Jorge Fornés: «Trabajaba en un taller 11 o 12 horas al dia, pero los descansos para comer o para cenar los aprovechaba para dibujar»

Hablamos con el dibujante de Batman, Daredevil o Hot Lunch Special, próximamente a la venta por Planeta Comic.

De la generación de dibujantes que ha irrumpido en el último lustro en el mercado del cómic USA destaca, por encima de todos, el nombre de Jorge Fornés. Su trabajo en colecciones como Batman o Daredevil ha recibido halagos desde las primeras páginas, por parte del fándom y de la industria a partes iguales. Su figura es una de las más demandadas por las editoriales y, a buen seguro, será uno de los dibujantes claves en los años veinte recién empezados. Heredero de los estilos de Alex Toth o David Mazzucchelli, no todas las obras de la bibliografía de Fornés han llegado a nuestro país, donde se está empezando a descubrir actualmente el trabajo de este dibujante. Por ejemplo, este mismo mes de Junio Planeta Comic publicará su Hot Lunch Special. Para conocer más su figura, durante las pasadas Jornadas del Comic de Avilés pudimos entrevistarle, y este fue el resultado.

Entrevista a Jorge Fornés

Muy buenas, Jorge. ¿Qué tal? ¿Es esta tu primera vez en Avilés?

No, ya había estado. Vino una vez como amateur y me gustó mucho. Aunque creo que es un Salón en el que te lo pasas mejor si eres profesional que si eres público. Y desde entonces pues… esta creo que es la tercera o cuarta vez que vengo, ya como profesional. Aunque este año es el primero que asisto como invitado.

Venga, vamos con las preguntas. Antes de ponernos existencialistas, vamos a ir a lo clásico. ¿Cómo empezaste a leer cómics?

Pues básicamente todo lo que me caía en las manos. Yo era de Bruguera, Spiderman… que era mi favorito. Pero de todo. Desde Asterix a Tintín, a los superhéroes que se publicaban por aquel entonces, a aquellos números dobles de Vértice que lo mismo te venía un número del Hombre Hormiga que uno de Atom con Green Arrow… Todo, absolutamente todo lo que caía en mis manos.

¿Te empezó pronto a llamar la atención lo USA o realmente has acabado trabajando para aquel mercado más por azar que por obsesión?

Pues ha sido un poco de todo, porque como sabes en realidad he empezado en esto tarde, y llevo solo cinco años de profesional. De hecho, es que yo nunca he tenido aspiraciones para trabajar en el mercado norteamericano. En la vida lo había pensado. Pero llegó un momento en el que decidí que me gustaría hacer cómics. Tenía mi trabajo, tenía mi hipoteca… Y no podía dejarlo todo de golpe para intentar algo que nunca me había tomado del todo en serio. Pero pensé que quizás podía hacer algo, una novela gráfica o similar, e intentar publicarla en Astiberri o en La Cúpula. Y así hice: una escaleta de guión y me puse a ello. Todo teniendo en cuenta que tenía cero contactos en el medio, con lo cual no sabía muy bien a que puertas llamar. Me hice la escaleta de guión y cuatro o cinco páginas de muestras. Y con ellas que me fui a un Salón del Cómic a hacer entrevistas y hablé con La Cúpula y con Astiberri. Y los dos estuvieron interesados, porque era una época en la que estaban muy de moda las novelas gráficas autobiográficas del rollo de Frederick Peeters y compañía. El estilo de dibujo era muy indy, pero que encajaba perfectamente con esa línea editorial.

Y en una de estas, después de hacer la entrevista con Astiberri y La Cúpula en la sala de entrevistas del Salón, vi que me sobraba uno de mis portfolios y había una gaveta extra donde dejarlo. Allí había varias: una de Marvel, una de DC, etc. Tenía solo uno para dejar, y lo puse en Marvel. Pero por azar, porque podía haberlo dejado en cualquier otra. Y al día siguiente ví que, en el listado de entrevistas oficial, Marvel me había seleccionado. Era lo más raro que me había pasado en la vida hasta ese momento. Estaba C.B. Cebulski.

Estamos hablando de 2012 o 2013, más o menos, ¿no?

