Palabra de Editor #55 – Inside the Manga BCN

Escribir crónicas es muy del pasado: aquí practicamos biopsias
Palabra de Editor es la columna de opinión de Pedro F. Medina (@Studio_Kat), Editor Jefe, responsable de licencias y redes sociales de Fandogamia y periodista con una faceta nada oculta de showman en los eventos de cómic y manga

Ahora que estamos en plena contratación de los stands para el Comic Barcelona he recordado que quería comentar algunas cosas sobre su contrapartida Manga de diciembre, la que cambió de fechas y recinto, pillándonos con la marcha cambiada. Ha pasado más de un mes desde el Manga BCN pero prefiero escribir en frío y con algo de perspectiva, porque con los ex-Salones de Ficomic pasa una cosa y es que, pese a no tener comparación posible con otros certámenes, sirven como referencia del sector. Por situaros, en este último Manga Barcelona de 2022 facturamos el doble de lo que hicimos en Comic Barcelona, que a su vez es el doble de lo que facturamos la Japan Weekend de Madrid de septiembre, que es el siguiente evento de manganime que encuentras en el ránking. Y todo esto teniendo en cuenta que nuestro catálogo tiene (así asá) un 33% de manga + 33% de cómic americano + 33% de autoría española, es decir, que se adapta bien a cualquier certamen pero sin destacar especialmente en ninguno. Las empresas que solo publican manga pueden forrarse hasta las trancas en una convención de manga, pero quizá tengan resultados menos potentes en un Salón del Cómic de Zaragoza o en un Viñetas desde el Atlántico, eventos con un carácter, público y billeteras diferentes. En Fandogamia solemos tener resultados decentes en todo tipo de situaciones porque nuestro fondo es camaleónico lo que es, a la vez, virtud y castigo.

Un evento de este calibre, que incluso condiciona el lanzamiento de las novedades de todo el segundo semestre, merece un análisis reposado, más allá de alabar el tamaño de los stands de figuras o de las cajas registradoras, porque pecaríamos de que todo gire en torno a quién la tiene más grande. Y además con el peso de un 2022 de absoluto récord, con más de mil novedades manga publicadas (¡!). Por mi parte, merecen consideración especial estos tres detalles:

1. El evento fue un éxito de convocatoria a todos los niveles, con cuatro días a rebosar. El más flojo (por decir algo, y siempre hablando de ventas) fue el viernes, y solo bajó un pelín respecto al día anterior (lo que en esta casa llamamos “un evento con cuatro sábados”). Las sensaciones respecto al total varían entre expositores, pero todos los consultados coinciden en un buen evento, por encima o cumpliendo las expectativas (que estaban en entredicho, dicho sea de paso). Los no consultados incluyen editores brindando con champagne en las inmediaciones de sus stands y/o artistas dejando atrás un montón de cajas vacías. Participé en una porra para adivinar qué cifra de asistencia iban a dar este año, teniendo en cuenta que en la edición de 2019 anunciaron que había sido de 152000 visitantes y que estas cosas, por lo general, suelen ser bastante invent. Yo me fui a las nubes apostando por 200000 personas (llámame loco), pero finalmente se quedaron en 163000, aunque teniendo en cuenta que les queda un montón de Fira Gran Via por contratar les da pie para cantidades astronómicas en el futuro. El nuevo espacio coloca a Manga Barcelona en una posición privilegiada, capaz de competir cara a cara con bestialidades como la parisina Japan Expo si mantiene la trayectoria (y si en Francia relajan un poquito, porque el año pasado lanzaron 2000 novedades manga, los muy gabachos). Las empresas del sector, por supuesto, estamos atusándonos los bigotes. Hay cosas que pulir en cuanto al plano (la ubicación de los almacenes no tenía ningún sentido y hubo pasillos laterales, cerca de la entrada, que parecían bastante vacíos por momentos) pero ahora que se sabe con certeza cómo funciona el flujo de paso de los asistentes hay tanto margen de mejora como espacios libres para seguir llenando. Ah, efecto colateral, la influenza campó a sus anchas todo lo que quiso. Recuperar la normalidad significa acabar con un trancazo de la hostia al llegar a casa. Qué os costará usar una mascarilla si estáis enfermos y venís a embestir a las multitudes. No hemos aprendido nada.

