Top 10 peores cómics de John Byrne

Sala de Peligro y el masoquismo se dan de la mano en esta clasificación de las peores obras de John Byrne

La esencia de la decadencia

La decadencia no se hace sola, hay que hacerla, y John Byrne la ha hecho con denuedo a lo largo de dos décadas en las que publicó, o, peor, le publicaron una serie de obras con una calidad más que cuestionable. Posiblemente sea uno de los casos de ocaso artístico más notorios y públicos que se han dado en la industria del cómic norteamericano. En la mayoría de los casos los guionistas y dibujantes tienen un periodo de éxito profesional que puede abarcar entre 10 y 20 años. El recorrido más usual (que no el único) es tal que así: tras foguearse en pequeñas editoriales y colecciones menores los autores pasan a las colecciones más punteras de Marvel y DC para luego ir diluyéndose en editoriales independientes o proyectos propios de mayor o menor éxito hasta, en muchas ocasiones, buscarse otros campos artísticos o dedicarse a realizar commisions casi en exclusiva. En el campo del guion suele ocurrir lo mismo. Ahí tenemos a Brian Bendis, que ha pasado de ser el guionista principal de Marvel a uno más en DC, estando ahora mismo más concentrado en sus proyectos en Dark Horse. Casi siempre se trata de una decadencia controlada y fuera de los focos mainstream, algo que no se dio en Byrne, que regó la Marvel y, sobre todo, la DC de los 90 y parte de los 2000, de lo peor de su producción. Aquello fue como ver un accidente en cámara lenta. La siguiente lista presenta las obras que jalonaron la decadencia de un John Byrne que fue lo más en los 70 y 80. No le hagáis mucho caso al orden, porque ¿quién es capaz de poner orden en el infierno?

10. Genesis (1997)

DC le encargó a Byrne su gran crossover de 1997, estructurado a partir de una miniserie de 4 números con dibujos de Ron Wagner y portadas de Alan Davis (lo único salvable) junto a 23 números más de las diversas colecciones. La historia va de una “Ola Divina” que en su primer paso a través del universo creó a los dioses, en la segunda a semidioses y metahumanos y en el tercero elimina o afecta los poderes de los héroes. No podían faltar Darkseid y sus ganas de controlar los poderes de la Ola. En definitiva, una Crisis de Hacendado que pretendía modificar el canon del Universo DC, que acabó con Darkseid siendo parte, otra vez, del Muro de la Fuente y que todo el mundo olvidó en cuanto se publicó.

9. Las fotonovelas de Star Trek (2014-2018)

Byrne es fan de Star Trek desde que vio la serie original siendo un adolescente y sus 4 Fantásticos deben mucho a este amor que luego ha fructificado en forma de fotonovelas para IDW con historias originales realizadas a partir de fotogramas de la serie original que photoshopea sin ningún tipo de vergüenza ni pericia. Hay que verlas para creerlas.

8. Babe (1995)

Babe fue una de las obras que Byrne realizó para Dark Horse dentro de su sello Legend, y no dejaba de ser un intento de retomar el éxito y el carisma de Sensational She-Hulk, sin conseguir ni uno ni otro, aunque lo intente desde la portada. Babe cuenta la historia de una despampanante supermujer amnésica que solo sabe decir “Babe” y que acaba resultando la amalgama de cinco mujeres distintas que sufren un incidente en un avión. No es ya que el guion no tenga ni pies ni cabeza, sino que artísticamente deja mucho que desear, con páginas que son cabezas parlantes flotando o en las que los personajes son siluetas negras. Como invitados aparecen el Abe Sapiens de Hellboy o el Musarañoide, es decir, el Hombre Topo de Monkey Man & O’Brien.