Sí, eso es. Y allí que entré. Y me explicó por qué me había elegido. Me dijo que mi estilo no se parecía en nada a lo que yo estaba publicando, pero en aquella mañana era el único portfolio de todos los que había visto que no parecía un catálogo de esteroides. Y ahí en las mismas me preguntó a ver si me gustaría hacer algo de Daredevil. Yo, con mi inglés de chichinabo, me quedé flasheado en aquel mismo sitio. Pero la respuesta era obvia, y le dije que por supuesto. Se comprometió a mandarme un guión para que yo hiciera unas páginas de prueba. Así que salí de allí súper-ilusionado, porque en ningún momento de mi vida yo había pensado que podía acceder a ese mercado.

 

Sin agente, con poco inglés…

Y con un estilo de dibujo muy similar al que hacía Peeters en aquella época en Píldoras Azules. Fue una sorpresa total. Volví a casa muy ilusionado, a mi rutina diaria… y a las tres semanas me envió un guión de Daredevil, que era el primer número que había hecho Paolo Rivera con Mark Waid, el de la boda. Pues esas cinco páginas las hice en una semana, las cuidé mucho… pero fueron un desastre. Un desastre porque yo nunca había hecho superhéroes, no había publicado una página en mi vida y me vino todo de nuevas. Así que ahí me planteé si tenía que cambiar mi estilo o dejarlo tal y como lo tenía que era el que le había gustado a él. Opté por la segunda opción y me contestaron que les gustaba lo que veían, pero que no pensaban que encajase con su línea editorial.

 Ni siquiera en la oficina de Stephen Wacker de aquellos años, ¿eh?

Nada. Me dieron carpetazo. Pero al menos sí que me enseñó que, al fin y al cabo, quizá habría una oportunidad.

¿Ni siquiera crees que habrías entrado si hubieras enviado aquellas páginas un par de años más tarde cuando se puso de moda una Marvel menos superheroica con David Aja, Chris Samnee y demás?

No, no. Es que las páginas eran muy malas. Yo era un amateur. Supongo que quizás en aquel momento yo cubrí el cupo de entrevistas que tenía en ese día para justificar su visita, pero me despertó el gusanillo. Quizás, por un porcentaje, era posible. Y me pasé todo ese año practicando, y ya enfocando al mercado norteamericano. No dejaba de darle vueltas todos los días a dedicarme a ello a tiempo completo. Yo había dibujado como aficionado, pero te pasan cosas en la vida en las que a veces te das cuenta que te lo quieres replantear todo, porque no eres feliz con lo que estás haciendo o lo que sea. Y quieres cambiarlo. Y yo opté por intentar dedicarme a esto. Al año siguiente fui un portfolio más orientado a los superhéroes, algo más comercial. Y me volvieron a seleccionar para las entrevistas.

Ese año vino de nuevo C.B. Cebulski y Daniel Ketchum. Y me dijeron que les gustaba lo que hacía y que quedaba muy poco para que pudiera publicar. Me dijeron que me iban a mandar guiones y que yo podría dibujarlos. Me explicaron el símil del conductor novato, que va con los profesores o los tutores en el asiento de al lado corrigiendo al conductor. Y que en cuanto estuviera listo, podría publicar. Así que volví a mi casa y a las dos semanas les mandé el mail para pedirles esas páginas de guión. Pero no recibí una contestación nunca.

Vaya.

Sí, te quedas un poco confuso porque por un lado ha ido mejor… pero por otro lado ha ido peor. Y ese año pues fue distinto, porque claro, no podía pasarme todo el año haciendo muestras… pero tampoco podía pasarme el año de brazos cruzados. Así que decidí hacerme un guión, mi propio álbum para publicarlo en España o Francia con un estilo más BD, más juvenil. Y así si en USA no interesa, pues quizá pueda publicarlo por mi cuenta. Y al año siguiente volví al Salón con esas páginas, que me hice casi 64 páginas en aquel año. Porque yo trabajaba en un taller, pero trabajaba a lo mejor once o doce horas al día, así que la hora de comer yo aprovechaba para dibujar. A la hora de cenar, yo aprovechaba para dibujar. Cualquier mínimo rato, lo usaba para eso.

Usando todas las horas y minutas para llegar a cumplir con la teoría esta de los grandes maestros que dicen que al llegar a las 10.000 primeras horas ya eres un experto.