2. La cantidad de licencias anunciadas por las editoriales en sus presentaciones nos ponen en una tesitura compleja: si en 2022 ya superamos con creces los lanzamientos manga de 2021 (¡dicen las gráficas de Tebeosfera que, contando reimpresiones, han salido 1490 tomos!) se nos está quedando un 2023 bien petado. La irrupción de nuevas empresas en el sector no es tan cañera como el apretón que han metido las que ya están más que asentadas, con Planeta a la cabeza del estallido cerebral. Estamos en un punto en el que publicar barbaridades como Hajime no Ippo, con más de ciento treinta tomos publicados en Japón y contando, es una celebración. Solo alguien que (dicen ellos mismos) copa más del 50% de las ventas de manga en España se podía permitir semejante monstruosidad y baño de masas. Estos anuncios demuestran, de nuevo, el grado de separación en el que se encuentran en estos momentos las editoriales grandes y pequeñas, una distancia que está creciendo a todo trapo. Con la crisis del papel ya rebasada (pero manteniendo los altos precios) y el miedo a la inflación bastante contenido (que no del todo superado) la cuestión es encontrar imprentas con buena relación calidad/precio que puedan sobrellevar la altísima producción actual. Esto lleva a situaciones en las que pequeñas editoriales están viendo retrasados sus lanzamientos cuando entran pedidos grotescos de grandes editoriales y conglomerados que ocupan un tiempo infinito de máquinas, lo que a su vez conlleva enormes remesas y envíos que las distribuidoras también priorizan a la hora de repartir. Antes teníamos apuros para mantener los tebeos en las estanterías de las librerías: ahora los tenemos para que les lleguen siquiera. 2023 se plantea imprevisible, aunque la certeza de saberse con lectores fieles espanta los miedos más inmediatos. La cara oscura de todo esto es que vivir de las rentas del fondo de catálogo ya no es una posibilidad para las editoriales con menos cadencia de lanzamientos: la novedad (o la reimpresión de lo que más vende, que también ocupa sitio) es lo único que cabe y, por ende, lo que hace que entren las perras, librerías dixit.

3. Los premios del Manga Barcelona, merecidísimos para todas las categorías, fueron también los más predecibles de los últimos años. Recordando: en esta ocasión, un jurado profesional escogía a los nominados, mientras que el voto popular determinaba al vencedor de entre ellos, justo al revés que en entregas anteriores. En palabras de un profesional de Ficomic, a quien mantendré en el anonimato para que no me pongan el stand dentro de los aseos en la próxima edición, “es que otros años había salido cada cosa nominada que… (cara de estupor)”. PERO A VER, ¡si precisamente esa era la gracia, que pudieran entrar nominadas cosas raras, inusuales! Total, que de los nominados ya podíamos saber con certeza quién iba a ganar en cada caso, no hubo ninguna sorpresa, aunque al menos había un reparto en listas bastante equilibrado entre todas las editoriales. Yo estuve sentado en el banquillo de los losers. Da igual, si es que no hay método bueno: TODOS LOS PREMIOS SON TONGO, incluso cuando los ganamos nosotros. Especialmente cuando los ganamos nosotros. Tenéis la lista de la victoria en la web de Ficomic, donde podréis apreciar como Arechi y Milky Way se mean encima del resto de editoriales y Crunchyroll se abre paso a golpe de talonario.

Haría un último aporte de que el manga español tiene una vida reluciente en estos momentos, pero solo serviría para ponerle el culo más gordo a Planeta, que son quienes lanzan el 95% de producciones españolas con este formato, así que cerraré diciendo: good for them! Good for them.