7. Doom Patrol vol 4 (2004-2006)

Byrne aprovechó su saga en JLA con Chris Claremont (eso existió, ver más abajo) para presentar su nueva versión de la Patrulla Condenada, que, para sorpresa de nadie, era la original de finales de los años 60 a los que añadió a unos personajes anodinos creados para la ocasión llamados Vortex, Nudge, Grunt y Faith y que nadie volvió a retomar tras los 18 números de esta aburrida serie. Byrne, como era de esperar, obvió y contradijo todo lo que pudo y más las anteriores versiones de la Patrulla, especialmente la de Grant Morrison, y sospechamos que intentó que todo lo anterior quedase como un sueño.

6. El Cuarto Mundo de Jack Kirby (1997-1998)

Todos sabemos que Byrne se ha autoproclamado único testaferro de las esencias kirbyanas y nunca lo ha demostrado más que en esta cabecera, que proclama ser la del Cuarto Mundo de Jack Kirby en la que Byrne escribe, dibuja, entinta y rotula todos y cada uno de los números, aunque, en su modestia, deja las portadas a Walt Simonson. A pesar de que se atisban indicios del Byrne gran dibujante, la serie no deja de ser un lío que no para de dar vueltas sobre las mitologías kirbyanas sin llegar a ningún sitio. La afrenta es que entre el 2000 y el 2002 el propio Simonson realizó una estupenda serie titulada Orion (a secas) que sí que consigue reverdecer el mundo y los personajes de Kirby. Byrne dibujó un número, por cierto.

5. JLA 94-99 (2004)

DC consiguió lo impensable cuando reunió a Chris Claremont y John Byrne 24 años después de La Patrulla X para una saga de seis números en los que la JLA se enfrentaba a un cónclave de vampiros. Servidor odia aquello de “cualquier tiempo pasado fue mejor” porque es mentira… casi siempre. El guion, realizado a medias, y el dibujo, entintando por un tampoco demasiado inspirado Jerry Ordway, son terribles, destacando el uso abusivo del picado en la composición de las viñetas algo que, según me explicó Carlos Pacheco, es la mejor manera de evitarse dibujar fondos, ya que basta con dibujar suelos.

4. Superman True Brit (2004)

¿Qué mejor idea que añadir un dibujante británico a la parodia de Superman realizada por el mítico John Cleese de los Monty Python, junto al escritor y biógrafo del grupo de humoristas, Kim Johnson? Esa es la única explicación que se nos ocurre a la inclusión de Byrne en este mejunje sin gracia del que sospechamos que la intervención de Cleese consistió en tomar un té con Johnson, que incide en tópicos ingleses que ya estaban viejos en los 60 y adelantados por la izquierda por series como la contemporánea Little Britain, y en el que Byrne hace gala del desprecio por la anatomía y las proporciones que llevaban unos años siendo su marca de identidad. Y mira que me duele, que nada hay que me guste más que una buena parodia. Sobre todo si es intencionada.

3. Wonder Woman (1995-1998)

En su segunda etapa en DC un Byrne aún seguro de su talento para dar nuevo lustre a personajes clásicos tuvo en sus manos la serie de Wonder Woman de la que realizó los números 101 a 136 tras el final de la apreciable etapa de William Messner-Loeb y Mike Deodato Jr. Sin embargo, que la primera saga la protagonizaran los personajes del Cuarto Mundo y que la villana de la segunda saga fuese la Morgana enemiga de Demon nos hace sospechar que él lo que quería era meterles mano a los personajes de Kirby, cosa que, ya hemos visto, consiguió unos años después, y usar a la Princesa Diana era una excusa para contar historias que no tenían mucho que ver con ella. Suya fue también la idea de bombero de hacer que Hipólita, la madre de Diana, tomase el lugar de su hija como Wonder Woman, tanto en el pasado como miembro de la JSA como en el presente, creando aún más caos de continuidad en la complicada historia DC post Crisis. Mención especial merece la diadema de Wonder Woman, que insinúa una frente kilométrica y que nunca tuvo el pelo peor dibujado. Al menos esta etapa nos dio al personaje de Cassie Sandsmark, la nueva Wonder Girl, que es creación de Byrne.