[Risas] Si, sí. Yo llevaba mil como mucho, pero es que además le puse todo lo cabezón que llevo dentro. Así que al Salón que volví. Y ese año fueron Katie Kubert de DC, Nick Lowe de Marvel, Greg Lockard de Vertigo y dos editoriales francesas. Y ese año sí. Ese año me llamaron Katie Kubert, me llamó Nick Lowe y las dos editoriales francesas. Así que les enseñé mi proyecto, que por cierto permanece inédito porque nunca lo acabé, porque ya me dediqué a otras cosas. Y Katie Kubert me dijo que a las dos semanas me quería con ellos. Creo que estaba en la franquicia de Batman.

Sí, luego estuvo en Marvel y ahora ha vuelto a DC, eso es.

Y Nick Lowe lo mismo, para la oficina de Spiderman. Él me dijo que no tenía nada para mí en ese momento pero que iba a hacer circular mi portfolio por la editorial. Dos semanas después me llegó la primera oferta de trabajo para participar en el anual de Batman con Katie Kubert. Y esa misma noche me llegó una oferta de Jordan White para dibujar un número de los Thunderbolts. Me llegaron las dos a la vez [Risas]. Claro, es un sueño hecho realidad prácticamente. Pero claro, dejas de dar saltos, te sientas y empiezas a pensar: “No he publicado una página en mi vida, no sé cómo funciona este mercado, mi inglés es justo, mi ordenador es justo, tendré que ir a escanear las páginas a la foto-copistería de abajo, no sé cómo trabajan y no tengo ningún conocido en el medio”. [Risas].

Y esto, para que la gente se situe, es como quien dice… ¡antesdeayer! En 2014.

Sí, eso es. Casi, casi. ¿Sabes lo que dicen típico de que tú vas primero con una cuchara y ya lo subcontratarás todo después? Pues esto es igual. Porque claro, vas a las entrevistas con una imagen de profesional. Porque si no, no se fiarían de ti. Solo les preocupa que entregues. Y tienes que dar la sensación de profesionalidad. Y una vez que acabé de saltar… pues me puse a pensar a ver cómo podría trabajar doce horas al día y a la vez hacer dos cómics, uno para Marvel y uno para DC. Todo en el mismo mes, que ya de por sí es tiempo justo para hacer un solo cómic. Pero lo saqué adelante. Puedes imaginarte el mes que tuve. Así que entregué los dos números. En Marvel no les interesó mucho más, porque es que eran páginas muy amateurs. Es que no conocía a nadie como para preguntarle a ver cómo mejorar. Y en DC me dijeron que tampoco tenían nada para mí en ese momento. Pero en ese momento Katie se fue de DC a Marvel. Porque para cuando yo entregué las páginas de Batman, ella justo ya no estaba. Había ido a DC.

Sí, aquella fue una salida rada si no recuerdo mal. Hubo bastante polémica…

Exacto. Entonces ella me dijo que estaba en la línea de X-Men, con Mike Marts y con Lobezno. Me dio un número de Lobezno y los X-Men, que tenía guiones de Jason Latour. Y después me dieron el último número de ese segundo volumen, que había escrito Frank Tieri. Y en esas que había hecho dos números, seguía sin tener nada claro. Y cogí todo lo que tenía ahorrado y me fui a Nueva York una semana y media. No, no. Fue menos. Cuatro o cinco días. Y allí estuve comiendo con Mike Marts y con Katie Kubert, que fueron tan amables de invitarme a comer. Y a partir de ahí hice un arco de Amazing X-Men.

Ahí cambias el estilo, ¿eh? Ese Juggernaut ya es otro rollo.

Claro, claro. Precisamente, porque hasta entonces yo dibujaba las horas que tenía libres. Pero todo cambia cuando tienes toda la jornada, porque en ese momento es cuando decidí dejar el trabajo. Estaba fijo, pero pensé que ese tren solo pasa una vez y o lo cogía en ese momento o quién sabe si volvería a pasar. Y yo ya tenía una edad, así que…

 

¿Qué puede salir mal? [Risas]

Todo, todo [Risas]. Hice cinco números de Amazing X-Men y yo seguía evolucionando, pero no a un nivel como para ser una gran estrella. Estaba muy lejos. Para hacer números de relleno. Y justo en ese momento Mike Marts se fue de Marvel, a AfterShock. Y Katie también se fue. Así que de repente, de la noche a la mañana, me quedé sin contactos dentro de la industria. Y no me dieron más trabajo. Ahí se acabó la cosa. Así que opté por seguir dibujando las mismas horas como si fuera profesional para mejorar. Seguir practicando. Me pasé al digital. Invertí lo poco que había ganado para comprar una Cintiq y abré el mercado de comissions. Me dijeron que poco, pero algo se podía ingresar con ello. Y ahí en las comissions es donde empecé a cambiar el estilo.

