltarle uno de sus ejes y atractivos fundamentales: no solo las imágenes en sí, sino también las transiciones entre viñetas y páginas, los recursos narrativos y métrica que el noveno arte utiliza para crear el ritmo, y las sensaciones a transmitir. Estos factores, al final, son tan determinantes como la historia contada, o más, para clasificar a un tebeo de obra maestra o de mediocridad.

Por otro lado, el propio autor confiesa al comienzo del espectáculo que él no es un gran entendido en cómic, y que esta idea de adaptar tebeos al medio que suele trabajar surgió en un principio de otro encargo que le hicieron sin que él buscase. Ya nos conocemos los aficionados al cómic, lo tiquismiquis que podemos ser con los detalles: sin tener conocimiento profundo, era fácil haber cometido algún error (no solo en entender cómo opinamos que funcionan las viñetas, sino en los preámbulos que hace, contextualizando a nivel autores, y procedencia cada historia) indetectable para el lego, pero que nos hiciese torcer el morro.

Y luego está el tema de que se trata de dos medios muy distintos entre sí, y que lo que funciona muy bien en uno, podría perfectamente no hacerlo en el otro en términos de amenidad, ritmo, interés. Que el respeto al original no dejase respirar bien algo que debe tener sus propios valores sobre el escenario, y fascinar igualmente al público al que el tebeo no tiene por qué interesarle lo más mínimo.

Pues bien, Juan Gamba sale bien parado de todas estas cuestiones, y ofrece un espectáculo cautivador, que nos sumerge en la magia de unas historias que hace suyas, y desenvuelve con pasión sin despojarlas totalmente de sus raíces en el tebeo. La dosis de información oral es precisa en todos los casos, contándonos lo que necesitamos saber para que el espectáculo funcione, extendiéndose cuando debe, abreviando según convenga. Las inflexiones de voz, los momentos en que aumenta de intensidad o baja el ritmo, la gesticulación, y la debida alternancia entre humor y gravitas, se maridan con la cantidad justa de descripción visual: de viñetas, de onomatopeyas, de efectos en la rotulación, de estilización de las formas sobre el papel, de trazos y de color sobre el mismo. Gamba ha observado con perspicacia y captado las claves de transmisión de narrativa y de sensaciones en los originales, y ha verbalizado cosas que solemos dar por hecho cuando leemos un tebeo, que casi pasamos por alto ya. Y eso, lejos de trivializar, nos hace redescubrir la magia del medio, por muy paradójicamente que sea al reflejarla en otro. Esa visión de quien prácticamente la descubre por primera vez, en definitiva, nos contagia de entusiasmo.

El autor ha hecho los deberes, o está bien asesorado; tanto da: el resultado es que las pequeñas imprecisiones que pueda cometer cuando habla del cómic y de sus idiosincrasias quedan eclipsadas por los aciertos, por la precisa visión global que lanza. Hay tópicos en su discurso, sí, pero también cosas que parece que solo ustedes y yo sepamos sobre los tebeos, y ambas cosas son utilizadas muy eficazmente para hacer accesible la —una vez más— magia del medio, de cara al gran público. Queda por tanto una pieza muy interesante a nivel divulgativo (sí: siempre andamos así, los pesados del cómic, con nuestro afán proselitista), y tras asistir a ella posiblemente cualquier espectador al que no le hayan interesado nunca los tebeos quede contagiado por su encanto, y con el muestrario expuesto, pueda encontrar algún flanco de su interés por el que quizás le apetezca empezar a abordarlos.

En la viñeta reconstruye para el relato oral Bárbaro de Renato Moriconi (que es más un cuento ilustrado que un cómic, circunstancia señalada por Juan Gamba y que usa para definir con más definición por contraste al resto), Miedo a Caer de Neil Gaiman y Kent Williams (una historia de Sandman contenida en la recopilación Fábulas y reflejos), El olmo del Cáucaso de Jiro Taniguchi, Hollywood Jan de Bastien Vives, y El Faro de Paco Roca. Además, con lo que ha aprendido analizando estas obras, como último tramo de la función, Gamba crea un cuento propio en el que despliega hablados los recursos narrativos visuales que ha descubierto que tienen el manga, el cómic anglosajón, la BD europea, y el tebeo tradicional de factura española. Todo ello en una hora, sin que en ningún momento se haga pesado ni que, en el otro extremo, se sienta apresurado. La representación tiene lugar en la acogedora sala Off de Madrid, en la zona de La Latina (siendo obligatorio el uso de mascarilla y cumpliendo el resto de normas de seguridad por el COVID 19) durante los miércoles del mes de noviembre de 2020. Si desean retomar una parte de ocio fuera de casa, y perfectamente pudiendo ser acompañados por alguien que no sepa nada de cómics, es una opción muy a considerar, y que, desde Sala de Peligro, les recomendamos. Para más información, visiten este enlace

No sé a ustedes, pero a un servidor no le suele gustar cuando un amigo, para recomendarle una obra, lo que hace es contársela profusamente, arrebatándole así el placer de encontrarse con ella y disfrutar, no ya solo de qué se cuenta (que puede quedar arruinado según la sensibilidad de cada uno a los spoilers), sino de cómo se cuenta, cómo descubres el trabajo en cuestión por primera vez, tal y como lo pensaron los autores, sin filtros en medio. Se suele conseguir el efecto contrario al buscado, y en lugar de fascinación, si la persona que te habla de ello no tiene cierto talento como orador, el entusiasmo con el que trata de comunicártelo en ocasiones puede rozar lo cansino en muy breves minutos. Y a partir de entonces, pues aunque se le dé una oportunidad a la obra, ya no suele transmitir tanto como se supone que debería. Con En la viñeta, no solo no ha sucedido esto (y uno tiene ganas de leer por primera vez cómo Jan conoce a esa chica pelirroja, y como el farero Telmo cuenta sus historias), sino que además siente unas ganas irresistibles de observar con nuevos ojos cosas que ya conoce: por ejemplo cómo Todd cae en sus sueños, o cómo un dibujo en blanco y negro puede llegar a trasmitirnos el color verde de los brotes de un olmo.