La problemática relación autor-obra y qué ocurre cuando estos adquieren actitudes violentas, tránsfobas o delictivas.

J.K. Rowling, Scott Allie, Tatsuya Matsuki, Cameron Stewart o Warren Ellis, entre otros, son autores prolíficos y exitosos que, sin embargo, han demostrado no ser tan buenas personas como sus obras les hacían parecer. ¿Qué ocurre entonces con sus obras?

Lo primero que queremos dejar claro en este artículo de opinión es que desde Sala de Peligro no toleramos, ni toleraremos, actitudes denigrantes por parte de ningún autor o autora hacia ninguna persona o colectivo. Porque, aunque esto pudiera parecer obvio, no siempre puede parecerlo cuando se tratan temas como los que aquí van a cuestionarse. Y que, a partir de esa idea, las ideas expresadas en este artículo de opinión, son responsabilidad única de la aquí firmante. Ya que, desde la web, nunca se ha censurado este tipo de escritos.

Este artículo surge como consecuencia de la carta abierta firmada por autores como Stephen King, Neil Gaiman o Margaret Atwood (autora de El cuento de la criada) apoyando a la comunidad transexual y no binaria de Estados Unidos, respecto a las últimas declaraciones de J.K.Rowling, autora de Harry Potter, quien en los últimos años ha demostrado ser una persona tránsfoba y muy poco empática, hasta tal punto de crear personajes en sus nuevas obras que justifican su pensamiento. Siendo estos una representación completamente arbitraria, ficticia y errónea de las personas transexuales y no binarias.

Aunque del tema J.K. podríamos estar hablando durante siglos, Sala de Peligro es una web centrada básicamente en las reseñas, artículos, crítica y divulgación del cómic. Por lo que, como en todo elemento cultural, podemos encontrar estas mismas actitudes por parte de autores y autoras relacionados con este arte. Y es que el mundo del cómic no está exento de personas cuyas actitudes no sólo dejan mucho que desear, sino que además deben reprobarse y penar, llegado el caso.

Este año han salido a la luz varios casos de acoso y abuso sexual por parte de Scott Allie, escritor, editor y ejecutivo en Dark Horse Comics; varias mujeres reprocharon de forma pública las conductas sexuales de Cameron Stewart y Warren Ellis, autores más que reconocidos dentro de la industria del cómic estadounidense; el mangaka Tatsuya Matsuki, autor del exitoso manga Act-Age fue arrestado por acoso sexual a dos menores… Todas las denuncias, reproches, y acciones en contra de estos actos, al igual que en el caso de las denuncias en contra de acciones de autoras como Rowling, son denuncias que deben seguir apareciendo, y que deben seguir reprobándose de forma pública. No sólo por parte de las editoriales que les publican, y que no en todos los casos lo hacen, sino también por parte de compañeros de trabajo y fans de sus obras.

¿Pero qué ocurre entonces cuando, como lector, he estado disfrutando durante mucho tiempo de las obras de algún autor o autora, del que ahora he descubierto estas actitudes? Entra aquí la problemática eterna de “separar obra y autoría”. Algo que parece mucho más fácil de lo que realmente es, y que en Historia del Arte (disciplina de la que yo provengo) llevamos siglos discutiendo.

Ante todo, hay que tener en cuenta que cualquier obra artística es producción de uno (o varios) autores en concreto. Así, como de un tiempo muy concreto. Por lo tanto, nunca podemos desvincular la obra del tiempo en que se creó ni de su autoría. Sin embargo, podemos disfrutar de la obra de una forma diferente y decidir, en el momento en que conocemos estas actitudes por parte de los autores, si seguimos apoyándolos en sus carreras o no.

Esto es fácil de entender si ponemos como ejemplo un pintor del siglo XVIII, cuyas pinturas son preciosas y espectaculares para la Historia del Arte. Pero que, tras muchas investigaciones, sabemos que ese autor pintaba así de bien porque era tremendamente cruel con la gente que trabajaba para él. ¿Tenemos que quemar sus cuadros? No. Tenemos que contextualizarlos, y señalar que eso no era forma de tratar a nadie ni en esa época, ni en ninguna otra, porque como sociedad hemos avanzado y sabemos que eso está mal. Podemos aprender del pasado sin glorificarlo, y crear una nueva narrativa de aprendizaje a su alrededor. ¿Cuál es el problema con los cómics, libros y demás temas que estamos tratando en este artículo? Que sus autores están vivos y siguen cobrando derechos de autor por sus obras. Además de seguir diciendo/haciendo cosas que más les valdría replantearse.