De hecho, tuvieron bastante repercusión en Twitter. Y cuando tenía acumuladas varias páginas de muestras, lo que hacía cada poco tiempo es enviársela a editores en USA. Al final, lo que tienes que hacer, es venderte a ti mismo. Yo tenía un Excel donde apuntaba los editores y las muestras que mandaba. Intenté aplicar los conocimientos que yo tenía de trabajar en la calle para venderme a mí mismo. Aquí cambia el trabajo que tu realizas, pero para venderse a uno mismo no hay tanta diferencia entre vender tornillos en ferreterías y hablar con editores de Marvel. Tienes que conseguir que el otro compre tu trabajo. Así que empleé técnicas que yo había hecho en el taller: mandar felicitaciones de navidad con un dibujo, contestar amablemente, aunque hubieran sido bordes al contestarme ellos a mí, asistir a todos los salones que podía para conocer en persona a los editores… Estuve seis meses sin trabajo. Y conocí a David López en Avilés y me estuvo corrigiendo fallos. Incluso se ofreció a elegir seis o siete ilustraciones mías de las comissions y me ayudó a enviarlas a los editores que yo no conocía. Y gracias a eso me dieron cuatro o cinco páginas del Doctor Extraño. Y claro, yo ya había cambiado mucho mi estilo de dibujo.

¿Y no te planteas ir con un agente?

De hecho, yo ya había mandado páginas de muestra a todos los agentes y a ninguno le interesó llevarme. A partir de ese momento, yo ya no podía hacer nada más y tenía que intentar hacerlo por mi cuenta.

Curioso, cuanto menos.

Bueno, suelen estar bastante ocupados y yo tenía todavía otro estilo muy diferente al de ahora. Y tampoco te garantiza llegar. Pero mi realidad era que los agentes no me querían, así que seguí centrándome en el cambio de estilo y en la macha de negro, que era lo que yo quería hacer. Y las páginas del Doctor Extraño le gustaron bastante a Nick Lowe y me dieron el proyecto para hacer el cómic precuela de la película del Doctor, para Marvel. Estaba bien, porque volver al mercado es siempre una gran noticia, pero yo seguía manteniendo el trabajo de comissions porque me daba mucha publicidad, aparte de ciertos beneficios. El proyecto del Doctor Extraño fue muy chulo, porque yo trabajaba directamente con la gente de Marvel Studios así que me dieron acceso a su portal y podía ver lo que iban rodando, las pruebas de cámara… Hasta los planos y el patrón de la capa. Hice mucha amistad con el guionista de estos cómics, que además era el jefe de desarrollo de Marvel Studios. Hicimos buenas migas. Me lo pasé muy bien. De hecho, en la película vi cosas que no estaban hechas originalmente pero que yo dibujé y que luego incorporaron ellos. Osea, yo cuando hice el cómic la película no estaba acabada. Me dijeron que tenía que poner la capa del Doctor Extraño en algún sitio del Sanctum Sanctorum, y yo la puse en una vitrina de cristal con la capa volando dentro, y luego eso lo ví en la película.

¡Qué bueno!

Sí, sí. Originalmente no estaba, pero lo acabaron haciendo. Tuvieron mucho cuidado para que encajara todo. Y después de eso hice algo más de la serie del Doctor cuando Chris Bachalo no llegaba y luego me salió un trabajo en Dynamite. El ayudante de Mike Marts en Marvel había fichado por Dynamite y me llamó, para ver si les interesaba hacer algo allí. Y como en Marvel yo hacía páginas sueltas y en Dynamite tendría libertad creativa, aunque fuera cobrando menos, pues aposté por ellos. Así que aposté por ellos.

¿O sea que llega un día en el que mandas un correo electrónico a Marvel y les dices que no?

De hecho, es que ni siquiera hizo falta, porque cuando me contactaron les dije que estaba con otra cosa. Tampoco creo que Marvel estuvieran demasiado interesados en mí. Era simplemente alguien con quien rellenar páginas. Y en Dynamite yo podría demostrar lo que valía. En Marvel no habría tenido esa oportunidad. En Dynamite me propusieron relanzar Magnus, de Gold Key, con Kyle Higgins y dije que sí. Podía tener libertad creativa, encargarme de los layouts, hacer los diseños de personajes, hacer las portadas… Todo.

