Nadie, cuando el hombre invisible se vuelve al pueblo

Astiberri recupera una obra descatalogada de los tiempos de Vertigo de Jeff Lemire.

Las comunidades son más frágiles de lo que se puede llegar a creer. De eso hablan las historias en las que un extraño llega a un lugar habitado y lo desestabiliza. Ya sea porque esa presencia no tiene la mejor de las intenciones o porque el foráneo saca a relucir su peor cara (o la verdadera naturaleza humana).

No en vano, no hay más que ver su reacción ante lo que es diferente. Es ahí cuando el miedo se apodera de la colectividad y lo mayoritario es responder con hostilidad y desprecio, en lugar de aceptarlo y tratar de convivir con ellos. Porque eso, puede poner en entredicho el estatus quo. Lo distinto es una amenaza.

De eso hablan la mayoría de los relatos clásicos de monstruos y en ese legado y temas de fijó Jeff Lemire a la hora de configurar este Nadie. Se trata de uno de sus primeros proyectos para Vertigo y una puerta de entrada perfecta para su trabajo.

El célebre canadiense se sirve de la mítica El Hombre Invisible de H.G. Wells y traslada al mito a su ubicación predilecta: el mundo rural. Pero, al contrario que en otras creaciones del artista, aquí muestra una visión más descarnada y problemática de ese entorno. Y es que se pone encima de la mesa las peores características de esos lugares y sus habitantes: la sensación de opresión, la paranoia hacia la gente de fuera, las mentes cerradas, la falta de intimidad…

La premisa parte de qué sucedería si el hombre invisible (que, como cualquier monstruo, sirve como metáfora de la anomalía, lo que queda fuera de la vida en sociedad por su falta de normalidad…) apareciera en Large Mouth, un pueblo que tiene el honor de tener la perca más grande del mundo. Esa visita despierta y provoca una serie de acontecimientos peligrosos que pondrán a prueba la convivencia de los vecinos.

El escritor, si bien en Nadie no es del todo pulido como terminaría siendo, sí que consigue transmitir mucha empatía por todos los personajes. Estos son más extremos de lo habitual, pero Lemire es un experto en contar relatos humanos y esta no es una excepción.

Se nota que se ha escrito en base a lo que uno conoce en la medida que era muy fácil escribir clichés. Sin embargo, es una obra en la que se aprecia que se tiene algo de cariño hacia todo el reparto, por antipático que pueda resultar el perfil expuesto. Además, hay algunas referencias a David Lynch (Twin Peaks, específicamente) en ese aspecto entrañable que tiene la América rural.

Todo ello sin perder el foco de que esta es una historia sobre lo fácil que es construir una paranoia devoradora. Hay algo de sátira, aunque el tono tiene que ver más con el terror que otra cosa… Sin embargo, es una narrativa muy contenida, de personajes. No hay grandes giros ni el lector se va a quedar porque haya una vocación de impactar ni de sorprender.

Es admirable la sensibilidad de artesanía que tiene el de Essex County a la hora de priorizar la historia por encima de su ego como artista. Como también lo es el tino a la hora de ubicar sus historias en localizaciones que están alejadas de cualquier característica conocida. Y, aun así, inevitablemente, se filtran todos los temas y obsesiones como creativo.

Nadie es el título perfecto para una pieza que aborda la manera en la que la identidad grupal puede anular a la individual. Y la forma en que el individuo, cuando ha intentado alejarse, ha caído víctima de la masa.  

El dibujo de Jeff Lemire resulta tosco y duro. Pero, de nuevo, es alguien que consigue adaptar sus narrativas a su peculiar trazo. Los personajes son seres incompletos, grises y tan cercanos como apesadumbrados. El dibujante consigue que el lector sienta interés por estos personajes a través de un aspecto feísta. Aunque, desgraciadamente, no termina de ser capaz de generar imágenes que queden en la memoria en este caso. Parece que, tal vez por ser una obra de sus inicios, no se ha tenido toda la soltura y ganas de arriesgar que sí se pueden encontrar en otros cómics de Lemire.

El pueblo es un lugar que pedía una atmosfera densa y se ha logrado imprimirla en cada viñeta. Cada escenario despierta mucha verdad con cuatro elementos y es un trabajo gráfico bastante orgánico y consistente.  Finalmente, es una historia visualmente efectiva y con mucha personalidad.

Tal vez debido al éxito de Essex County, aquí se ha optado por una monotonía cromática entre el blanco, negro y azul. Les dan a las páginas un aire de profunda melancolía y tristeza que le sienta a las mil maravillas al contenido.

El tomo de Astiberri incluye una nueva traducción de este mítico cómic publicado originalmente en el sello Vertigo. Aunque se trata de una edición excelente, se echan en falta algún material extra.

Nadie es un trabajo primerizo y rudimentario. Pero lo es de una de las voces más relevantes del cómic contemporáneo. Eso significa que es una pequeña joya que calienta el corazón (si se supera la indignación inicial y uno se deja absorber por la parte positiva.) en tiempos de frío intenso…  Se deja entrever muchos de los temas que van a caracterizar la laureada obra de Lemire más adelante.