Los Invisibles (traductores en la sombra)

La traductora Marina Borrás reflexiona sobre la importancia de los traductores en la industria y sobre la campaña #quientraducecómics

Marina Borrás (@MarinaBorras) es una prestigiosa traductora de la industria del cómic en España, responsable de traducciones de cómics de Planeta, Dibbuks o Norma. Traductora del inglés, francés y catalán al castellano, también trabaja en la traducción audiovisual para plataformas como Netflix, HBO o Amazon Prime.

Además, Marina Borrás es tesorera de ATRAE (Asociación de Traducción y Adaptación Audiovisual de España, @ATRAE_ORG)

La mayoría de los títulos que lees son de producción extranjera, un 70 % según el informe de la Asociación Cultural Tebeosfera. Es decir, traducciones. Sin embargo, ¿serías capaz de nombrar a algún traductor/a? Seguro que puedes enumerar a tus autores y autoras favoritos, pero ¿y las personas que han traducido sus obras? No olvides que cuando lees un cómic, lo que estás leyendo es una versión adaptada, en palabras de otra persona. La versión de un traductor que, al fin y al cabo, es un autor. Y, si los traductores también son autores, ¿por qué son invisibles?

Siempre se ha dicho que la misión de un traductor es ser invisible, que su trabajo no llame la atención, porque si algo te llama la atención es normalmente para mal. El problema es que se detecta más rápido un gazapo que una traducción brillante por un motivo muy obvio: cuando leemos un cómic, no contamos con el texto original para comparar. Y un poquito también porque es más fácil criticar que alabar un trabajo bien hecho. Para muestra, un «sicansíos». Cuando los espectadores de Juego de tronos descubrieron que en el doblaje se había introducido un palabro inventado, les faltó tiempo para lanzarse al cuello del traductor sin pararse medio segundo a pensar en que quizás las condiciones de trabajo de los traductores y traductoras no son siempre las más óptimas. Si las condiciones y las tarifas son buenas, eso se refleja en el resultado, porque puedes dedicarle el tiempo y el mimo que merece. Pero ese es otro tema. Hoy quería hablaros de nuestra invisibilidad.

A día de hoy, en la página de Tebeosfera hay registrados casi 800 traductores. Puede parecer una cifra sorprendente, pero en 2019 se publicaron 3771 títulos nuevos y el volumen no deja de crecer. Habrá quien piense que una traducción es una tarea rápida y relativamente sencilla («esto me lo traduce el primo que estuvo en Londres»), pero nada más lejos de la realidad. Ningún traductor que se precie utiliza Google Translator (a menos que quiera echarse unas risas), tenemos nuestras propias herramientas y recursos para asegurarnos de que tu experiencia como lector/a sea la misma que la de los lectores/as en la lengua original. Eso implica conocer muy bien la cultura del idioma de partida para detectar todas las referencias, los dobles sentidos, las ironías y los juegos de palabras, y trasladarlos a la lengua traducida, que también debemos dominar, de forma que se pierda lo menos posible por el camino. Cuando lees un cómic y el guion es fluido, es porque alguien ha hecho bien su trabajo. Y es digno de mención, porque una mala traducción te puede fastidiar por completo la experiencia.

Para quien no lo sepa, voy a describir brevemente el proceso de traducción de un cómic: La propuesta del encargo llega por parte del editor/a. Acordamos el plazo de entrega y la tarifa por página, tras lo cual se procede a la firma del contrato donde se estipulan, entre otras muchas cosas, el porcentaje de las regalías (como ya he comentado, el traductor, según la Ley de Propiedad Intelectual, es autor de la obra y, como tal, cobra por sus servicios en concepto de anticipo de los derechos de autor). El editor/a nos envía normalmente un PDF (si tenemos suerte, recibimos adicionalmente un original en papel). Nos leemos el PDF, nos documentamos, creamos un glosario y procedemos a traducir el texto en un archivo Word. Por cierto, durante el proceso de traducción no podemos ponernos en contacto con el autor/a original ni recibimos pistas ni indicaciones de hacia dónde avanzará la trama. Esto significa que si hay algún girito lo descubrimos igual que el resto de los mortales, leyendo el siguiente número, y si eso nos fastidia algo de la traducción del número anterior, pues mala suerte. Una vez terminada y revisada la traducción, un paso adicional sería leerla en voz alta para ver si funciona y suena natural, ya que los cómics imitan el lenguaje oral. Entregamos el trabajo y esperamos las correcciones, si las hay, ya que por desgracia no estamos en contacto con las personas encargadas de la corrección, la rotulación ni la maquetación (la falta de comunicación entre los eslabones de la cadena es un problema en todas las ramas de la traducción). A mí me gusta recibir comentarios porque cualquier traducción se puede mejorar. En cualquier caso, la traducción no se debería modificar sin avisar al traductor, según la LPI. El último paso sería recibir el archivo maquetado con la traducción para echarle un vistazo y revisar cómo han quedado los bocadillos, por si se tiene que acortar alguna frase. Finalizado el trabajo, solo queda esperar a recibir el cómic impreso con ilusión.

Pues es una cadena de trabajo como tantas otras, ¿no? ¿Qué tiene de especial? Os comento un poco las peculiaridades de la traducción de cómics. Como traducción subordinada, depende del dibujo y, además, tiene restricciones de espacio; por ejemplo, las traducciones del inglés al español suelen ser un 20 % más largas que el texto original y a menudo hay palabras que simplemente no caben. Es decir, se te puede ocurrir una traducción buenísima para una broma, pero si no encaja con el dibujo o no cabe en el bocadillo, ya la puedes ir descartando y pasarte un buen rato pensando en otra opción. Esto pasa constantemente con los subtítulos, ya que además se tiene que tener en cuenta la velocidad lectora del espectador/a y puede llegar a perderse hasta un 50 % del original por el camino… y sí, los subtítulos SÍ dicen lo mismo, aunque no sea palabra por palabra o se omitan elementos por pura necesidad. La de veces que he oído «Es que en los subtítulos no pone lo mismo»… Qué fácil es criticar, copón. En fin, volvamos a los cómics, que es el tema que nos ocupa:

Cuando leáis un cómic y os riais con un juego de palabras bien resuelto o lloréis con un guion impecable, buscad el nombre del traductor o traductora (en algunos casos quizás os haga falta una lupa). Con el tiempo, puede que lleguéis a identificar el estilo de esa persona y descubráis que tenéis traductores y traductoras favoritos. Y, si reseñáis cómics, os animo a citarnos en vuestras reseñas para ayudarnos a salir de entre las sombras.

ACE Traductores, la sección autónoma de traductores de libros de la Asociación Colegial de Escritores de España, ya lanzó en 2016 la campaña «Acredítame» para conseguir que se mencione a los traductores y traductoras en las reseñas. Tradurietas, la comunidad de traductores de cómics, se ha hecho eco de esa campaña con las etiquetas #traducidopor #quiéntraducecómics (siguiendo la estela de ATRAE, la Asociación de Traducción y Adaptación Audiovisual de España, con la etiqueta #QuiénTraduce).

Al fin y al cabo, el reconocimiento repercute en las condiciones de trabajo y, en última instancia, eso nos beneficia a los lectores y lectoras, porque el producto final será de mejor calidad.