Esto no se ha publicado en España todavía, así que para que la gente se situé, ya estamos pisando el 2017. De hecho, el siguiente trabajo tampoco ha llegado aquí a España, el Hot Lunch Special de AfterShock. Además, he de decir que tu trabajo en Magnus está muy bien porque empleas dos estilos gráficos para dos franjas narrativas, tres en algún momento. Y el Hot Lunch Special es una gozada visual.

Gracias. Si, igual día alguien se anima a sacarlo. Con Magnus y el guión de Kyle Higgins lo que teníamos era dos mundos: el mundo virtual y el mundo real. Elegimos al colorista, junto al editor, porque yo quería un color plano. Y pensé en hacer un estilo de cómic de los años sesenta en plan Kirby con las páginas envejecidas en el mundo virtual y otro más real, parecido al que tengo ahora, en el mundo real. Nos lo pasamos súper-bien. Ibamos cambiando de mundos según lo pedía la historia, que era una historia negra con persecuciones, cosas locas de storytelling que se me iban ocurriendo, las portadas… portadas que no se veían por aquella época, son super-experimentales. Lo pasé genial y eso provocó que aquellos cómics, a pesar de que se vendían poco, tuvieran muy buenas críticas. Dieces, nueves… Y eso me empezó a dar un poco de nombre. Incluso Ricky Purdin desde Marvel dijo que era uno de los mejores cómics de la época. Acabamos eso de Magnus, porque era un relanzamiento de cinco números…

Parecía que se podría haber seguido, tal y como acababa la trama…

Sí, pero las ventas no acompañaron. Y bueno, pues algún número de Barbarella, etc. Me ofrecieron proyectos, elegir guionista… Pero Mike Marts me escribió desde AfterShock, porque había seguido mi trabajo en Magnus y me quería allí. Ellos financiaban las series que se publicaban en AfterShock, pero los autores tenían una parte de los derechos. Si algún día se adapta al cine, a televisión… Serían nuestros.

Sí, aquí está un poco el matiz ese que tiene el término “creator-owned” en inglés, ¿no? Que la traducción que usamos no suele ser 100% exacta. Decimos creación propia y eso no quiere decir siempre que tengas los derechos de lo que creas.

Eso es. Aquí lo importante es que tienes los derechos de los personajes. Es una serie negra con el guionista Eliot Rahal, que venía de hacer cosas en Valiant y en las indies. Y me dejaban hacer las portadas también y podía hacer el color.

Eso es. Esa es la única vez que has hecho el color.

Es que es una locura. Lápiz, tintas y color de un cómic al mes, es una locura. Pero me tiré a la piscina, para tener el control gráfico total. Mafia libanesa contra mafia irlandesa, todas mafias con los bocadillos… Y pude hacer portadas de lo más experimentales.

Es que… Vale, si, hacía unos años habíamos visto a David Aja haciendo portadas que eran solo un cassette, por ejemplo. Pero habría que haberles visto la cara a tus editores en el momento en el que tú les mandas esa portada con el sandwitch, los huevos, etc…

[Risas] Les encantaba todo. Los responsables de la serie éramos nosotros. El editor no se metía prácticamente en la serie. Ellos apostaron por nosotros. De hecho, el proyecto era algo que se le había ocurrido al guionista, a Eliot, y entonces Marts pensó en mí como el dibujante más adecuado. Pero luego, al empezar, nos dejaron hacer lo que queríamos. De hecho, hay un número que en vez de 20 páginas tiene 21 porque yo consideré que el asalto a la comisaría necesitaba una página final, una splash, y así se lo dije. No pusieron ni un solo problema. Confiaron en mí al 100%. Podíamos hacer lo que nos daba la gana.

¿Y en estos meses dejaste de hacer comissions?

Dejé de tener tiempo para hacer comissions, sí. Pero intenté seguir haciendo porque te da mucha promoción. Cuando yo estaba trabajando en Hot Lunch, Tom King empezó a seguirme en Twitter y a retuitear mis comissions. Y se empezó a generar una bola de dimensiones considerables, nada comparable a lo de antes. A mí me gusta el Batman clásico, el de Mazzuchelli, el de Toth, y es la línea que yo usaba.

