El regreso de Sex Criminals. Con el cinco te la hinco, crisis de pareja, orgía y reencuentro

Matt Fraction y Chip Zdarsky dan los últimos pasos en la historia de Jon y Suzie.

La crisis de pareja es uno de esos momentos en la vida en los que se apuesta a todo o nada. Son duros y, aunque pueda no verse en el momento, necesarios. Y, precisamente, por eso deberían ser abordados con sumo cuidadoso. E irónicamente se es de todo menos eso, por regla general. Al final del día, sirven para determinar la continuidad de la relación o no en base a si se echa de menos o no a la persona con la que se produce la distancia. Si a una de las partes no le importa su pareja, debería ser muy fácil discernir. Pero tampoco suele ser el caso.

Ese es el tema principal que se encuentra en quinto tomo de Sex Criminal. Tras el final del anterior volumen, Jon y Suzie se han distanciado de forma consensuada por iniciativa de la mujer. Y en la primera mitad de la narrativa, observaremos, por primera vez cómo funcionan el uno sin el otro. Y ese es uno de los puntos más sorprendentes de este tomo. Y todo ello conduce a un inevitable final que, si tiene impacto, es precisamente por las decisiones tomadas en este primer acto del arco argumental.

Matt Fraction y Chip Zdarsky dejan de lado los momentos más metalingüísticos para darnos su tomo más convencional, en favor a contar y hacer avanzar la historia. Y, teniendo eso en mente, es el más centrada temática y argumentalmente.

El tono se vuelve, por tanto, menos excéntrico (o, tal vez es que el lector se haya acostumbrado ya a ello), aunque sin sacrificarlo del todo. No en vano, todavía siguen sucediendo escenas absurdas como la de la orgía o el descubrimiento del poder vaginal de la madre de Suzie.

Clásica estampa familiar.

Pero, al contrario de otros tomos, no es el elemento principal de interés que conduce la narrativa si no momentos concretos para contrarrestar el drama predominante de este tomo y, también, por no romper con lo que se asocia o se puede esperar cuando uno lee un cómic de Sex Criminals. Es un cambio que, aun así, puede sentar como un jarro de agua fría al ser algo muy diferente respecto a los anteriores números. Pero se aguanta porque a estas alturas el lector se ha implicado emocionalmente con los protagonistas sin darse cuenta. Y eso habla bien de las labores narrativas que nos encontramos en esta propuesta.

Uno de los aciertos es, como siempre, el contar la historia desde distintos puntos de vista dándoles su momento de protagonismo a ambos personajes, y así evitar el maniqueísmo (desgraciadamente, muy habitual en este tipo de historias de rupturas o distanciamiento amorosos). Es una primera mitad muy centrada en el desarrollo de personajes y sus relaciones entre ellos. Es donde se ve mayor drama y un freno del ritmo para conducirnos por otros derroteros.  

Una vez conocemos esta nueva situación emocional y existencial de todos los personajes, como era de esperar, la trama coge velocidad de crucero y engulle la segunda parte del tomo. La serie aquí es cuando nos recuerda al gran antagonista, reflexiona alrededor de quién es él y sus motivaciones (muy en segundo plano hasta este momento) y va ganando mayor presencia dentro de la historia.

También en estos últimos números del tomo, se comienza a tener ese sentir de calma antes de la tormenta. Se nota que los personajes están en situaciones desesperadas y que cometen errores y aciertos. Existe mucha toma de decisiones, impulsivas o cerebrales, que se antojan como cruciales para el cierre en positivo o en negativos de la serie y la forja de alianzas incómodas unidas por intereses comunes.

Es sorprendente lo esquemático que está siendo esta preparación a la traca final en una serie caracterizada, precisamente, en romper convenciones formales como en las expectativas y los prejuicios del lector. Esta es la mayor transgresión a su concepto y su propuesta de todas las presentes hasta ahora. Es una volantazo arrisgado que, precisamente, puede que se haya hecho por seguir siendo imprescindible. Lo que, desde luego, era esperable era un tratamiento formal y narrativo menos convencional. Y se acerca más a los paradigmas conocidos por todos.

Portada del volumen con, como siempre, un título absolutamente sesudo.

El dibujo de Zdarsky no se puede decir que sorprenda a estar alturas. Ya que emplea recursos ya vistos y tampoco es particularmente experimental en este caso concreto por motivos argumentales. Sin embargo, sigue captando y aportando mucho al tono de la historia. Es un narrador talentoso con un estilo cartoonesco que funciona en esta historia específica. Solo queda esperar que, tras el cierre inminente de Sex Criminals, vuelva a aproximarse a las tareas artísticas porque es alguien que sabe manejar recursos absolutamente frescos y sorprendentes en los grandes picos de esta serie. Además, siguen siendo muy vistosos las aproximaciones a “lefalandia”, con esa combinación de color y entintado a mano con una capa de efectos digitales.  

Por primera vez, la edición de Astiberri, al igual que la original, viene carente de extras. Pero eso no quiere decir que el tomo se haya descuidado lo más mínimo.

Sex Criminals en su quinto volumen se aproximan al clímax (pun intended) de la serie. Y lo hace con otro tomo rompedor, exploratorio, divertido y festivo. Un cómic que trate la sexualidad como lo hace este es algo que no se ve todos los días. El reencuentro antes de la crisis definitiva, aunque seguramente los autores azotarían a quien haya escrito esto por pretencioso.