Pongamos el ejemplo más claro de todo esto, ¿por qué no debemos quemar/sacrificar la lectura de Harry Potter teniendo en cuenta en lo que se ha convertido J.K.Rowling? Durante mucho tiempo, las novelas de esta saga fueron el refugio de mucha gente joven que se sentía fuera de lugar. Durante mucho tiempo, esa gente encontró en esos libros un sitio donde se sentía aceptado y donde, en teoría, cabían todo tipo de realidades. Con el tiempo, la autora se ha destapado como una persona tránsfoba y con unos ideales muy poco empáticos, por decirlo finamente.

Pero su obra ha trascendido más allá de ella. Forma parte de la vida de muchos lectores. Intentar eliminar el espacio seguro sobre el que muchos lectores crecieron es tremendamente erróneo. Además, esos libros ya están vendidos, aunque los quemáramos todos, no serviría de nada respecto al daño económico que puede hacerle a la autora. Ahora bien, sus nuevas obras es otro cantar. Consumir (porque sí, el arte se consume) nuevas obras de esta autora es apoyarla en sus declaraciones. Comprar nuevos productos relacionados con su obra, es apoyarla en sus declaraciones, pero tener ideas, recuerdos y un sentimiento de apego por una obra que en su momento hizo felices a millones de niños, no es reprobable. Entre otras cosas, porque no podemos negar de forma unilateral los sentimientos de la gente.

Lo mismo ocurre con los cómics de los autores que hemos comentado antes. Sus acciones son inexcusables, ¿debemos quemar sus anteriores cómics? No. Tenemos que releerlos y entender de dónde vienen, por complejo que sea en este momento. ¿Podemos sentirnos incómodos y no querer volver a leerlos? Por supuesto, no estamos obligados de ninguna forma a profesar ningún tipo de apego por obras cuyo contenido es bueno, pero cuyo origen ahora sabemos que es nefasto.

¿Son por ello menos buenos estos cómics si transmiten valores positivos? No, no son menos buenos, en todo caso son incongruentes con la realidad de los autores. Si bien desde el momento en que conocemos cómo son dichos autores no podemos negar la evidencia que sus nuevas obras, si las hay, serán parte de un entramado poco limpio. Y que queda en la conciencia de cada uno el apoyar esas nuevas obras o no.

Con todo esto no quiero decir que la gente no cambie, puede hacerlo, pero es muy complicado redimirse de según qué actos. Algunos de ellos imperdonables. Si, además de todo esto, la actitud se mantiene y se continúa en el tiempo como el caso de J.K.Rowling quien ha decidido no sólo mantener sus palabras sino además crear una especie de movimiento que las apoya en sus propias obras. Pues entonces debemos, como se hizo en la carta abierta mencionada al inicio, reprochar sus actos y reafirmarnos en que es imperdonable la actitud de algunos autores. Y tener en cuenta que existen infinidad de obras cuyas autoras y autores son empáticos, y sus trabajos son una maravilla.

Así pues, ¿podemos separar autores y obras? Sí y no. Podemos disfrutar de las obras anteriores a según qué hechos, podemos contextualizarlas y saber de dónde vienen para entenderlas como realmente son. Y tenemos que tener en cuenta, a partir del momento en que conocemos su verdadero origen, que nuestra nueva compra se convertirá en apoyo de sus ideas. Pero no debemos castigar o señalar a quienes disfrutan de obras que en un momento dado les dieron un mundo que les hizo disfrutar, o sentirse seguros. Porque cada uno encuentra la seguridad sobre la que fundamentar su vida donde puede. Y, a veces, es en las páginas de un libro o un cómic.

Lo que sí podemos, por otro lado, es recomendar obras de temática parecida que puedan ampliar el campo de lectura de aquellos con quienes hablemos. Leer, comentar, recomendar y compartir libros y cómics es siempre la manera de que todos aprendamos cada día un poco más. Y si esto además lo hacemos a través de obras y autores cuya forma de vida es empática e inclusiva, todavía mucho mejor.