‘Murder Falcon’, la carta de amor al heavy metal de Daniel Warren Johnson

ECC publica en España esta serie limitada que despliega bajo su ruda apariencia un sinfín de capas de lectura y proezas técnicas

Salvo contadas y honrosas excepciones, la relación histórica entre el heavy metal y los cómics se ha saldado con un resultado más bien decepcionante (tienes una detallada relación de títulos en este podcast de los amigos de Campamento Krypton), aunque sobre el papel debería haber sido más fructífera, teniendo en cuenta la cantidad de códigos compartidos entre ambos lenguajes. En demasiadas ocasiones las viñetas han replicado sin más las fantasías de poder impresas en las portadas emblemáticas del género, tan ensimismadas en su imaginario endogámico. La serie limitada Murder Falcon, publicada en el seno de Imagen entre marzo de 2017 y marzo de 2018 en ocho grapas, vino a demostrar que hay una forma inteligente de abordar el subgénero sin abandonarse al tópico. Esta rareza excepcional lleva la firma de Daniel Warren Johnson que, agotado por el tour de force emocional al que se expuso en Extremity, decidió embarcarse en un nuevo proyecto autoral más ligero, aunque sin renunciar al componente autobiográfico: Daniel es guitarrista desde los once años y, cuando sobrevienen tormentas emocionales o de cualquier tipo, toca su instrumento durante largas horas. No para que los problemas se solucionen, sino para equilibrar la balanza hacia el lado luminoso de la vida.

El punto de partida de Murder Falcon bebe de esta experiencia personal, que eleva a la categoría de odisea épica. Presenta a una deidad de una dimensión oscura, Magnun Khaos, que se ha alimentado de la crueldad humana durante siglos, utilizándola como combustible para crear unos monstruos, los Veldar, con los que pretende esclavizar a la humanidad. La única manera de combatirlos es apelando al poder de la música. Al tocar determinados instrumentos sagrados se invoca a espíritus guerreros que moran la dimensión conocida como Heavy, y que adoptan forma corpórea a su llegada a la Tierra. Es el caso del Murder Falcon del título, un halcón antropomorfizado e hipermusculado dotado de un brazo metálico que se lanza a combatir a los Veldar cada vez que escucha un riff de guitarra del protagonista de la función, Jake. Tras unas primeras páginas repletas de bravatas como “no necesito armas, ya que traigo el metal” o “el metal destruirá todo el mal”, alivia comprobar que Warren Johnson no se limita a quedarse en la epidermis del género, optando por captar su infinidad de matices y apelar a la devoción cuasi-religiosa que genera en sus seguidores. A través de una serie de flash-backs descubrimos que Jake atraviesa una depresión desde que dejó en la estacada a su banda Brooticus antes de un importante concierto tras un diagnóstico médico fatal, que también le llevó a alejarse de las personas que más amaba. Murder Falcon adopta a partir de aquí las formas narrativas del camino del héroe; el emprendido por Jake para redimirse y solucionar los errores del pasado, al tiempo que se reconcilia con sus compañeros de banda y les recluta para hacer frente a una amenaza cada vez más poderosa.

Como si jugase a componer un álbum que alterna baladas con momentos de puro power metal, Warren Johnson juega al contraste entre la belleza lírica y lúgubre de los recuerdos de Jake, en los que la ausencia de diálogos contribuye a reforzar la fuerza expresiva de los paneles- con la brutalidad de los combates contra las huestes de Magnum Khaos, en los que se propone subverti los límites bidimensionales de las páginas del cómic. Cuando entran en acción las bestias convocadas por los instrumentos de los miembros de Brooticus –convenientemente alejados del tópico machista y macarra que acompañó a parte del género durante años-, el autor acelera el trazo e imprime un ritmo frenético, en una composición de páginas que emula el pentagrama de una canción que combina acordes sencillos con otros mucho más complejos, que concentran una inusual cantidad de información visual en la viñeta, y cuyo impacto se asemeja al que proporciona la escucha de algunas de las técnicas más utilizadas en el metal, desde el doble bombo a la profusión de armónicos artificiales, que el autor refuerza con primeros planos de dedos recorriendo el mástil de una guitarra a hipervelocidad y poses genuinamente metaleras. Para incrementar la musicalidad de estas alucinantes viñetas y splash-pages, que certifican por si había dudas el magisterio artístico de Daniel Warren Johnson, encontramos un sinfín de onomatopeyas que remiten a las sonoridades propias de la guitarra, la batería o el bajo.

Warren Johnson se recrea en el punto absurdo y desfasado de la propuesta, y aprovecha para emular la dinámica y estética de los combates entre kaijus y ciertas licencias del manga de los años ochenta y noventa –por si había dudas, parte de la acción se desarrolla en Japón-, que llevan incluso a los personajes a anunciar sus técnicas como si se tratase de tácticas de combate: ¡¡Tap de riff pentatónico!! Acompañando a estas sinfonías de destrucción, y probando una inusitada facilidad para cambiar de registro, Warren Johnson frena el ritmo para introducir ejemplares intercambios de diálogo entre personajes que refuerzan el vínculo emocional con el lector; una tarea en la que se apoya en los colores de Mike Spicer, que apuesta por tonalidades pálidas en las escenas de flashbacks y las oníricas y colores primarios e intensos para las secuencias más belicosas.

En Murder falcon, Warren Jonson apela al poder terapéutico de la música, a su capacidad para sanar el alma y salvarte la vida. Aunque sus metáforas son extrapolables y universales, el cómic evidentemente presenta un componente extra de disfrute para todas aquellos melómanos que crecieron con los sonidos metaleros de los ochenta, al incluir continuos guiños a bandas como Judas Priest o Metallica (puedes escucharlas en la playlist de Spotify que encontrarás al final del artículo, o mostrar sentidos momentos de camaradería en los que los protagonistas se desfogan entonando  hits de speed metal como Sunlit nights de Racer X, amén de cameos del personajes emblemáticos del género, que no desvelaremos para no arruinar el disfrute, divertidos homenajes en las portadas alternativas y alusiones al black metal noruego. Para hacer la experiencia aún más intensa y tridimensional, Warren Johnson llegó a publicar en su momento una serie de canciones en Bandcamp a cargo del grupo ficticio Brooticus, que puedes escuchar pinchando en este enlace para acompañar la lectura y en las que que demuestra su pericia musical. 

– Cuando todo lo malo que podría pasar está eternamente presente, ¿qué más puedes hacer?

– Seguir luchando por la esperanza de algo mejor