Ah, pues yo no había notado esa influencia para nada, fíjate… [Risas]

[Risas] Es que era lo que a mí me gustaba. Yo apenas rompo viñetas, cuido mucho el storytelling, a hacerlo muy clásico… Y en una época en la que todo el mundo usa el digital y todo el mundo adopta muchas influencias del manga, súper-detallado todo… Quizás yo fui un rara-avis. Alguien que sigue la línea de Doc Shaner, por ejemplo, que tira de estilo clásico. Y a Tom eso le encantaba.

¿Hablaste con Tom o simplemente te retuiteaba de vez en cuando?

Al principio me promocionaba, y luego un día me mandó un mensaje por Twitter. Me dijo que iba a hacer un anual de Batman, el segundo, con Lee Weeks. Y quería intentar que yo hiciera una historia, así que quería ver si yo estaría interesado. “Por supuestísimo”, le dije. Pero parece ser que en DC no gustó aquella idea de meter a alguien tan desconocido y lo acabó haciendo…

Michael Lark. Y fue el mejor cómic de DC de 2017.

Sí, eso es. El caso es que al final ahí se quedó la cosa. Yo estaba acabando ya Hot Lunch y contacté de nuevo con Katie, que ya había vuelto a DC, y me dijo que le gustaba mucho mi estilo. Siempre ha sido muy fan mía, y la verdad es que trabajamos muy bien los dos juntos. En aquella época ella editaba Green Arrow, la cual dibujaba Javier Fernandez por aquel entonces. Me dijo que iban a hacer un número especial de Green Arrow, y que quería que lo dibujara yo. Así que hice el cuarto número de Hot Lunch a la vez que aquel número de Green Arrow. Este número, que lo llegó a colorear Matt Wilson, todavía está inédito a día de hoy. No lo llegaron a publicar, porque cerraron la serie.

Sí, hubo tres guionistas distintos en menos de un año. Fue un poco raro todo aquello…

No sé si lo guardarán para siempre o lo sacarán algún día, porque lo cierto es que el número quedó muy chulo, pero ahí se ha quedado. Por lo menos en DC gustó.

Si es que además estoy seguro que tú eres de los que se leyó el Green Arrow de Mike Grell en su día… De aquellos años de The Question, que me consta que te gusta…

Claro. Aquella es mi época. La serie aquella de Cazador Acecha… Sigo teniendo la edición original de aquello. Y el que me tocó dibujar tenía un rollito muy parecido. Por aquel entonces, mientras, Tom seguía intentando meterme en Batman porque también le gustaba mi estilo. Tom King es súper fan de Batman: Año Uno, muy fan de Mazzucchelli, y le gustaba mucho.

Pues no me deja de resultar curioso que el mismo Tom King que está trabajando con David Finch o Tony Daniel en Batman, que tienen un estilo muy diferente a los vuestros… Lo cierto es que Batman pega con todo.

Yo le debo mucho, porque sin tener ninguna necesidad consiguió meterme en Batman. No nos conocíamos de nada, pero estas son cosas que te pasan en la vida que no sabes muy bien cómo llegan… Total, hice el número de Green Arrow y acabé Hot Lunch, y por aquel entonces vino el editor de las series de Batman de invitado a las Jornadas de Alicante. Y yo también fui y estuve hablando con él. Al poco tiempo hice dos números de la serie regular.

En este punto, en este tipo de entrevistas, ¿qué haces: les llevas el tomo recopilatorio por ejemplo de Hot Lunch o ya no te hace falta?

No, ese tomo se lo regalé a Tom King en Nueva York. Estuve en la Comic-Con y le conocí en persona y le regalé el tomo, antes de empezar a trabajar con ello. Ahí ya me dijo que intentaría que hiciese algo de Batman, ya fueran dos páginas, seis páginas o las que fueran… Y en el número 60, creo, fue cuando hice aquellas páginas en número de Mikel, con Firefly. Y aquello lo colgó Tom King en Twitter con los colores de Jordie Bellaire y… ¡aquello fue un bombazo! Me estuvo pitando el móvil todo el fin de semana. Me echaba humo.

Sí, porque además colgó la página con 3×3 viñetas…

Exacto. Y luego la de la caída. Y el móvil no paraba de echar humo. Y claro, yo ya había hecho esas cosas hacía meses, pero me dio una exposición acojonante. Y a raíz de ahí seguí trabajando en Batman, acabé con Hot Lunch, quedé muy contento con el resultado y empecé a trabajar en DC. Batman 66, lo de The Question, lo de Lee Weeks que por problemas de salud no pudo hacerlo y lo acabé haciendo yo casi entero, el 70, el 71… lo de Héroes en Crisis. Y el anual 4 de este año lo íbamos a hacer Lee Weeks y yo, pero Lee Weeks vuelve a tener de nuevo problemas de salud y acabé haciendo yo casi todo el número.

