Universo Sandman, el retorno al mítico mundo creado por Neil Gaiman

Universo Sandman ha sido una de las mayores sorpresas de DC en los últimos años.

Recuperar y expandir un hito es de las prendas de mayor tallaje que deben vestir cualquier artista. No es plato de buen gusto intentar no desmerecer una obra que marcó un punto de inflexión o que impactó emocionalmente de forma muy profunda en los receptores. Pocas cosas pueden ser más intimidantes que eso, que crear sabiendo que se va a comparar constante con un inalcanzable de forma independiente.

Tal y como se aprendió en películas como Amadeus el camino de la competición contra un titán solo conduce a la frustración. Porque por mucho que pueda dar el máximo esfuerzo, siempre lo más mínimo de la otra persona será superior. Y siempre la visión de uno mismo siempre será injusta por la comparativa.

Tratar de conseguir algo con The Sandman es algo parecido. Es una de los trabajos más emblemáticos de los noventa, algo atemporal y trascendental que no se puede disociar ni obviar del mundillo. La primera llamada de atención de un incipiente Neil Gaiman que se convirtió en la estrella que sigue siendo hoy. En definitiva, un acontecimiento que, aun a día de hoy, hace que corran ríos de tinta. Si eso es lo que distingue el buen arte del malo, The Sandman es indiscutiblemente bueno.

Por su vigésimo quinto aniversarios, Gaiman volvió a escribir una historia de Morfeo. Una que, según el escritor, era una cuenta pendiente desde que escribió su etapa, una que tenía ganas de contar desde hace tiempo. Para ello contó con el dibujante J.H. Williams III que dio el do de pecho. Sin embargo, es una obra muy particular con una ambición más poética que narrativa. Sirvió a la vez como epílogo, prólogo y homenaje a todo lo que significó esta pieza.

Por tanto, tampoco se podría tener en consideración como gran continuación. Entonces, ¿Cómo se podría expandir este universo tantos años después? DC dio en el clavo a la hora de construir esta manera de seguir explotando esta franquicia: con series creadas por equipos creativos distintos capitaneados por el hombre detrás de todo, Gaiman.

Con ello, pensar en un cómic que haya podido tener la pegada que tuvo esta pieza a día de hoy, con un mercado manejando cifras y absolutamente fagocitado por las producciones audiovisuales, es difícil.  Sin embargo, cuando se anunció Universo Sandman fue recibido con cierta expectativa. No en vano, todos y cada uno de los nombres escogidos fueron cosa del escritor británico.

Ahora solo queda valorar si los distintos títulos han estado o no a la altura de la expectación o si el prejuicio de los más escépticos estaba justificado.

El Sueño

Esta serie es la que más suena a algo parecido. El Sueño es un retorno a un hogar roto para el lector. Pero, aun así, sigue siendo un lugar que se conoce.

Este proyecto parte del cierre de The Sandman, con un nuevo Morfeo que decide abandonar su reino. Y las consecuencias que esa arbitraria decisión provoca. No son pocas, todo está fracturado, la realidad se desmorona y, por si fuera poco, una joven ha obtenido la habilidad de acceder al reino sin necesidad de estar durmiendo.

El trabajo de Simon Spurrier sirve para consolidarse como un narrador con bastante creatividad en búsqueda constante de enfoques novedosos. Eso lo hace poniendo al lector en la piel de personajes que en la serie madre eran secundarios. Pero logra que, con eso, no solo no mate el carisma que antes tenían, si no que los convierte en personajes todavía más profundos.

Lo mismo se puede decir de una temática bien escogida ya que logra combinar algunos de los que hizo que el trabajo de Gaiman fuese memorable, con algunas de las obsesiones del autor. Aun así, es consistente en el tratamiento de asuntos tales como, por ejemplo, lo viejo y lo nuevo, lo cual va en favor de las características de esta propuesta.  

Pero si algo reina por encima de todo es un vacío de poder que impregna todo.  El guion logra transmitir, mediante un ritmo muy calculado, lo intrincado que es apagar fuegos constantes cuando no estás capacitado para ello. En lugar de darte cuenta de que, seguramente, todo haya ardido desde hace tiempo. El autoengaño obsesivo de que todo va bien a pesar de que, con ello se siembre más caos del que se pretende aplacar.  

Los dibujos de Bilquis Evely no es menos notable. Aparte de captar la esencia de personajes clásicos y del ambiente, dando una sensación de retorno al hogar, consigue que la serie tenga un componente estético propio. Lo hace a través de un diseño sugerente de personajes nuevos y, por las circunstancias narrativas, de conseguir crear un ambiente diferente sobre algo que ya se tiene más que sabido.

Por todo ello, se puede apreciar claramente que es el producto más continuista y la principal de este relanzamiento. Y, puesto que recoge algunas de las virtudes que hicieron grande a The Sandman a la vez que intenta poner sobre la mesa un estilo propio, justo merecedor de la reciente nominación a los premios Eisner.  

El Sueño es un magnífico ejemplo de cómo dar continuidad a un intocable. Sabe hacerlo desde la distancia, optando por puntos de vista nuevos y narrando con soltura temas considerablemente antinarrativos. Brilla con luz propia por su complejidad y es la pieza más engrasada del artefacto.

Lucifer

Con Lucifer hay una sensación similar: la cima alcanzada por Mike Carey es imposible de sobrepasar. Ahora bien, si se logra obviar eso, se podrá acceder a la que, seguramente, sea la serie más perversa e incisiva de las que DC tiene publicación en estos momentos.

