La Vieja Guardia, el cómic que Netflix ha adaptado en una película protagonizada por Charlize Theron

Greg Rucka y Leandro Fernández cuentan historia de sangre, traiciones e inmortalidad.

El tiempo es tan efímero como su paso es doloroso. Todo el mundo desearía detenerlo y poder quedarse a vivir en un momento particularmente feliz o placentero. Sin excepción, son temidos los efectos que pueden tener sobre el carácter, sobre el aspecto, sobre la salud de las personas. Es un filtro implacable contra el que nadie ni nada puede hacer más que resignarse. Y es que, a largo plazo, todas las historias acaban igual.

Por ese motivo la ficción siempre ha tanteado siempre con la idea de inmortalidad. O, por lo menos, de un envejecimiento más dilatado. Es algo que, a priori, por ese temor al final inevitable y a lo que puede suceder o no después de él, es una de las más míticas tentativas de la humanidad. Nadie quiere morder el polvo. ¿Quién no se ha preguntado cómo será el mundo una vez ya no esté? ¿Quién no siente que se está perdiendo algo a causa del tiempo limitado que esté aquí?

La respuesta es que seguramente la gran mayoría haya tenido esas inquietudes. Ahora, aquello a lo que no llegan todos es a reflexionar el coste que ello tendría. Pocos quedarían dispuestos a aceptar el increíble dolor de terminar solo por haber sobrevivido a todo el mundo.

Ese tipo de cuestiones son las que pone encima de la mesa Greg Rucka en la elaboración de La Vieja Guardia. Se aprecia rápidamente que es un autor con una trayectoria contando historias, lo cual le permite abrazar cuestiones complejas y abstractas con su particular toque en un cómic independiente y salir totalmente refortalecido.

Portada del tomo de Norma Editorial.

Pero quien se espere una obra de calado filosófico acerca de la futilidad de nuestra existencia, estará parcialmente errado. Algo de eso hay, además de ganas de aportar a ese concepto: los personajes de esta historia no son inmortales. Tan solo son gente a la que no le ha llegado la hora, cosa que puede llegar a suceder en cualquier momento. Es un matiz ligero, pero que añade una vulnerabilidad necesaria a los personajes, haciéndolos más empáticos.  Pero lo que uno se encuentra al abrir y leer estas páginas, prediominantemenete, es una historia de acción desenfrenada. Lo que pasa es que se diferencia de la corriente dominante al no ser descerebrada, dando algo de contenido y temas de fondo, teniendo algo verdaderamente que contar.

El bueno de Rucka no es nuevo con las historias de espionaje y ya ha demostrado ser un escritor más que capaz de escribir a personajes femeninos tridimensionales extremos y que están encabezando la guerra. Andy, la torturada pero estoica protagonista de este relato es buena prueba de ello. Como bien sabe, una mujer de acción no es, bajo ningún concepto, tienen carácter masculino. Ni mucho menos más incapaz de realizar cualquier acción que pueda hacer un hombre. El trabajo de caracterización de la protagonista, sumada al carisma de los compañeros es lo que provoca, en último lugar, quiera conocer más de este mundo.

La premisa es sencilla: un grupo de mercenarios inmortales tratan de actuar sin ser detectados. Según dicen, es porque es peligroso para todo el mundo si se dieran a conocer porque todo el mundo querría sus habilidades (aunque, a poco que se los conozca, en realidad lo hacen porque no quieren sufrir más de lo que ya lo han hecho). Sin embargo, Copley, un agente para el que ya trabajaron, les hace una oferta que aceptan por la jugosa recompensa. Todo ello conduce a una encerrona que puede hacer públicas sus habilidades. Y eso es algo que no se lo pueden permitir.

Rucka, además, es alguien con un manejo del ritmo y del tono muy cogidos. Sabe dosificar la información que, en este caso, es la justa, para que la narración fluya. Además, sabe manejar muy bien el tono y el género, combinándolo con una visceralidad muy descarnada. Es un cómic en la línea de la violencia del cine de acción contemporáneo, que parecer ser una gran influencia para este cómic. Aunque también es coherente con el cuerpo de su trabajo.

Este autor es uno de los más honestos de este medio y esta pieza lo demuestra. No es alguien interesado en lanzar un producto a medio cocer y por muy ágil que sea todo y el contenido más dependiente de la peripecia, nunca es un producto hueco.

«Y hoy ni me tocaba ir a trabajar…»

El trabajo gráfico de Leandro Fernández es simple y llanamente impecable. Tiene una fuerza muy basado en el dinamismo, haciendo la lectura algo muy vivo para el lector. Sus personajes son totalmente expresivos y tiene un estilo que, al igual que tantos otros, encaja perfectamente en este tipo de historias. Además, está mucho más depurado de lo que pudimos ver en su Punisher:Max, exhibiendo un talento y una espectacularidad en cada página que evoca a su  Eduardo Risso.

Los colores de Daniela Miwa mantiene cierta naturalidad, a la vez que proporciona una sensibilidad muy específica a los colores. En muchas ocasiones, incluso antepone esa expresividad. Como es lógico, teniendo en cuenta el género y el tono de la narrativa, se imponen los colores más oscuros y las sombras. Pero, al contrario que en otros casos, los colores son muy vivos y cálidos. Ese apartado gráfico, probablemente, sea por aunar ese toque de neonoir posmoderno con esa necesidad de constatar que no es una historia de género demasiado convencional.  

La edición de Norma Editorial incluye portadas alternativas del propio dibujante, además de Chris Samnee, Nicola Scott y de Michael Lark.

Debido al éxito del primer volumen (y aunque este se concibiera inicialmente como una historia única), se propuso hacer un segundo volumen, Force Multiplied. En él Andy debe hacer frente a alguien cercano de su pasado que dejó atrás. Lástima que ese alguien no lo hiciera. A pesar de que estuviese planeado estar completo antes del estreno de la película, queda por publicar un último número.  Y en el futuro se atisba un tercer volumen que cierre una trilogía de estos mercenarios longevos.

Durante la producción de este segundo volumen, se dio luz verde a la película que llegará a los mejores televisores este mismo viernes. La producción de Netflix es ambiciosa y cuenta con una Charlize Theron más que consagrada como heroína de acción. Queda por comprobar si corre la misma suerte que el material adaptado por el mismo guionista.  

La Vieja Guardia no será recordado por ser un prodigio narrativo. Está lejos de los trabajos más contundentes de Rucka, aunque este sea más persona para él. Pero es un cómic que equivale a un chuste de frenesí adrenalínico. Y con eso basta y sobra.

Título: La Vieja Guardia. Libro Uno: Abriendo Fuego
Guion: Greg Rucka
Dibujo y color: Leandro Fernández
Edición Nacional: Norma Editorial
Edición Original: Image Comics
Formato: Rústica,  184 páginas a color
Precio: 19€