Cinco cosas que aprendí con el Asterix de Goscinny y Uderzo

Economía, inmobiliaria, personalidades tóxicas, dopaje... Astérix y Obélix son mejores que cualquier manual de pacotilla.


La pérdida del dibujante francés de origen italiano, que también creó junto con el genio francés al nativo americano Oumpah-pah (probablemente hoy impublicable por motivos de corrección política) y al pirata Jehan Pistolet, nos hace recordar todo lo que aprendimos con sus viñetas siendo niños. Cómo nos ayudaron a ser mejores adultos. 

Mientran en otros medios y redes sociales se limitan a recordar la anécdota de la aparición de un personaje tremendamente menor en las páginas de Astérix, como Coronavirus -que además es creación de Ferri y Conrad- en Sala de Peligro vamos a hablar de cosas serias. Sirvan estas líneas de homenaje a la obra inmortal de estos dos franceses universales.

Economía

Obélix y Compañía es un libro de Economía que resultó especialmente útil para un pequeño Mauricio Prieto al que no enseñaron nunca nada de Economía. La trama del libro, con un César muy inteligente que genera una demanda artificial para un producto inútil, el menhir, con el objetivo de sofisticar a sus enemigos y atraerlos a su causa, nos ofrecía pistas de todo tipo sobre el funcionamiento del mundo que nos rodea.

Parece que cuando eres importante en el menhir hay que vestir bien.

Quede constancia de que se trata de una de las tramas de Astérix en las que más cerca está el César de vencer a sus enemigos. Porque emplea como herramienta la ambición, un elemento irrenunciable de la personalidad humana, y también la avaricia

Si su plan fracasa, en realidad, tiene menos que ver con los galos que con la propia lógica del mercado. Aunque Cayo Coyuntural es lo bastante inteligente como para reasignar la oferta ineficiente al segmento del lujo a través de la publicidad, no tiene en cuenta el efecto de la bendita competencia, la capacidad de autorregulación de los mercados, la aparición de oferta competitiva en un mercado incipientemente globalizado (¡esos menhires egipcios!), y los defectos de premiar con subvenciones productos que no son capaces de competir por sus propios medios 

He llegado a decir que se trata de una crítica a la economía de mercado cuando, en realidad, es todo lo contrario. Es una crítica a las intromisiones antinaturales sobre el mercado y una defensa absoluta de unos valores tradicionales que, en realidad, tienen su propio ecosistema económico independiente y suponen una disrupción sobre el sistema imperante. Se ríe un poco también del abuso de una neolengua incomprensible para los legos, pero eso es otra historia y no queremos alargarnos.

Sector inmobiliario

La Residencia de los Dioses es una maravilla porque está de plena actualidad y retrata algo tan moderno como la creación de oferta de viviendas para realojamiento de poblaciones contempladas como chabolistas. Es difícil imaginar esta obra sin imaginar los realojamientos de comunidades de gitanos en España, y más si recordamos párrafos como éste de El País del año 1985.

El primer enunciado para un programa de realojamiento de chabolistas gitanos es la programación de viviendas para ellos. Pero esto no se puede realizar sin considerar otras variables, como modos de vida, costumbres, niveles educativos y valores sociales. En ocasiones, las adjudicaciones de viviendas a gitanos se han realizado in satisfactoriamente, han originado conflictos entre payos y gitanos e incluso entre los propios gitanos; también han originado un mal uso de las viviendas por parte de los destinatarios, y no nos estamos refiriendo a ningún estereotipo racista, simplemente ha existido algún abandono de la vivienda o algún traspaso indebido que intereses malintencionados han pretendido generalizar para el resto de la comunidad gitana.

Fernando Caballero, El País, 22 julio 1985

Parece un resumen del libro, ¿verdad? Una vez más, Goscinny juega al carácter disruptivo de lo tradicional frente al progreso. Cómo “lo de toda la vida” supone obstáculos para el crecimiento. Obviamente, al poner la mirada en los galos nos identificamos con ese deseo de pervivencia de lo tradicional, esa voluntad de permanencia de los valores. Pero, al mismo tiempo, resulta fácil entender hasta qué punto los galos no son un pequeño cáncer en la dinámica expansionista del Imperio Romano y explica la necesidad que tiene César de extirparlos.

El dopaje

Una vez más, los galos son los malos de la historia. Básicamente, se empeñan en competir y en ganar a través del dopaje, frente a atletas que han alcanzado su estado de forma a través de la disciplina, el entrenamiento y del esfuerzo.

Para colmo, los galos tienen la desvergüenza de presentarse como hedonistas que alteran el equilibrio de la villa olímpica y adulteran también la cultura de la competición. 

Es un álbum de 1968, no tantos años después de que aparecieran los anabolizantes por vía oral como la metandrostenolona, o de la muerte del ciclista danés Knud Enemark Jensen durante los Juegos Olímpicos de 1960. 1968 fue, precisamente, el año en el que el Comité Olímpico Internacional introdujo los controles de dopaje. Fue en los Juegos Olímpicos de México cuando se produjo la primera descalificación por esta causa. Fue el pentatleta sueco Hans-Gunnar Liljenwall, tras descubrirse que se tomó varias cervezas antes de competir. No sabemos sin había un druida implicado. 

La burocracia

Aunque Las doce pruebas de Astérix es una película no basada en un tebeo, es una obra de Goscinny y Uderzo sin lugar a dudas. Y no sólo nos enseñó a despistar a hipnotizadores, a esquivar los lujos de la Isla del Placer, o a lavar con el detergente de los dioses. Lo más importante es que nos enseñó a lidiar con La Casa de la Locura.

La Casa de la Locura y la busca de la Forma A-38 son un nudo gordiano que nuestros galos predilectos terminan resolviendo con el ingenio y no con la fuerza bruta, provocando una disrupción en la cadena burocrática mediante la invención de la Forma A-35, basada en la circular B-65. 

En el libro ‘Goscinny raconte les secrets d’Asterix’ el propio autor hablaba de este apartado… «En esta película asimilo la filosofía ‘Asteriana’ a ciertos mitos de hoy, como la publicidad o la administración (…) Puede que fuera un poco lejos con mi ataque contra la administración. Me decía que los niños… Y no, para nada, es de las escenas que más les hacen reír. En el fondo, es normal. No hay niño que haya acompañado a hacer un trámite a su padre o a su madre«.

La toxicidad en las relaciones personales

En Astérix nos presentan a uno de los mayores villanos de la historia de los tebeos. Perfectus Detritus, el verdadero protagonista de La Cizaña

Tullius Detritus, el protagonista de La Cizaña.

Es una historia que nos transmite claramente la base de las personalidades tóxicas. Gente manipuladora que no duda en conspirar con el fin de aupar a unos o hacer caer a otros con una palabra oportuna aquí o allá. 

Un tipo que consigue provocar la envidia, generar ira, causar paranoia y separar lo que antes estaba unido. Un tuitero chungo, vamos. Siempre transmitiendo distintos mensajes a unos y otros, actuando siempre por interés propio y llevando a los galos a mostrar siempre lo peor de sí mismos. 

Es una lección importante esta que aprenden los galos. Que, como tantas otras veces, derrotan al invasor con sus propias armas y a través de la inteligencia y las argucias.
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