The Magic Order 2, vuelven los magos criminales de Mark Millar

Panini publica el segundo volumen de una de las mejores obras que ha dado el escocés en mucho tiempo. Esta vez en colaboración del célebre Stuart Immonen

Cuando Mark Millar vendió The Magic Order como un cruce entre Los Soprano y Harry Potter tal vez no fuera la mejor manera definir esta serie. Al menos, en su primer volumen no se centró demasiado en contar una historia criminal. Por el contrario, se centró en poner en relieve a una problemática familiar (as usual) y la amenaza fue más mágica que otra cosa.

El primer tomo, aun con muchos aciertos y con personajes interesantes, dejó un regusto agridulce al tener potencial por desarrollar. Había una premisa que no sin terminar de explorarse. Sin embargo, todo ello sucede en este segundo volumen. Es en este arco argumental, más inspirado de lo que cabría esperarvi, cuando esta serie consigue no solo consolidarse, si no tener una identidad propia.

Se vuelve a poner el foco en los mismos personajes, pero la acción se traslada a Europa. Y el viejo continente ha hecho que crezca la serie. Más allá de buscar renovar energías con una ambientación rompedora, se ha conseguido integrar ese elemento en la trama dándole otro tempo, más reflexivo y complejo. Es una declaración de intenciones con respecto al devenir de este proyecto: ahora es otra cosa, más pura y más honesta.

Millar ha logrado un equilibrio entre el desarrollo del trasfondo de los personajes y la caracterización, sin que ello suponga un sacrificio del ritmo dramático. Es una historia que no deja de ir a más y cuyas implicaciones son verdaderamente espectaculares, pero Millar consigue dar a los personajes una profundidad un tanto sorprendente.

El guion ha sido cuidado y mimado y parece que, tras mucho tiempo, este escritor ha querido ahondar en temas de calado. La redención, la manera en la que los errores y deslices pueden dictaminar nuestra identidad y futuro, las dificultades de estar a la altura, el ego… Pero también hay algo de cómo los olvidados de un sistema pueden poner todo patas arriba si las condiciones siguen siendo nefastas.

Estas cuestiones no son exclusivas de The Magic Order dentro de su obra, pero lo cierto es que hay atisbos de una madurez inaudita. Deja ver algo de su alma, de las inquietudes verdaderas de este autor, más allá de la trama.

Pero lo cierto es que el artificio es igualmente esperanzador. Por primera vez, se deja ver esta historia como una guerra cruenta entre bandas criminales, con toda la violencia que ello supone. Es aquí donde se potencia más esta cuestión y se consigue generar interés gracias a ello.

Se han introducido personajes que, por claras que puedan ser sus motivaciones, se muestran como seres multifacéticos. Aquí se deja claro que en este mundo no hay héroes ni villanos, si no víctimas y agresores en distintos sentidos. Los personajes se mueven en entornos grises, como en toda historia criminal que busque causar un impacto.

Pero aquí se tiene el aliciente de la magia, que aporta frescura a lo que se está contando. No es algo nuevo y obras como Excellence también aborda lo mismo (aunque desde una perspectiva bastante diferente). Sin embargo, Millar consigue sacarle partido y hacer una combinación de elementos bastante estimulante.

Es difícil convencer a aquellos que, comprensiblemente, hayan desestimado a Millar. Pero lo cierto es que The Magic Order 2, por el motivo que sea, es diferente y rompe cualquier idea preconcebida que se pueda tener. Incluso si uno ha salido decepcionado del primer volumen.

Buena parte del éxito de la carrera de Millar ha recaído en saber rodearse de los mejores artistas que ha dado esta industria. Pero el hecho de que haya contado con un fuera de serie semijubilado como es Stuart Immonen quiere decir dos cosas: la primera es que este proyecto no es uno más. La segunda es que va a haber todo un prodigio narrativo.

Este dibujante es uno de los favoritos de múltiples compañeros de profesión. Además, es visto como todo un maestro. Y, si bien, este no es uno de sus mejores trabajos, sigue siendo una pieza ejemplar en todos los sentidos. Todas las virtudes que se le encuentran a su arte, están presentes: consigue imprimir un dinamismo espectacular y vibrante en todas y cada una de las viñetas, maneja un tempo y la tensión a las mil maravillas, consigue exprimir todos los recursos hasta dejarlos secos, las composiciones siempre van a favor de la narrativa, pero también sabe cómo narrar la historia de la manera más visualmente atractiva posible…

Tomar el relevo de Olivier Coipel es algo que pocos serían capaces de hacer. Pero Immonen ha conseguido hacer crecer y evolucionar este universo, subiendo el listón estético a un nivel impresionante.

El cómic ha contado con dos coloristas: Sunny Gho y David Curiel. La transición se realizó en el segundo número, con lo que no hay grandes cambios al respecto. Se ha optado por una paleta colorista y bastante continuista con el primer tomo. En cuanto al tema de la magia, se toman decisiones sorprendentes y es toda una ventana para construir algo nuevo y probar. Sin embargo, no es el punto fuerte de este cómic.

The Magic Order 2 es uno de los trabajos más inspirados de Millar en los últimos años. El escocés se ha convertido en un generador de contenido para Netflix con resultados muy irregulares, pero este es un proyecto más cuidado de lo habitual. Uno en el que parece que sí que tiene algo que contar y en el que ha dado un paso más.