Estrella del Alba hace honor a su apodo puesto que este primer tomo deja es un destello para el lector. Tiene ideas que llevan al personaje fuera de su zona de confort y se le ve desposeído de todo aquello que lo hace poderoso. Tendrá que reponerse y dar la vuelta a las circunstancias en las que le han sometido aquellas víctimas que ha dejado a su paso.

El guionista, Dan Waters, está muy lúcido a la hora de humanizar a este diablo con el que se pueda llegar a empatizar. Para luego destruya nuestros sentimientos mostrando la verdadera naturaleza perversa del personaje. Seductor, esquivo, impasivo, obstinado, destructivo… Pero siempre con belleza y lirismo.

Este cómic consigue contraponer los dos puntos de vista de una forma muy sutil. Cuanto peor le va a al representante humano, el detective John Decker, más positivas resultan las circunstancias para Lucifer.  Esa manera de ahondar en la constante pugna humana entre bien y mal, y la constante decadencia de nuestra condición lleva a una inexorable perdición.

También son interesantes las intrahistorias y el microcosmos que ha logrado crear alrededor de esta figura. Es un cómic de difícil lectura por la densidad, pero, a la vez, es uno que logra enganchar gracias a que hay un interés por el calado filosófico y por las situaciones extremas que el lector presencia. Es exigente en el mejor sentido que pueda tener la palabra.

La labor de los hermanos Fuimara encaja a las mil maravillas y buena parte del mérito de la densa atmosfera que logra este cómic es mérito suyo. Se recrean distintos ambientes que son irrespirables en todo momento, con estilos y colores claramente diferenciados. Y a pesar de una fealdad consciente, se puede apreciar un gozo estético de ese duro tenebrismo.

Sería difícil no conseguir que un personaje tan legendario como este se luzca. Y esta nueva andadura de Lucifer consigue que lo haga en un producto oscuro y duro pero seductor como el propio diablo.  Una serie nada desdeñable que toma decisiones muy potentes.

Los Libros de Magia

El retorno de Tim Hunter es un reinicio absoluto de la franquicia. Eso supone muchas cosas y este tomo acepta alguna de ellas al mismo nivel que podría haber sido más efectivo en otras.

La escritora Kat Howard, inteligentemente, opta por apartarse de los trabajos previos de Gaiman y de Peter Gross para intentar dar un aire propio y más cercano a las aventuras del mago elegido. Viene a ser el equivalente de Ultimate Spider-Man de este universo. Una puerta de entrada para todos los lectores que no quieran tener un bagaje demasiado extenso.

Si se lee con ese prisma, solo puede ser vista como un acierto. Además, tiene un ritmo considerablemente ágil, su lectura es sencilla a la vez que va en la línea imaginativa del estilo de Gaiman, aunque esta sea la serie con un carácter más realista.

No destacará por ser una proeza, ni por ser la lectura más estimulante pero tampoco es la intención. Es una obra que permite ser una manera de entrar al resto del universo a un público juvenil que busque aventuras sin mayores pretensiones. También es un ejemplo en el que el conflicto externo están más claros, con lo que el entretenimiento prima por encima de todo.

Sustituir a un portento gráfico como John Bolton no es tarea sencilla para ningún artista. Y por ese motivo, el artista Tom Fowler no busque hacerlo. Está más centrado en hacer que el ritmo de lectura sea sencillo, con un estilo absolutamente clasicista. No busca innovar ni reinventar nada ni quedar por encima de la historia, si no ir a favor de ella. Tal vez, el dibujo más de artesano de todos los que se pueden encontrar en las cuatro series.  

Los Libros de Magia pierde mucho del gancho y la espectacularidad que tuvo este título en sus primeras andaduras. Pero, a cambio, se da una historia con mayor desarrollo, más accesible y cercana a las necesidades de un lector contemporáneo.

La Casa de los Susurros

Si deja una sensación de leer este primer acercamiento a La Casas de los Susurros es la de potencial desaprovechado. Tiene ideas interesantes pero que terminan siendo desaprovechadas por optar por historias más bien convencionales sin mucho que aportar.

También va demasiado acelerado como para que el lector pueda sentir empatía hacia personajes un tanto antipáticos y difíciles de digerir. No dejan de suceder peripecias, pero si no se consigue entrar en esta propuesta, no va a tener demasiado efecto en el lector.

No deja de ser sugerente el que se ubique en el punto de vista de unas santeras y brujas de Nueva Orleans. También es un acierto el  que la historia esté protagonizada por personajes femeninos racializados en una narrativa cuyo tema principal no sea el racismo.

La escritora Nalo Hopkinson (apoyada por Dan Waters) está especializada en novelas de ciencia ficción. Tal vez, por eso, al igual que sus personajes, se encuentre en zona de confort. Se nota una narrativa titubeante sin un concepto más claro. Pero que consigue adaptarse en tono y en forma al resto del universo.

La labor gráfica realizada por Aneke y Domenika Stanton tal vez sea lo más interesante del tomo. Sin embargo, y a pesar de que sea en pro de la historia, es un tanto feísta que puede terminar saturando. Eso no desmerece el hecho de que tenga se tengan algunas composiciones sorprendentes y una narrativa visual notablemente elaborada.

Este trabajo tiene amplio margen de mejoría y no hay motivos para sospechar que no vaya a hacerlo. Pero es la lectura más insatisfactoria de todas las de Universo Sandman.

No se está frente a unas piezas que intenten competir con la impresión en la memoria colectiva que dejó The Sandman. Con mayor o menor atino, están en su terreno y presentan batalla en sus términos. Es respetuoso con el pasado, pero con visos al presente. Aunque los resultados sean irregulares, es un experimento que conviene no despreciar. Al igual que la lógica de los sueños.