Don Juan Tenorio, la adaptación al cómic del clásico de Zorrilla

Grafito Editorial edita la visión de Ricardo Vílbor y Claudio Sánchez de uno de los personajes españoles más celebres y universales.

Es muy difícil tratar de aportar algo fresco y novedoso a aquellas obras que se han adaptado y analizado una y mil veces. Pero cabe recordar porque hay tanto interés alrededor de ellas: son piezas de un componente dramático inabarcable y desbordante. Y este Don Juan Tenorio atestigua todo ello,

Se aprecia la experiencia de Ricardo Vílbor, el guionista encargado de adaptarlo, a la hora de trasladar obras literarias al cómic. No en vano, ya fue responsable de la adaptación de La Venganza de don Mendo, a cargo de la misma editorial. Emplea ese bagaje en un cómic que consigue sintetizar y convertir en imágenes la legendaria obra de Zorrilla, aun siendo fiel al material de base.

Eso se nota a la hora de que se respeta la estructura dramática del proyecto, así como la ambientación y el lenguaje empleado. Y esa reverencia al material original causa uno de los mayores problemas de este cómic: que no busca hacer nada más que una traducción, sin conseguir pasarlo del todo por un filtro personal o tratar de aportar algo nuevo que refuerce el impacto de la obra.

Pero hacerlo con una pieza de magnitud histórica, hasta tal punto que el arquetipo se ha convertido en uno de los referentes clásicos masculinos para la sociedad española, parece una misión imposible. Sea como fuere, este proyecto es tan sólido y accesible para todo tipo de públicos que es difícil ver que nadie se vaya a sentir decepcionado al adentrarse en sus páginas.

Resulta sorprendente y refrescante este ejercicio de vitalidad, ascenso y caída y posterior redención en un mundo más cínico y pesimista en comparación al Siglo de Oro español. Este tipo de ficciones son raramente vistas en un contexto que parece más fijado en estudiar otro tipo de elementos. Por eso, que se apueste con productos como este, por mucho que sea una adaptación, es de agradecer y se siente como un golpe de aire fresco en un ambiente un tanto cargado.

También se mantiene intacto el gran argumento de venta de tanto la obra como de este cómic: un personaje tan picaresco y ambicioso, como gris y lleno de matices. Este viaje es una deconstrucción de este tipo de individuos que, por mucho que en la época se hiciera en base a unos valores morales influenciados por la religión, puede ser comprendido a través de lo qué, no es y debe ser la masculinidad. De tal modo, esta obra sigue vigente y el formato cómic no hace, si no, más que darle un enérgico impacto.  

A su vez, contiene una serie de reflexiones acerca del amor como algo que puede llegar a ser tan redentor como destructivo. Es un concepto que, de nuevo, está en vías de redefinir y esta pieza pone encima de la mesa, sin ningún tipo de edulcoración o catastrofismo, todas las bondades y problemas del amor romántico. Este cómic atestigua todos y cada uno de los motivos por los que puede ser denostado a la vez que contrapone todo lo que puede dar, sin poner encima de la mesa ninguna tesis y confiando en la inteligencia del lector.

Don Juan Tenorio es un cómic que cumple su función. Adapta respetuosamente una obra de forma cuasi literal y es amable para con las inquietudes del público actual, pero no termina de dejar la impronta en la medida en que se echa en falta que se tomaran determinados caminos más inseguros y controvertidos, pero personales. En cualquier caso, este es un cómic que se disfruta porque ya era hora que alguien buscase refrescar sin ambages el legado literario de este país.

El arte corre a cargo de Claudio Sánchez. Con una línea clara, ha creado un cómic muy clasicista con una capacidad narrativa innegable. Como tampoco lo es el cuidado con la vestimenta, siempre buscando algo con un fuerte componente estético destinado a hacer espectacular la historia. En cierta manera, se ha tratado este proyecto como si fuera una historia de superhéroes.

Es una decisión adecuada y hecha, probablemente, para conectar con un nuevo público, poniéndoselo fácil, pero eso provoca que en último término el trabajo pierda algo de pureza, de personalidad y de verdad. Y en algunos momentos funciona, como en determinados clímax, y en otros, no tanto, como en las escenas más emocionales.

Sin embargo, no se puede decir que no tenga algo de inventiva, como es en el momento del cementerio o a la hora de hacer que los personajes transmitan energías diferentes en distintos periodos vitales. Este es un artista al servicio de la historia, aunque se echa en falta algo más de riesgo a la hora de crear una identidad y atmósfera propia.  

El tomo de Grafito Editorial incluye dos introducciones: una del profesor Salvador García Castañeda, docente de la Ohio State Univesity y otra Pedro Ojeda Escudero, profesor de literatura de la Universidad de Burgos y presidente de la asociación de amigos del teatro de Valladolid. También se incluye un anexo con información acerca del periodo histórico, de Zorrilla y de la obra y su impacto. Son complementos necesarios que contribuyen a contextualizar esta adaptación y enriquecen la lectura.  

Don Juan Tenorio es una nueva iteración de uno de los grandes mitos de la literatura española y, por tanto, universal. Uno a través de un lenguaje inusual para este tipo de grandes obras. Y, precisamente por eso, es más que probable que alcance un nuevo público dispuesto a dejarse embaucar por la gallardía del mujeriego caballero.

Bienvenidos sean.