2. Patrulla X: los años perdidos (1999-2001)

Un poco de contexto editorial: la serie original de la Patrulla-X fue cancelada en el número 66 a pesar los ímprobos esfuerzos de Roy Thomas y Neal Adams y hasta el numero 93 la colección continuó mediante reimpresiones del material original, presentando a partir del 94 la nueva versión Segunda Génesis de Wein, Claremont y Cockrum. En ese intermedio los personajes iban saliendo en distintas colecciones, pero sus aventuras como grupo no aparecían en ningún sitio, algo que Byrne decidió remediar con esta colección de los “años perdidos” cuyo plan era publicar los 28 números “desaparecidos” en los años 70. Como ya hemos visto, y veremos, el final de siglo de Byrne tenía como leit motif la recuperación de los cómics de su adolescencia implicando lo poco conectado que estaba con lo que se publicaba en aquellos últimos 90. El resultado en este caso fue nefasto, con un montón de aventuras aburridas y, peor, para alguien que quería presentarse como guardián de las esencias, haciendo burradas como poner a la Patrulla original a interactuar con una Tormenta adolescente, cargándose la continuidad del personaje. Aunque Byrne presumía de tener ideas para 100 números que enlazarían con la Segunda Génesis mutante, la revolución de Jemas y Quesada dejó la colección en 21 números para cabreo de un Byrne que nunca más volvió a colaborar con Marvel,… para alegría de Quesada.

1.Spiderman: Capítulo Uno (1998)

Tan perdido estaba Spiderman tras el despropósito de la Saga del Clon que Bob Harras decidió que hacía falta un nuevo y fresco inicio del personaje recontando sus orígenes y acercándolo al lector de finales de siglo. La cuestión es que Spiderman no tenía ningún problema con su origen, uno de los más perfectos en la historia del género, ni los lectores tenían la más mínima queja respecto a lo antiguo que podían haberse quedado los detalles de su origen porque la esencia del mismo es universal y atemporal. Sin embargo, Harras pensaba lo contrario y decidió encargárselo al supuesto “experto en esencias”, que sí, que lo fue en los 80, pero aquello era otra época y el nuevo siglo pedía otras cosas. Byrne se dedicó a contar el origen de Spiderman como si hubiese pasado en los 80 y, donde sus tíos le regalaban un microscopio, en esta versión le regalaban un ordenador personal. Este detalle ejemplifica lo que estaba mal en esta versión, el hecho de incluir detalles tan coyunturales que diez años después ya estarían otra vez desactualizados y que, en este ejemplo, sustituían por un anodino ordenador un microscopio que sí dice mucho del carácter científico de Peter.

Byrne se quedaba en los detalles superficiales y obviaba la esencia. Si a eso unimos unos horribles rediseños de personajes y un dibujo en el que las proporciones dejaban muchísimo que desear, donde el Duende Verde parece un Funko (Íñigo Rodríguez dixit), esta obra merece estar en lo más hondo de la producción de John Byrne. Dos detalles: Byrne unió fuerzas con Howard Mackie (otro que tal baila) en una nueva serie del trepamuros que seguía la estela infame de esta maxiserie de 13 números y de la que realizó 18 números. Para más inri, el año 2000 fue el año de Ultimate Spiderman, donde Bendis y Bagley cumplían con nota donde Byrne se había estrellado miserablemente, presentar a un Spiderman remozado para el siglo XXI.

¿Se puede separar la obra del artista? Se puede. ¿Se puede separar la obra de un artista en buena y mala obra? Ya lo creo que se puede. ¿Se puede amar a un artista por su buena obra sintiendo penica por la mala? No solo se puede, sino que se debe, y eso es lo que hemos hecho en los dos artículos que hemos dedicado a la obra de John Byrne, el primero de los cuales podéis encontrar aquí