Telémaco, la espectacular odisea jamás contada del hijo de Ulises

Dolmen Editorial trae el nuevo volumen de la obra franco-belga de Kenny Ruiz y de Kid Toussaint. Por ese motivo, toca repasar los dos primeros volúmenes.

Tocar la mitología griega es hablar de los principios fundacionales de las civilizaciones occidentales.  Seguramente ese sea el motivo por el que sus historias, autores y pensadores no solo han conseguido perdurar a lo largo de los siglos, si no que no han perdido un ápice de relevancia.

Eso lo demuestra como los creadores vuelven una y otra vez a poner en valor esas aportaciones, de una manera más iconoclasta o más reverencial. En cualquier caso, cualquier inspiración clásica demuestra que esto sigue siendo crucial para entender el mundo.

Pero pocos ejemplos han habido que abracen tanto un espíritu de diversión sin tapujos como el Telémaco de Kid Toussaint y de Kenny Ruiz. Una aproximación a estos mitos que, sin lugar a dudas, dejará con la boca abierta y con ganas de más a todo tipo de lector.

De todos son conocidas las narrativas La Ilíada y La Odísea de Homero. Pero estas han estado contadas desde un punto de vista de los batalladores de Troya, lógicamente. Ahora bien, ¿Qué pasa si tomas un punto de vista sorprendente? Telémaco, es el hijo de Ulises. Y lo que aquí se cuenta son sus propias peripecias (decide    llevar a cabo un viaje para encontrar a su progenitor) mientras su padre estaba embarcado en su eterno regreso al hogar, Ítaca.

Este es un pretexto para que los autores cuenten y desarrollen un personaje en los huecos que deja la narrativa hegemónica. Esa es una jugada bastante inteligente y que ha sido desarrollada con mucho cariño, tanto por el trabajo y la mitología griega, como hacia a los personajes. Y eso es más que evidente en todas las páginas.

En cierto modo, es una oda tanto a la ingenuidad de la niñez niñez (consigue, en verdad, que vuelvas a ver las cosas desde sus ojos, desarmando con facilidad cualquier capa de cinismo adulto) como a la aventura. Es un coming-an-age con un protagonista y ambiente inesperado y propicio para lanzar a todos los personajes a vivir experiencias transformadoras y espectaculares.

Son tiempos en los que el panteón de dioses y los monstruos jugaron un papel crucial en la vida de los griegos y eso consigue sacarle un verdadero provecho desde el guion. A pesar de que los diálogos son más contemporáneos y cercanos al habla actual (y lo cierto es que le da un punto), hay una clara aspiración de trasladar al lector a esa época, con todas sus organizaciones, sus proezas y sus peligros.

De todos modos, aun con todo lo expuesto, es formidable como se ha conseguido mantener un tono ligero en todo momento. Parece que no hay mucho que sea especialmente hondo, pero se atisba que hay una narrativa a largo plazo y, en la medida en que se desarrollen los arcos de los personajes, irá ganando en matices.

Es una obra que entretiene en todo momento gracias a un ritmo muy ágil y a una variedad de situaciones que hace imposible el aburrimiento. Y ese es el objetivo de un proyecto como este. Así que misión cumplida.

El arte de Kenny Ruiz, a priori debería chocar. No en vano, aunque hay otros ejemplos solventes, la mitología griega y el estilo manga no es que peguen demasiado. Pero se está hablando de uno de los mangakas españoles de referencia. Por si fuera poco, es de los pocos que han conseguido publicar en Japón y con personajes de Osamu Tezuka, ni más ni menos.

Aquí sorprende escogiendo composiciones arriesgadas (pero asequibles y sencillas) y con estéticas que beben tanto de occidente como de oriente. Es un trabajo más cercano que, claramente busca acceder a un target amplio. Aunque eso no quiere decir que sacrifique aquellos elementos que lo define.

El trazo es claro y limpio, y la influencia de autores japoneses (en cierta manera, salvando las distancias, recuerda al espíritu de descubrimiento aventurero del archicélebre Akira Toriyama, aunque sin su grandilocuencia constante), es muy visible y fácil de seguir. Destaca por ser capaz de lanzar diseños icónicos de todos los personajes y criaturas, siendo perfectamente coherente con las historias originales. Además de tener un nivel de detalle bastante interesante. Es alguien que se pone al servicio de la historia, pero consiguiendo imprimir mucha personalidad a todas las viñetas. Definitivamente, se trata del artista adecuado para esta historia, puesto que comprende y consigue trasladar de forma que resulte carismática.

Los colores de Noiry son una delicia en la medida que hace que las páginas ganen mucho. Opta por una paleta variada y rica, tomando siempre las decisiones adecuadas. El toque luminoso y colorista, encaja a la perfección con la mitificación de la antigua Grecia, así como con el punto de vista con el que se cuenta esta historia. Además, capta a la perfección las particularidades del artista para conseguir que el resultado final luzca lo mejor posible.

Los tomos de Dolmen Editorial (que traen la obra originalmente publicada por Dupuis), eso sí, no incluyen extras. Dada la calidad del arte, hubiese estado bien ver aspectos del proceso creativo de Kenny Ruiz.

Telémaco es toda una llamada a la aventura para todo tipo de público. Una con un poso delicioso tanto para los conocedores de la mitología como para nuevos. Todo un disfrute sin pretensiones que disfrutarán de los pequeños a los adultos. Y un ejemplo de cómo construir narrativas apasionantes y constructivas sobre los huecos que dejan esas grandes historias. Una pequeña joya.

Por último, cabe destacar que esta reseña corresponde a la lectura de los dos primeros volúmenes, aunque actualmente hay cuatro volúmenes publicados, a los que hincaremos el diente muy pronto.