Invisible Kingdom, la llamada a la libertad de G. Willow Wilson que arrasó en los premios Eisner será publicada por Astiberri

La editorial vasca recupera una de las interesantísimas propuestas de Berger Books.

G. Willow Wilson es uno de los talentos y esperanzas del cómic contemporáneo. Su carrera habla por sí sola. A pesar de que estuviera nominada al Eisner en 2008 por Air y se ganara un gran prestigio por sus trabajos literarios, no fue hasta que creó a Ms. Marvel cuando el gran público se quedó con su nombre. A pesar de que publicase unos cuantos títulos en las dos grandes, necesitaba volver a lanzar trabajos alejados del género y de índole más independiente.

Para ello volvió a colaborar con la histórica editora Karen Berger quien, tras abandonar Vertigo antes de su cierre definitivo, fundó el sello Berger Books, en Dark Horse. Y el proyecto a desarrollar no iba a ser otro que Invisible Kingdom. Se trata de una miniserie que, en el primer volumen, se deja entrever que bebe mucho de las experiencias personales de la autora. Ella partió del ateísmo al islam y ha residido una temporada en Egipto, donde ha estado implicada dentro de la comunidad.

La religión en Invisible Kingdom tiene un peso importante en la trama. Aunque, tal y como ella misma ha reconocido, para la creación de esta obra indagó en la vida de las religiosas durante el medievo, es difícil no ver paralelismos con la propia vida de la autora.

Portada con la que Astiberri ha anunciado la publicación del título.

En esta space opera el protagonismo está dividido en dos puntos de vista diferentes pero complementarios. El primero que se presenta es el de Vess, una joven de una raza en extinción que, en lugar de optar por colaborar por la supervivencia de los suyos, decide introducirse en la Iglesia de este universo. Es una decisión controvertida porque, no solo supondría la posible desaparición de su cultura, sino porque socialmente no está aceptada los miembros de ese colectivo religioso.

La otra protagonista es Grix, una empleada de Lux, una corporación que controla, básicamente, todo el comercio. Se dedica a enviar paquetes aquí y allá hasta que termina harta y busca liberarse de esa forma de esclavitud. La clave está en destapar algunas irregularidades e ignorar las órdenes directas de la empresa, aunque ello signifique tener a todas las fuerzas opresoras en su contra.

No es difícil captar que ambas son distintas partes de su personalidad. O, tal vez, el choque entre su yo pasado y presente. En cualquier caso, es una dicotomía bastante ingeniosa que resulta efectiva en ese contraste entre ambas y cómo llegan a un entendimiento mutuo y a cómo se hacen falta si quieren lograr sus objetivos. El mensaje de camaradería, de convivencia y de respeto también está presente en el modo en el que interaccionan los personajes entre ellos. Solo se puede luchar contra la decadencia moral colaborando. Y en este mundo, está totalmente ligado la idea de que para poder decidir tus pasos, debes eliminar todo aquello que te impida seguirlos, ya sea una empresa egoísta o una entidad religiosa de duda credibilidad.

El feminismo en esta obra es evidente, aunque de una forma totalmente soterrada. Al final de lo que se trata es de dos mujeres decidiendo su propio camino, aunque ello suponga chocar contra todo un estatus quo que ya tenía decidido qué es lo que debían hacer. La lucha por la justicia y los principios individuales por encima de las imposiciones sociales. Especialmente si es una sociedad corrupta como la que aquí se muestra.

Esta obra es una que se concia a fuego lento durante los dos primeros números. Se cuentan las dos historias de forma independiente, aunque visualmente se den pistas de que están conectadas. Para subrayar eso, cada capítulo contiene cuadros de texto que citan de los textos sagrados de la religión de Vess, lo cual amplia esa sensación de predestinación a algo mayor.  

Una majestuosa página de Ward. ¡Amén!

Christian Ward ha tenido la difícil papeleta de hacer atractivo un universo construido de la nada. Y el artista no solo ha conseguido hacerlo, si no que ha conseguido que uno se familiarice con él rápidamente. Los diseños de este artista logran contener los elementos lo suficientemente mundanos para que sean amables, pero a la vez siempre logrando que den una sensación de extrañeza. Además, tiene un estilo en el que es capaz de transmitir una sensación de lirismo sumamente cautivadora. Todo tiene un aire onírico que ensalza la obra, unas imágenes de una belleza divergente y unas composiciones imaginativas. Un tratamiento gráfico muy especial que convierte  esta obra en una  space opera que hace que evolucione el género.

El dibujante también hace los colores, y opta por una paleta muy llamativa. Los colores no se tienen por qué regir una lógica habitual y se nota un interés por experimentar en ese aspecto. Eso funciona a las mil maravillas en este género que trata de sorprender. Y lo logra. El tratamiento de color de esta obra es arriesgado y, por ese motivo puede que no conecte con todo el mundo. Pero lo cierto es que es muy acertado y más preciso de lo que pueda parecer. Al fin y al cabo, contribuye a la construcción estética de una serie que pide a gritos un acercamiento experimental.

Invisible Kingdom es un cómic que no tiene nada que envidiar a la mejor space opera juvenil y, por ello, logró alzarse con dos premios Eisner (fueron suyas las codiciadas categorías de mejor serie nueva y la de mejor dibujante multimedia). Un viaje iniciático en búsqueda de la libertad y de la justicia. Un excelente trabajo preventivo que saca a coalición que los problemas individuales también son universales. Aunque en España ha sido Astiberri quien ha podido acceder a Invisible Kingdom. La salida está prevista para principios del año que viene en un tomo similar al estadounidense. Una de las grandes sorpresas que aguardan para el 2021.