El síndrome del impostor… Lo que decías antes de que tienes que ser profesional y parecerlo… El tender a pensar que todos los demás son mejores que uno mismo… ¿Eso desaparece o se acentúa cuando estás trabajando en la serie más vendida de DC?

Eso permanece. Pero sí que es cierto que trabajar en Batman o en Daredevil con Zdrasky ayuda. Batman te da una exposición que viene bien tanto para lo bueno como para lo malo. Yo he tenido la suerte de que de momento mi trabajo ha gustado mucho al fándom, porque hasta ahora no ha habido realmente un dibujante clásico en Batman. Mucha gente es muy fan de ese noir, y todo el mundo parece como que estaba esperando que Chris Samnee cuando dejó Marvel, se fuera a DC a hacer Batman. Pero no ha ocurrido.

Es que desde Mazzucchelli solo ha habido uno que ha replicado ese estilo: Tim Sale.

Eso es, exactamente. Y eso ha provocado que mucha gente se vea identificada con ese espíritu. Pero podría haberme salido al revés: apostar por ese estilo de páginas y que la gente dijera que menuda mierda, que quieren volver a las rayas. Y más compartiendo número con autores como Mikel, que ya están consagrados, que su trabajo tiene una calidad excelente, y que yo llego de trabajar en indies… Pero bueno, la salida parece que ha salido bien, aunque la sensación de estar corriendo entre gigantes siempre está ahí, y que en cualquier momento el que pasa por al lado te da un manotazo y te mandan a la cuneta. Pero si que es cierto que te dejas de preocupar cuando tu mayor preocupación no es encontrar trabajo para el mes siguiente, sino decidir a qué trabajo vas a decir que no. Hay una raya que te das cuenta de que todo va bien. En el momento en el que tienes que decir que no a series en Marvel o en otras editoriales u otros proyectos porque no te llaman mucho o porque te escribe gente que no conoces y que está bien posicionada en la industria o de guionistas que quieren currar contigo… pues ese día te das cuenta de que todo va bien.

O sea que ya te han ofrecido relanzar series desde un número uno y dejar de hacer fill-ins, ¿no?

Sí, sí. Ahora con King y su salida de Batman pues veremos, pero de momento no me preocupa demasiado porque tengo muchas opciones. O a lo mejor me vuelvo a las indies para hacer algo que me guste mucho. Porque al final trabajar para Marvel o DC te da mucha exposición, pero trabajar para tus propios proyectos está también muy bien, y tienes tú los derechos. De Marvel me contactaron enseguida cuando empecé a trabajar en Marvel, para que hiciera cosas de Daredevil. Pero al principio yo no podía, porque estaba a tope con el murciélago, aunque al final sí que hemos sacado poder hacer trabajos con Zdrasky para Daredevil, y empezamos haciendo el número diez. Lo cierto es que a Chip le encanta también el estilo de Mazzucchelli en los ochenta, y por eso me contactó. Así que intentar equilibrar algo de trabajar en cosas independientes y a la vez en una major me parece un equilibrio interesante.

Esos cheques de Marvel, que vienen con el ratoncito ahí arriba…

Sí. Eso es algo que la gente no sabe, pero ahí vienen con Mickey [Risas]

Pues te estoy entendiendo que no tiene pinta que vayas a fichar en exclusiva por ninguna de las dos, ¿no?

No, creo que no me conviene. Alguna conversación ha habido, pero ahora mismo especialmente no me conviene. También estoy haciendo portadas para Dynamite, para la nueva serie de Black Terror. Son cosas que te agradecen el día, y que no podría hacer si estuviera en exclusiva. No me puedo quejar de nada. En Batman hay gente que está toda la vida intentando trabajar y al final no lo consigue. Yo he tenido mucha suerte, y encima ha gustado. Y con Tom, y con Chip, y con los coloristas más de lo mismo. Así que no me espero nada ya.

Pues nada, con esto lo dejamos. Muchas gracias por tu tiempo y tu amabilidad, Jorge.

¡A vosotros!